Carlo Maratta

Camerano (Italia), 1625

Carlo Maratta

Carlo Maratta o Maratti nació en Camerano (Italia) el 13 de mayo de 1625 y falleció en Roma el 15 de diciembre de 1713). Fue un pintor italiano del “alto Barroco” (barroco final), que trabajó principalmente en Roma, donde fue figura clave de la segunda mitad del siglo XVII, presentando una pintura de estilo sobrio y mesurado, opuesta al barroco decorativo de Pietro de Cortona y de Luca Giordano.

Desde niño mostró gran facilidad para el dibujo, y a los once años viajó a Roma. Ingresó como aprendiz en el estudio de Andrea Sacchi, donde permanecería 22 años, y todavía después proseguirían su amistad. Sacchi, discípulo de Francesco Albani, orientó a Maratta hacia el estudio de Rafael Sanzio, Correggio y Annibale Carracci, influencias que Maratta fusionaría con otras de la escuela veneciana.

Tras un breve regreso a su tierra natal, Maratta volvió a Roma en 1650  y fue presentado por el cardenal Albrizio, al papa Alejandro VII, quien le encargaría pinturas para iglesias romanas y para la catedral de Siena. Por otra parte, al apoyo de Giovanni Bellori, teórico de arte y amigo de Poussin, debió Maratta su primer gran encargo: los frescos en Sant´Isidoro a Capo le Case de Roma (1652).

Maratta ingreso en la Accademia di San Luca de Roma en 1662 y trabajó al servicio de los papas Inocencio XII y Clemente IX. Se le encomendó la restauración de los frescos de las Estancias de Rafael.

Trabajó como fresquista en  ciclos decorativos en villas y palacios y también fue retratista, pero el grueso de su producción es pintura religiosa. Muertos Bernini y Pietro da Cortona, Maratta se convirtió en líder de la pintura romana. Fue nombrado Caballero de la Orden de Cristo por Clemente XI en 1704 y primer pintor por Luis XIV de Francia el mismo año.

Su faceta como grabador, aunque importante, parece limitarse a sus años juveniles, antes de 1660. Grabó frescos que admiraba así como una serie de imágenes de diseño propio sobre La vida de la Virgen y sobre otras escenas evangélicas. También trabajó la arquitectura, diseñando diversas construcciones.

Su obra pictórica se singulariza por su aspecto sólido, sobrio y noble, contrapuesto al efectismo un tanto frívolo del barroco decorativo.

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