¡Académico!

El pasado 21 de noviembre hice mi entrada como Miembro de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, y lo hice como Académico de Honor. Evidentemente para mí supone a la vez una gran alegría, un honor y una responsabilidad.
Es un motivo de gran alegría, porque nunca había pensado de traspasar las lindes de esta Academia como sujeto activo, y porque en la ceremonia me han podido acompañar mi familia y una buena representación de mis amigos. Y también tengo bien presente la alegría que me ha producido el poderlo comentar con otras amistades y los innumerables mensajes de felicitación recibidos. Una gran alegría porque es un logro más en mi deambular por el mundo del arte, un logro inesperado pero que llena todo mi ser.
Un gran honor porque he sido acogido por el resto de Académicos con exquisitez y cordialidad. Pertenecer a una institución tricentenaria es un honor que te hace sentir el peso de la historia, de una historia rica, que te hace disfrutar del presente y que te proyecta hacia el futuro. Han sido Académicos de Honor en el pasado artistas como Pablo Picasso, Antoni Tàpies, Modest Cuixart, Josep Guinovart, Alicia de Larrocha o Victoria de los Angeles, por citar sólo algunos en diferentes disciplinas. Compartir con estos exhimios representantes del mundo del arte la condición de Académico de Honor es un sueño hecho realidad. Como lo es, también, entrar conjuntamente con el maestro Jordi Savall, especialista universal de la viola de gamba y gran conocedor de la música del Renacimiento y del Barroco.
Y es una responsabilidad porque debo estar siempre a la altura del honor que se me hace y porque deberé investirme aun más en la promoción y disfrute del arte, y muy especialmente en todo lo que se refiere a la participación en las actividades de la Academia y en el fomento, presentación y enriquecimiento de mi Colección.
Y ahora hagamos un poco de historia de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi:
Tras las solicitudes dirigidas al rey por los artistas e intelectuales de Barcelona, con el fin de crear una Academia de Bellas Artes en la ciudad, similar a la establecida en Madrid en 1752, fue finalmente la Junta Particular de Comercio -creada por Fernando VII en 1758 y ratificada por Carlos III en 1760- la responsable de la creación de una Escuela de Dibujo en Barcelona, que abrió sus puertas en 1775, con el nombre de Escuela Gratuita de Diseño en la planta alta del histórico edificio de la Lonja de Mar de Barcelona. Posteriormente, en 1778, la Junta amplió las enseñanzas a pintura, escultura y arquitectura, y pasó a denominarse Escuela de Nobles Artes.
En 1838, el Ministro de la Gobernación defendió el proyecto de autorizar la creación de la Academia de Barcelona, para así poder conceder el título de arquitecto. A pesar de ello, no fué hasta 1847 en que las Juntas de Comercio se transformaron en corporaciones meramente consultivas, que un Real Decreto de Isabel II de 31 de octubre de 1847 creó las Academias Provinciales de Bellas Artes, como órganos consultivos del Estado en cuestiones artísticas de las provincias, con las funciones de velar por el patrimonio, fomentar el estudio de las Bellas Artes, y fundamentalmente, dirigir la enseñanza existente en las diferentes localidades del Estado. En 1850 quedó constuida, pues, la Academia de Bellas Artes de Barcelona, que dirigió desde entonces la Escuela, compartiendo con ella su sede en el segundo piso de la Lonja.
Tras un período de interregno entre la Academia y la Universidad, el año 1900 se hizo efectiva la desvinculación de la Escuela de Bellas Artes respecto de la Academia.
Y en 1930 pasó a denominarse Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge.
Mientras que la Escuela Superior de Bellas Artes marchó de la Lonja en 1940, la Escuela de Artes y Oficios lo hizo a finales de la década de los años sesenta del siglo XX, la Reial Acadèmia mantiene todavía su sede historica del segundo piso del edificio de la Lonja de Mar, uno de los edificios emblemáticos de Barcelona.
Finalmente, el 1989 pasó a denominarse Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi.
La Reial Acadèmia dispone de un museo, una biblioteca y un archivo propios, y dependen de ella algunos institutos de investigación en el campo de las Bellas Artes, así como diversas Fundaciones y otorga diversos premios y becas. También presenta una importante activitat editorial.
El camino que he seguido para entrar en esta docta institución no habría sido posible sin la suma de muchas voluntades y la ayuda de muchas personas. Por ello querría expresar mi agradecimiento:
-A los miembros de la Academia por acogerme,
-A Joan Oliveras por la glosa de recepción que me dirigió, fruto de su amistad siempre confirmada y de los proyectos compartidos,
-A mi familia por estar ahí,
-A los amigos venidos de Barcelona, de Lleida, de Figueres, de Madrid. Muchas gracias por acompañarme,
-A todos los que me habéis enviado mensajes cariñoses mediante internet;, por SMS, twitter o facebook. Vuestros mensajes me han hecho mucha compañía,
Y gracias a Dios que me ha permitido vivir este día, y daros las gracias.

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