02/10/2012 | No hay comentarios

En un artículo publicado en este blog el pasado 25 de noviembre y titulado “El papel del coleccionista”, citaba una frase de Michel Poitevin, quien decía que “no hay mercado sin consumidores y no hay creación sin acto de compra”.

He dado muchas vueltas a esta frase para intentar captar todos los matices y os presento ahora las conclusiones a las que he llegado.

En el conjunto de Europa, pero de forma más visible y dramática en los países del sur del continente, hemos vivido, vivimos y viviremos una crisis, que empezó siendo financiera, pero que ha acabado siendo económica, laboral, social y de modelo.

Esta crisis -que presenta como epifenómenos la explosión de las deudas, los déficits, la subida de los impuestos, la restricción del crédito, la congelación de las inversiones y el debilitamiento de aquello que habíamos convenido en denominar como ‘el estado del bienestar’-, se ha llevado por delante a mucha gente, muchos modelos, muchas pautas y muchas ilusiones.

Como consecuencia de la crisis, de las crisis, mucha gente se ha quedado sin trabajo, muchos otros han visto reducidos sus ingresos, muchos jóvenes han perdido sus esperanzas y hemos visto reaparecer las estrecheces y la miseria. Miseria material y miseria humana.

En este marasmo quienes más han recibido y continúan recibiendo son las clases medias, las estructuras unipersonales o pequeñas, los profesionales ilustrados y los pequeños ahorradores. Unas administraciones públicas y unos mercados que piden cada vez más y más y que pueden ofrecer cada vez menos y menos, están a punto de triturar a aquéllos que no son, aún, suficientemente pobres para vivir subsidiados ni suficientemente ricos para tener acceso a los mecanismos de opacidad fiscal.

Estos colectivos, ahora seriamente dañados, eran parte sustancial del mercado del arte. Conformaban el cojín que permitía a la cadena artista-galerista-enmarcadores…de seguir existiendo. Hay muy pocos galeristas que puedan vivir de los coleccionistas que tienen grandes fortunas, y en cambio hay muchos que existían y existen porque hay un mercado de gente ilustrada, amante del arte, que podía o que puede adquirir obras a precios razonables.

Todo ello se ha trastocado. La crisis ha adelgazado el mercado del arte, en términos de número de transacciones y de cifra de negocio, y esta depauperación puede ser letal para el binomio artista-galerista y para la continuidad de muchas colecciones.

Hete aquí como la crisis afecta al mundo del arte. De manera que si alguien quiere, de verdad, ayudar a los artistas, es preciso que trabaje para que haya un mercado, y para que haya un mercado es necesario que haya compradores. El resto no es más que mecenazgo público, instalaciones para los museos, palabras que se lleva el viento, dosis de buena conciencia y vanidad de la cadena que establece los cánones y las modas y que tiene como objetivo beneficiar los intereses de los grandes coleccionistas.


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02/03/2012 | No hay comentarios

He empezado a recoger algunos datos con la finalidad de tener una perspectiva clara en relación a la cultura en Europa en tiempos de crisis. La situación no es catastrófica, pero algunos indicadores no dejan de ser inquietantes: como mínimo, indican una degradación pasajera, pero que puede derivar a una verdadera demolición. Se trata de restricciones presupuestarias, de sesiones más cortas, de festivales anulados, de artistas que pierden la autoestima pero que, a pesar de todo, continuan creando, como si quisiesen desafiar a los tiempos que corren.

Grecia, Italia, el Reino Unido, España, Portugal, Holanda…la lista es larga. En otra honda, los Estados que presentan presupuestos estables o ligeramente al alza son minoritarios: Suecia, Alemania y Francia.

¿Qué política cultural aplicar en tiempos de crisis económica? Las cifras son muy diferentes: mientras que en Suecia, Alemania y Francia el presupuesto para la cultura crece (1,10; 0,9 y 0,38% respectivamente), en la mayoría de países europeos disminuye: Austria (-0,20%), Irlanda (-5,1%), Holanda (-7%), España (-7,1%), Reino Unido (-7,4%), Italia (-16,7%) o Grecia (-22%). Se trata de los presupuestos 2011 en relación con los de 2010, y esta disminución debería contemplarse en función de los valores absolutos de partida y de la parte del PIB destinada a cultura. Así, por ejemplo, en Portugal el presupuesto del Ministerio de Cultura no ha sobrepasado nunca el 0,3% del presupuesto del Estado, y por tanto las disminuciones pueden ser menos acusadas en términos relativos.

Querría ahora presentar estos distintes enfoques, esquematizóndolo en dos países: Suecia y España.

En una Europa que dobla el espinazo, Suecia luce como una excepción. Aunque la crisis también les toca, sus finanzas públicas saneadas permiten aplicar unas políticas de austeridad mesuradas en las que la cultura no sufre demasiado. El presupuesto de 2012 llega a los 720 millones de euros (+1,6% en relación al de 2011), de manera que la cultura tiene la misma parte respecto del presupuesto total (el 0,82%) o del PIB (0,19%). Tradicionalmente, el sector cultural sueco obtiene el 25% de su financiación por parte del Estado, un 31% de parte de las regiones y condados, un 24% de los Ayuntamientos y se autofinancia en un 20%. En este país, donde el paro tiene tendencia a mantenerse un poco alto, el Gobierno ha decidido reservar 29 millones de euros en 2012 (86 millones en tres años) para subvencionar 4400 puestos de trabajo en el marco de un proyecto de salvaguardia del patrimonio cultural (inventario, restauración, numerización). Se trata de una medida de lucha contra el paro de larga duración sostenida presupuestariamente por el Ministerio de Trabajo.

Por contra, el sector cultural español sufre los espasmos de la crisis desde hace ya dos años. El presupuesto del Ministerio de Cultura disminuyó en 100 millones de euros entre 2011 y 2010, y éste ya se había reducido también en 100 millones respecto del de 2009. Y por tanto, esto representa tijeretazos drásticos en todos los sectores. Pero es que a nivel de las Comunidades Autónomas, actores esenciales de la vida artística, la situación es todavía más dura. El presupuesto de cultura del Gobierno catalán se ha reducido un 15,6% el 2011, aunque el presupuesto global lo ha hecho en un 10%. En Valencia se han suprimido el festival de cine (Mostra de Valencia, con 30 años de historia) y València Escena Oberta, y en Andalucía el gobierno ha suprimido la subvención al Festival de cine español de Málaga y al Festival de cine europeo de Sevilla. Y así podríamos seguir…

¿Cual es la política adecuada? ¿Las políticas son intercambiables? ¿Qué es mejor considerar la cultura como un factor de apoyo al empleo o un festival de recortes drásticos? ¿Cual es la política posible? ¿Cual es la sensibilidad de la ciudadanía y de los gestores públicos en relación a la cultura? ¿Y que grado de sensibilidad tiene el mundo de la cultura respecto de las dificultades del resto de ciudadanos? ¿Los artistas españoles deberán también emigrar como tantos otros profesionales? ¿Nos hemos pasado de frenada o antes tiramos la casa por la ventana? Todo ello, me parece, que merecería un debate sereno y profundo. ¿Nos ponemos a ello?


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