11/25/2011 | No hay comentarios

Cuando, a principios del siglo XX, los hermanos Stein se instalaron en Paris, se convirtieron en mecenas y fueron los primeros compradores de Picasso y Matisse. ¿Este espíritu de vanguardia y la connivencia intelectual con los artistas existen aún hoy entre los amantes del arte? ¿Cómo se concretaría hoy una visión parecida a la de los Stein? A mi parecer, debería tener como principios: el deseo de vivir plenamente su época, una gran proximidad con los artistas, intercambios múltiples con ellos sobre sus obras y la historia del arte, y un acompañamiento y un apoyo a largo plazo. Un apoyo que, en el caso de algunos coleccionistas, pasa por el encargo, el préstamo y la exposición.

Pero los tiempos han cambiado mucho desde los Stein: el campo de intervención de los Stein estaba limitado a Paris, capital entonces indiscutible del arte. La noción de unidad de lugar era evidente. Hoy en día, es necesario circular: ir de ferias en bienales, de galerias en subastas, y sólo para poder ver una pequeña fracción de la creación artística. Y además nos encontramos con una realidad nueva, y es que el mercado del arte se ha apoderado del espíritu de algunos compradores, hasta el punto de hacer palidecer la imagen misma del coleccionista.

Lo que seguro que ha cambiado en la historia reciente es la consideración de una colección como brazo armado para obtener el reconocimiento social o, aún peor, la consideración de una colección como medio de especulación. Este tipo de coleccionista, según mi criterio, desnaturaliza el que podría ser su papel en la gran marcha hacia adelante que constituye la historia del arte, el papel de un humanista.

Pero a pesar de algunos efectos perversos del mercado, el coleccionista continua siendo un descubridor que intuye los talentos casi siempre antes que una institución, e incluso antes, que algunos galeristas. Este coleccionista contribuye a hacer emerger los talentos de su anonimato y les permite vivir de sus creaciones. Debe jugar un papel de defensor y de amplificador.

Además, puede observarse que si el coleccionista se convierte en mecenas, puede intervenir a todos los niveles: producción, edición de catálogos, abrir redes y contactos, puede ayudar a encontrar una galería…hay miles de posibles formas de ayudar, de ayudar a la evolución de un artista.

Aunque el contexto haya evolucionado, creo que el papel de los coleccionistas continua siendo básico en la cadena artística. Como dijo, a mi entender justamente, el coleccionista Michel Poitevin, “no hay mercado sin consumidores y no hay creación sin acto de compra”. ¿Se tenderá a respetar el papel y lugar de los coleccionistas? ¿O se reservará este papel exclusivamente para los mecenas/compradores institucionales?


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11/18/2011 | No hay comentarios

Desde hace una década, la prestigiosa revista británica “Art Review” elabora una lista de las 100 personalidades más influentes del arte. El ranking de 2011 lo lidera un artista mediático que, a la par, es todo un fenómeno en internet: Ai Weiwei (Pekin, 1957). Desde el año 2005, el primero de la lista no era un artista (en aquella ocasión, la máxima puntuación la obtuvo Damien Hirst, quién actualmente ocupa el lugar 64…).

Ai Weiwei, termita incansable del gobierno chino, hace tiempo que se dedica en cuerpo y alma a presentar las miserias de éste. Esta año, podría decirse que ha sido el objetivo de las autoridades de Pekin: primero le enderrocaron su estudio y luego le detuvieron. Ai Weiwei estuvo tres meses en paradero desconocido y, una vez libre, no ha parado de denunciar, via Twiter, casos de tortura en las cárceles chinas.

El artista chino ha sido ciertamente un personaje clave de la escena artística este año, hasta el punto que ha dejado en segundo lugar en el ranking a los codirectores de la londoniense Serpentine Gallery: Hans Ulrich Obrist y Julia Peyton-Jones. El, especialmente, es un nombre imprescindible en el universo intelectual del arte actual, un curator de peso.

En tercer lugar, emerge el director del MoMA, Glenn D. Lowry, un hombre respetado (e imitado) por casi todo el mundo. Lowry gestiona, desde 1995, uno de los museos más importantes del mundo. ¿Méritos? Muchos, pero uno de muy importante: haber conseguido que la media de edad de los visitantes del museo sea de 40 años.

Al galerista Larry Gagosian tal vez no le haya gustado mucho perder el trono (en 2010 fue él quién recibió la mayor puntuación en la famosa lista), pero su actual cuarto puesto sigue dejando bien claro quien manda en el mundo del arte. Gagosian es el marchante más fuerte y venerado del mundo. Cualquier dedo que mueva ejerce un embrujo brutal entre las grandes colecciones. Gagosian controla una importante cadena de galerias (una decena, en Nueva York, París, Londres, Hong Kong, Roma…La primera la abrió en 1979 en Los Angeles), y controla, entre otros, los valiosos legados de Warhol, Lichtenstein y rauschenberg. Ah, y también representa a Ai Weiwei.

