10/28/2011 | No hay comentarios

Había un ambiente muy positivo en el Grand Palais de Paris el pasado 20 de octubre, el día que abrió sus puertas la 38 Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC). Tal vez ello fuese debido al sol que inundaba con su luz la vidriera o tal vez a la gran cantidad y calidad de las obras de arte moderno y contemporáneo expuestas.

Sea lo que sea, parece que ello conllevó muchas ventas de primera hora en esta FIAC 2011, entre las cuales algunas de caras como dos pinturas de Nicolas de Staël; una colección de peces de Damien Hirst; o una escultura azul-blanco-rojo (los colores de la bandera francesa) de Dan Flavin que fue creada en 1989 en ocasión del 200 aniversario de la revolución francesa.

La FIAC, que se abre cada año justo después de la Frieze de Londres, ha presentado siempre una mezcla de contemporáneo moderno y de moderno clásico, con una presencia predominante del último moderno (o del contemporáneo menos nuevo). Esta año, por ejemplo, en el catálogo podíamos encontrar 11 obras de Richard Prince, 12 de Andy Warhol y 12 de Donald Judd. No demasiado contemporáneo, vaya…

A pasar de la presencia de grandes galerías internacionales, de una toma mínima de riesgo y de los altos precios, la FIAC atrae también a un público joven, y a artistas jóvenes que este año, por primera vez, podían exponer en los pisos superiores del Grand Palais sin tener que ir a buscarlos en otros espacios off.

Al cabo de los 5 días de obertura, 68000 personas habíamos visitado la FIAC, lo que representa un aumento del 6% en relación al año pasado, según los organizadores.

La FIAC, que volvió al Grand Palais en 2006, viene de situarse de nuevo entre las primeras ferias internacionales de arte (sólo superada por Basilea). Aunque la FIAC comenzó su andadura antes que la Frieze de Londres, ésta con su posicionamiento sobre la ultra-modernidad había captado más la atención en las ediciones precedentes. Pero la Frieze prevé ahora un espacio para los artistas consagrados de cara a la edición del año próximo, exponiendo más obras modernas que contemporáneas. Ello la hará más próxima de la FIAC, que hoy por hoy tiene más éxito. Ello refleja también una tendencia al abandono de los cauces más arriesgados del arte más rabiosamente contemporáneo, puesto que los coleccionistas e inversores se sienten más atraídos por valores artísticos más seguros y más reconocidos.

Jennifer Flay, directora de la FIAC desde 2004, considera que la combinación de lo antiguo y lo nuevo en el campo del arte contemporáneo, ha constituido el núcleo de la identidad de la FIAC. “Es muy importante en una ciudad como París el mantener la presencia del pasado”, ha explicado ella al “The New York Times”.

Este año ha habido menos galerías (se ha pasado de 194 a 168), porque se ha perdido el espacio sulementario que se organizaba en la Cour Carrée del Louvre, que está en obras.

Aunque la proporción de galerías francesas está en ligero descenso (el 32%), aún el 77% de galerías son europeas, como lo son asímismo la mayoría de los coleccionistas que la frecuentan. Ello tal vez pueda explicar la buena resistencia de las ventas en la FIAC estos últimos años, comparado con las mega-ferias de arte más estrechamente ligadas al mundo financiero. “Hay muchos médicos, abogados, gente de la moda, propietarios de cadenas de supermercados, gente del mundo del lujo”, dice Jennifer Flay. “Es un público más amplio, y quizá por ello no nos han alcanzado golpes tan duros como a otros”.


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10/21/2011 | No hay comentarios

¿Quién no habría querido, como lo imagina Woody Alen en su película “Midnight in Paris”, estar en la capital francesa a principios de los años 20, en el salón animado y cubierto con pinturas bárbaras de Gertrude Stein, en la Rue de Fleurus? ¿Y quién no habría querido asistir , en presencia de Ernest Hemingway o de F. Scott Fitzgerald, a unas puyas entre el coloso americano y su protegido español, un Picasso con pinta de torero que estaba matando la figuración?

