Actitudes

He escrito ya varias veces que esta crisis que padecemos, larga y profunda, es injusta, manoseada sin vergüenza, una ruina para partes muy significativas de la población, y mortífera para el mundo de la cultura. Que nos gobiernan unos buitres y que la desregulación sin criterio sólo nos ha traído pobreza, desconcierto y miseria humana.
Pero también he escrito que es en las crisis dónde se ve la verdadera condición humana y la solidez de los colectivos. Y en esta crisis, ni una ni otra no han salido demasiado bien paradas.
Al lado de los damnificados de la crisis, están los apalancados de la crisis. Todos aquellos que, con la silla asegurada y el sueldo que va cayendo cada mes, toman a la crisis como coartada para no hacer nada o para hacer lo mínimo indispensable. Son aquellos que denomino los apalancados de la crisis.
Hay apalancados por aptitud, porque no dan (ni daban) más de si, porque la crisis ha demostrado que estaban sobrevalorados o porque les ha pilado en el puesto equivocado. Pero existen también apalancados por actitud. Aquellos que consideran que no vale la pena esforzarse, que ya vendrán (solitos) tiempos mejores, que mientras ya basta con ir tirando, procurando eso sí que no se note demasiado, y los que ante cualquier cuestión o propuesta responden infaliblemente e impertérritos “no se puede”, “es muy difícil”, “ya veremos”, “tenemos mucho trabajo” (sic).
Son estos apalancados por actitud los que me provocan un mayor desconcierto y enfado. Si realmente no hay nada que hacer, todo es muy difícil, ya veremos y/o están desbordados (sin que nadie llegue a adivinar el porqué), ¿porqué no plantean soluciones o escampan?
Es muy fácil, demasiado fácil, cargar siempre las culpas a los demás (a la situación, la sociedad, los políticos, los compañeros, …) sin hacer ni la más mínima auto-crítica, sin dar un mínimo signo de presencia y de propuesta. Es muy fácil verlas venir desde la seguridad del sueldo que cae cada mes (sea mucho o poco). Es muy fácil pero al mismo tiempo es muy irresponsable.
En todas las facetas de la vida se precisan empuje y compromiso. En el trabajo, también. Si no se tiene empuje ni compromiso no sirve de nada calentar la silla, hacer como que se trabaja y repetir y repetirse el mantra de que todo es difícil y de que no puede hacerse nada. Si no se puede hacer nada, que sean honestos y dejen su puesto a otros que a lo mejor sí que pueden hacer. Claro que protegidos por legislaciones que no priman precisamente la eficiencia pueden continuar haciendo la siesta sin que nadie se atreva a molestarles…
Contra los apalancados que toman a la crisis como excusa, necesitamos empuje cívico y compromiso compartido. Y necesitamos que estas actitudes cambien o que cambie la legislación de la función pública para así poder promocionar a los que trabajan y proponen y despedir a los que no hacen nada o que boicotean. Y en el mundo de las entidades de promoción y difusión del arte, también.

Etiquetas: actitud, Arte, crisis

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