Otros que ocupan una posición muy preeminente en el mundo del arte son los artistas de la agencia de comunicación E-flux. Han escalado 11 puestos desde el año pasado, y ahora se situan en quinta posición. Anton Vidokle es el fundador de esta plataforma de difusión internacional de información sobre las artes visuales contemporáneas via internet. Aunque E-flux también promueve muchos otros proyectos y acontecimientos lo que les ha permitido tejer una potente red de complicidades con decenas de miles de seguidores. E-flux viene a ser como una biblia para los profesionales del arte. Vidokle tiene dos colaboraddores fieles, que también le acompañan en la lista: Julieta Aranda y Brian Kuan Wood.

En sexto lugar, otro poderoso del mundo de los museos: Sir Nicholas Serota, el director del grupo británico de museos Tate, cargo que ocupa desde 1988. Artífice de su gran expansión (física, conceptual y económica), Serota es un fiera en la organización de grandes exposiciones.

Otro gigante, que ocupa el séptimo lugar, es la artista norteamericana Cindy Sherman (1954), una referencia difícil de clasificar, pero ineludible para un montón de generaciones de creadores simpatizantes de la dimensión conceotual de la fotografía. Este invierno, el MoMA presentará la mayor exposición antológica de toda su carrera. La obra de Sherman evoca e invoca muchos de los males identitarios de la sociedad contemporánea.

Y en el octavo y noveno, hay otros dos galeristas, que el año pasado ocupaban, respectivamente, el tercer y cuarto puestos. El suizo Iwan Wirth (de la galería Hauser & Wirth), que empezó vendiendo dibujos de Le Corbusier y grabados de Miró, y que ha ido subiendo peldaños en el stablishment del arte gracias a su olfato empresarial. Dispone de espacios en Zurich, Londres y Nueva York. Por su parte, el galerista David Zwirner tiene diversos espacios en Nueva York, aunque él es alemán.

En décimo lugar, la comisaria alemana Beatrix Ruf, directora de la Kunsthalle de Zurich, confirma todavía más lo que es una evidencia en el mundo del arte, y desde hace tiempo: los más poderosos proceden de la órbita anglosajona y germánica. Ahora, con el permiso de Ai Weiwei.


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11/11/2011 | No hay comentarios

Facilitar el acceso a la belleza, a las colecciones, a los saberes, a los libros, a los museos, al patrimonio inmaterial…no es, a mi juicio, ni una misión, ni un sacerdocio ni una performance. La cultura ya no es esa misteriosa y remota región descrita en el “Petit Prince” de Saint-Exupéry reservada sólo a algunos iniciados, sino un conjunto de servicios que se ofrecen a una población cuyo nivel de instrucción ha mejorado y aumentado considerablemente y que está además vinculada a un mundo digitalizado e interconectado.

La cultura presenta hoy un deseo mucho menor de ser democratizada, y los poderes públicos ya no son los únicos en promoverla y proveerla. La cultura hoy está al alcance de un clic. Nuevos socios y nuevos decisores han tomado el poder: las colectividades locales, el mecenazgo,…, de modo que el papel de las industrias y de las sociedades es cada vez mayor. No es un hecho completamente nuevo: de Gutenberg a Disney, los industriales y las sociedades económicas ya contaban en el mundo de la cultura. Ahora mandan (si bien es cierto que en unos países más que en otros). La escala ha cambiado: hemos pasado del gabinete de curiosidades a los portales en Internet.

La misma palabra cultura ha envejecido. Está enferma de arcaismos, de ambigüedades, de contrasentidos, de buenismo…¿no ha acabado sirviendo de excusa para lo mejor y para lo peor? Eppur si muove…

Constatemos, pues, de forma clara que la cultura se transforma en una emancipación y en un mundo en extensión, en el que lo público debe reencontrar su lugar, contar y reunir sus fortalezas y precisar sus misiones. Pero un mundo en el que los ciudadanos, la gente, tendrá la última palabra y dónde ejercerá su voluntad en el día a día, sin miedo al vocablo.

Porque es necesario recordar que ninguna aventura espiritual ni intelectual se acaba nunca; que ningún juego de cuerpos, que ninguna construcción de palabras, ningún color ni ningún texto tienen prohibido el misterio, el disfrute, el espectáculo y la esperanza.

La cultura existe porque es un duro combate entre lo eterno y lo efímero, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto.


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