Convertidos en amigos íntimos en 1905, Gertrude Stein i Pablo Picasso se ayudaron mútuamente en una época en la que se temía encontrar al pintor colgado detrás de sus “Demoiselles d’Avignon” y en la que la escritora elaboraba su estilo oscuro, oral y repetitivo. Es el famoso retrato de Gertrude, realizado en el sufrimiento y al precio de muy numerosas sesiones de posado (80 según la modelo), lo que reforzó sus lazos. Seducido por la virilidad hierática de Gertrude, Pablo sudó tinta durante todo el invierno para pintar la cara, para acabar borrándola en la primavera de 1906. En otoño la transformó en una máscara esquemática, con la frente abombada y unos ojos muertos, la primera efigie arcaica de su período negro.

Tras este retrato en diosa madre de la inteligencia, Gertrude Stein multiplicó las compras de obras de Picasso. Y eso fue demasiado para su hermano Leo, quien fue el primer coleccionista del pintor andaluz, pero que rechazó de plano el cubismo de Picasso así como la escritura hermética de su hermana. Se fue del apartamento de la rue de Fleurus en 1913.

En casa de los Stein, son los hombres quienes compran, pero son las mujeres las que coleccionan. La misma situación se reproduce en la pareja Michael-Sarah Stein, pero en este caso en relación a Matisse. Michael era el primogénito y quien gestionaba los negocios familiares, lo que permitía a sus hermanos vivir de renta. Tras el escándalo del Salón de otoño de 1905, Michael fue el primero -justo después que su hermano Leo- en comprar la obra de un gran fovista: el espectacular “Madame Matisse à la raie verte”. Pero fue su esposa Sarah quien elevó el arte de Matisse a una verdadera religión. Estableció en su apartamento de la rue Madame un salón en el que “explicaba” todos los sábados el pintor a sus visitantes. En reconocimiento, Matisse hizo el retrato de su protectora y amiga, en forma de icono.

Sin esta superioridad de juicio de las mujeres Stein, no puede dudarse que la cara del arte moderno habría sido distinta. Gracias a la clarividencia de estos americanos excéntricos, y tal como Gertrude Stein decía “Paris ha sido e lugar dónde estaba el siglo XX”.


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10/14/2011 | 2 comentarios

Debo empezar por afirmar, para que no haya ningún tipo de duda al respecto, que me gusta el arte, las artes plásticas en particular, y que me gusta el arte contemporáneo, de ello pueden encontrarse pruebas palpables en la Colección.

Evidentemente podría decir que me gusta el buen arte contemporáneo, pero en este caso el grado de excelencia es una cuestión de percepción particular, porque no está establecida una graduación de la belleza que pueda ser aplicada globalmente, pero sí que existen la vibración personal y las opiniones compartidas.

Basándome, pues, en mi percepción personal, y en la valoración colectiva expresada in situ o publicada, me atrevo a decir que la “instalación” de Hans-Peter Feldmann, que actualmente puede visitarse en el Guggenheim Museum de Nueva York, es una tomadura de pelo.

Pero quién es Hans-Peter Feldmann? Feldmann es un artista visual alemán (1941-) ampliamente reconocido como figura destacada del arte conceptual y que trabajo en el dominio de los libros de artista y en muchos otros formatos. En 2010 ha sido galardonado como vencedor de la 8 bienal “Hugo Boss Prize”, lo que le da derecho a presentar una exposición en el Guggenheim de Nueva York, que ha sido efectivamente programada entre mayo y noviembre de 2011.

Y qué ha preparado como exposición? Pues bien, ha tapizado unas paredes del Museo con billetes de 1 dólar, exactamente ha puesto 100.000 billetes uno al lado del otro y ha decidido utilizar de este modo la dotación del Premio. La exposición ocupa 9 muros del Museo, es decir, una longitud total de 45 metros por 5 metros de altura. Dicho de otro modo, 100.000 billetes (espero que de curso legal, porque no te dejan aproximarte ni tocar la “obra”) ocupan una superficie de 225m².

Podría convenir en que se trata de una obra artesanal exitosa o de una acción de bricolaje singular, pero considerarlo una obra de arte me parece excesivo. Como diría Michel Polac (en “Hors de soi”) “crear para vivir o vivir para crear: he aquí la diferencia entre el artesano y el artista”. En este caso concreto, me parece que Feldmann ha creado para vivir, sólo para vivir. Es una lástima!


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