Antoni Gelonch Viladegut

¿Cómo alguien se convierte en coleccionista? Supongo que puede haber tantas respuestas como personas interrogadas y que probablemente el azar juega también su papel. En mi caso, se juntan la posibilidad de serlo, un interés claro por el mundo del arte, una voluntad explícita de compartir aquello que para mí supone la belleza y, finalmente, un cierto sentido de lo colectivo y de dejar alguna cosa de mí mismo o hecha por mí de cara al futuro.

Y puestos a coleccionar, ¿por qué escogí los grabados? Probablemente por una cuestión práctica. Cuando no se es rentista ni se ha sido beneficiario de ningún juego de azar sino que se vive del sueldo, hay que medir hasta dónde llegan tus posibilidades económicas con el fin de hacer viable tu manía sin experimentar daños colaterales. Y en este caso, los grabados, por su naturaleza de no ser una pieza única, han representado para mí la posibilidad de acceder al mercado del arte.

¿Qué línea de colección he decidido seguir? La verdad es que me he decidido por seguir mi criterio. Es decir, colecciono aquellas piezas que me resultan atractivas y que me gustaría tener colgadas de alguna de las paredes de mi casa. También es cierto que, pasada esta primera fase de constitución de una base mínimamente sólida en la cual he tenido la suerte de contar con el asesoramiento de grandes profesionales que se han convertido en amigos, probablemente iré avanzando hacia una colección más temática, sin que eso represente una renuncia a aquello que me gusta.

¿Por qué esta exposición en un museo? La primera respuesta a esta cuestión es por la acogida que, desde el comienzo del proyecto, he tenido de las personas que trabajan en el Museu d’Art Jaume Morera de Lleida. La segunda razón es porque, desde una ya larga distancia en el tiempo y en el espacio, quizás tiendo a sobrevalorar la realidad local, pero en cualquier caso poder hacer alguna cosa en mi ciudad de nacimiento me estimula. En tercer lugar, porque me parece que hace falta contribuir a dinamizar las estructuras culturales ya existentes. De la misma manera que creo más en las aportaciones individuales que en los individualismos, considero también más eficaz colaborar con aquello que existe que no que cada uno acabe levantando su campanario.

Para terminar, ¿cómo me gustaría que este proyecto de colaboración continuara? Querría seguir trabajando con los magníficos profesionales del museo; me complacería ver acabado y en marcha el nuevo edificio; quiero contribuir a crear y hacer vivir la Associació d’Amics del Museu d’Art de Lleida; y me gustaría ayudar a reunir muchas aportaciones individuales con el objeto de favorecer el acceso a la cultura, el acceso al arte, porque me parece una de las mejores maneras de hacer ciudad y de hacer país.

En cualquier caso, quiero agradecer la buena disposición y el trabajo constante de los responsables y trabajadores de la Paeria y del Museu d’Art de Lleida. Estoy convencido de que la mía será una más de las muchas colaboraciones que hay que buscar y encontrar entre los coleccionistas y la entidad museística. Y seré muy feliz si la exposición interesa a los visitantes, grandes y pequeños, de manera que el gusano del arte entre en nuestras vidas y las trabaje a fin de que sean más ricas y más plenas.

Antoni Gelonch Viladegut

París, marzo de 2010