05/18/2012 | No hay comentarios

Para tener el privilegio de tener una retrospectiva en el Centre Pompidou de París cuando se es una mujer artista, es necesario esperar 94 años como Aurélie Nemours, una de las grandes figuras del geometrismo abstracto de después de la guerra, quien la tuvo en 2004.

Hay algunas excepciones a este malthusianismo artístico que se ejerce sobre las mujeres. Por ejemplo, el de Sophie Calle cuya puesta en escena impúdica de sí misma liga bien con nuestra época de hipernarcisismos. O como la de Annette Messager quien tuvo el privilegio de representar a Francia en la Bienal de Venecia del 2005. Pero no dejan de ser excepciones más bien raras. Porque para quien visita un gran museo de arte contemporáneo la historia del arte parece escribirse en masculino.

Y sin embargo las mujeres, cuando menos después del fin de la segunda guerra mundial en que han sido más numerosas a cambiar su papel de musas o de modelos por el de creadoras, han contribuido a enriquecer la escena del arte diversificando las prácticas. Algunas de entre ellas han sido incluso más audaces que los propios hombres.

La ausencia de reconocimiento institucional las ha incitado a tomar riesgos: a explorar nuevas modalidades de expresión, a intentar la aventura con nuevas herramientas mediáticas, a imaginar otras proposiciones formales, a aumentar la diversidad de los temas, a mover las fronteras entre los géneros, las corrientes, las tendencias…Más individualistas por necesidad, han acabado siendo más inventivas y a menudo más valientes en lo referente al compromiso con su trabajo.

Esta fuerza, esta riqueza, esta vitalidad, no ha escapado a los responsables de las adquisiciones en los centros de arte contemporáneo estos últimos 30 años. Valga como ejemplo la lista de obras compradas por el Centre Pompidou en este lapso de tiempo. Todas las mujeres artistas cuya producción ha captado la atención de los críticos, de los comisarios de exposiciones, de los responsables de las grandes manifestaciones artísticas, figuran en esa lista. Pero si ésta se observa con mayor atención, puede percibirse que este impresionante catálogo es mentiroso porque, en relación a la totalidad de las colecciones, las obras producidas por mujeres no representan más que el 18%, y, además, uno descubre que, en general, estas obras están poco expuestas, y duermen en las reservas del museo.

Desde finales de los años 60 del siglo XX, en Estados Unidos, el movimiento “Women Artists in Revolution” hizo figurar entre sus numerosas reivindicaciones la premisa de que los museos debían estimular las mujeres artistas a superar siglos de ostracismo mediante una política expositiva basada en la paridad, tanto en lo que se refiere a las exposiciones, como a las compras públicas como en la composición de los comités de selección. Este proyecto político contra la discriminación de que eran víctimas las mujeres artistas quería permitir el paso de la invisibilidad a la visibilidad. 50 años después, es justo reconocer que su combate tiene razones para continuar.

Es cierto que el contexto no es, ni de lejos, el mismo y que tal vez no se necesiten gestos tan audaces como demandaba el militantismo feminista de los años 60, pero también es cierto que hay todavía mucha lucha por delante y muchos márgenes para mejorar. Contra la desvalorización como norma en tiempos pasados, se trata de reconocer las obras de las mujeres artistas en su justo valor. Contra el silencio clamoroso que marca su lugar en la historia, se trata de evidenciar el papel eminente que ha sido el suyo. Contra la idea de querer hacer creer que existe una práctica del arte y una estética propia de las mujeres, que se manifestarían en arquetipos formales y estéticos, debería contraponerse la realidad de que las mujeres artistas han utilizado todo tipo de materiales, de técnicas, de temas…Pongamos en marcha un proyecto de justicia histórica y sociológica.

Ahora bien, no caigamos tampoco en el revisionismo. Éste consistiría en contar otra historia del arte, una historia en femenino, que no sería ni más justa ni más legítima que la otra. Porque, en definitiva, es a la misma historia del arte a la que han contribuido los artistas hombres y las artistas mujeres, y esto sería una gran victoria del conocimiento sobre los prejuicios.


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01/06/2012 | No hay comentarios

En el marco de la burbuja cultural que se ha vivido en nuestro país, ejemplificada en una multitud de infraestructuras que no se sabe muy bien para qué sirven, qué planes de acción o de viabilidad tienen o cómo se financiaran, los museos de arte contemporáneo ocupan una posición muy destacada. Hay muchos; a menudo son pequeños; algunos están situados en envoltorios magníficos, rutilantes, pero vacíos por dentro; y la mayoría no tienen muy claro cómo encarar el futuro unja vez pasada la euforia constructora e inauguradora. El cava va perdiendo la espuma, se ha calentado de tanto tener la copa entre las manos y las burbujas están a punto de desaparecer: la alegría contagiosa se ha desbrevado.

Con o sin burbuja, tal vez sería interesante preguntarnos sobre si la unión de los vocablos museo y arte contemporáneo no es una contradicción per se, si no supone una contradicción en los términos.

El arte del momento, el arte contemporáneo, está basado en la confrontación con la originalidad, y debemos convenir que todo aquello que es contemporáneo no es necesariamente original. Hay mucha repetición y adaptación pero poca ruptura o innovación. Goya o Picasso fueron originales, pero no podemos decir que muchos otros artistas lo fuesen o lo sean…Algunos artistas jóvenes se consideran originales en lo que respecta a su creación pero en realidad no lo son: y no lo son porque son carentes de bases de conocimiento, porque si hubiesen estudiado o apreciado mejor el trabajo de sus predecesores sabrían sobre qué o en qué aportan un plus, o admitirlo si no es el caso. El desconocimiento, la ignorancia voluntaria o, simplemente, la no confrontación, la pereza intelectual, inducen a que alguien se considere original cuando no lo es.

En esta línea debe constatarse el valor precario del arte contemporáneo, porque sencillamente hay un tema de falta de perspectiva. Además, hay en algunos casos una “espectacularización” muy considerable, un show que es apoyado por algunos medios de comunicación y por algunos críticos de arte, que son solicitados para amplificar el espectáculo. Con el problema añadido de que, en algunos casos, la comunicación pasa, o sólo pasa, por los precios record y por los acontecimientos llamativos y rutilantes. Y aquí aún sería necesario añadir las connivencias reales entre artistas-galeristas-casas de subastas-medias-críticos de arte-museos-grandes coleccionistas que organizan una especie de totum revolutum para cebar los precios y los mercados. Otra burbuja.

En materia de arte, también, hay fenómenos de especulación, de creación artificial de precios, de connivencias público-privado, de combinaciones… ¿a alguien le suenan estos conceptos en otras áreas de actividad? ¿Ante esta situación, es válido el modelo de museos de arte contemporáneo (donde más de un coleccionista, público o privado, va a pillarse los dedos y el dinero porque sólo estamos hablando de hipotéticos valores de futuro) o se hace necesario hablar de centros de arte contemporáneo destinados a la presentación de obras de artistas vivos? ¿Qué haremos en 20 años de algunas obras, instalaciones, etc., que resultarán no ser originales y que ya no serán contemporáneas? ¿Cómo, cuanto, quién y cuándo se habrán gastado, también en este sentido, el dinero público? ¿Deben subvencionarse infraestructuras, sólo para que continúen abiertas, o debe fomentarse el mercado real de los artistas? ¿Un museo de arte contemporáneo será una especie de baile permanente? ¿El concepto de museo no implica el establecimiento de un determinado canon formado por el paso del tiempo y el afinamiento de las percepciones? ¿Y si, por lo menos, dedicáramos un tiempo a reflexionar sobre ello?


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09/16/2011 | 2 comentarios

Y aquí llega la tercera serie sobre las mejores exposiciones de arte del otoño en todo el globo. Esta vez le toca el turno a las exposiciones enmarcadas en el arte contemporáneo. Como tal entiendo las exposiciones que tienen como protagonistas a artistas vivos.

Con esta entrega se acaba el ciclo de las mejores exposiciones de arte en Paris y en el resto del mundo para este otoño, tanto por lo que se refiere a la tradición clásica como por lo que atañe al arte moderno y al contemporáneo.

El blog de la Colección se continuará publicando con frecuencia semanal y a principios de diciembre reiniciaremos este ciclo con las mejores exposiciones de arte del próximo invierno.

¡Buenas y felices visitas!

El arte contemporáneo:
-“Elogio del Dubbio / Eloge du doute”. Punta della Dogana. Venezia. 10.04.11-31.12.12.
-“54 Biennale”. Venezia. 04.06-27.11.11.
-“Riera i Aragó: le rêve du navigateur”. Musée d’art moderne de Céret. 18.06-06.11.11.
-“11è. Biennale de Lyon: une terrible neauté est née”. Lyon. 15.09-30.11.11.
-“Biennale d’Art contemporani d’Istanbul”. 17.09-13.11.11.
-“Gerhard Richter – Panorama”. Tate Modern. London. 06.10.11-08.01.12.
-“Tacita Dean”. Tate Modern. London. 11.10.11-09.04.12.
-“Maurizio Cattelan”. Guggenheim Museum. New York. 04.11.11-22.01.12.


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