Actualidad del grabado y la obra gráfica

Victoria I, de Gerhard Richter

Victoria I, de Gerhard Richter

En principio, sólo es grabado aquello que ha sido incidido directa o indirectamente, rallado o tallado. No obstante, según afirma Juan M. Moro, “podemos decir que se trata de un término histórico que hoy ha cobrado un sentido laxo y genérico, y cuya relativa ambigüedad queda salvada porque evoca antes que nada un principio unificador que aglutina los procedimientos que componen el universo de las técnicas de reproducción gráfica, como es el de la existencia de una imagen sobre un soporte o matriz que permite su reproducción o traspaso a otro soporte”.

Siendo como es una cuestión terminológica, no es un asunto baladí, pues es en ese campo del grabado y sus particularidades tecnológicas, su singularidad mecanizada y mecanicista, donde muchos se refugian resistiéndose, a veces numantinamente, a una ampliación, por no decir decidida transgresión de los límites impuestos por la especificidad de las técnicas gráficas. Pero es también en este territorio donde aquellos que preconizan la muerte del grabado encuentran su más fecundo caldo de cultivo para denostarlo. Pero al igual que aquellos que en su momento profetizaron la muerte de la pintura, los que lanzan sus proclamas sobre la muerte del grabado, tampoco tienen razón. Por mucho que algunos de aquellos “talibanes” del grabado y sus arcanos a veces se empeñen en dársela.

El grabado ha estado siempre en constante proceso de adaptación, de transformación para poder seguir cumpliendo con su función expresiva, como vehículo de expresión plástica de las nuevas estrategias de creación contemporánea. Así como la calcografía sucedió al taco xilográfico y luego la litografía se instaló por derecho propio en el mundo de la gráfica, o la serigrafía se convirtió en una lengua franca para todos los artistas del último cuarto del siglo XX, así los nuevos medios, las nuevas tecnologías, han venido a instalarse con naturalidad en el mundo de la gráfica. El grabado y la gráfica en un momento de imparable expansión tecnológica no pueden ser ajenos a los continuos cambios, a los nuevos modos de mirar. Unos nuevos medios y unos nuevos modos que a la par que cambian nuestra mirada necesariamente cambian también el lenguaje, los lenguajes. Es sin duda en los espacios de hibridación, en las zonas intersticiales, en los recorridos transversales, en las fronteras, o en su disolución, donde el mundo de la gráfica se mueve hoy. Porque como dice Javier Blas, sin duda una de las voces de referencia más cualificadas en este debate, “el arte gráfico es el más mestizo de todos los géneros y esta es una de sus más grandes virtudes”.

No menos interesante es leer a José Ramón Alcalá, uno de los autores más prolíficos en el estudio de las alianzas “heterodoxas” entre grabado y nuevos procesos tecnológicos. De hecho, defensor a ultranza como es de nuevos medios, de innovadoras estrategias, amén de por supuesto transgredir los límites que la propia técnica impone, reconoce como, incluso en lo que él llama procesos hegemónicos de la estampación contemporánea, se pueden encontrar fórmulas de conveniencia con los procedimientos más tradicionales para dotar a las obras de una serie de valores plásticos, esencialmente relacionados con cualidades táctiles, que de otra forma no tendrían.

Por todo ello, no es descabellado coincidir con Susan Tallman cuando afirma que “desde 1960 a nuestros días el grabado se ha desplazado de la marginalidad al centro mismo del interés y la producción en las bellas artes, convirtiéndose en una forma artística crítica en la medida en que sólo desde sus procedimientos se pueden articular algunas de las cuestiones más determinantes en el arte más reciente, como son: el interés por explorar los mecanismos del significado y la comunicación; el deseo por revelar los procesos mediante los cuales se crea una imagen; la voluntad por explorar o manipular los contextos económicos y sociales en los que se mueve el arte; y una profunda convicción de que, conocer los manejos de la reproducción de la imagen es esencial para entender la vida y la cultura al final del siglo veinte”. Y a partir de ahí deducir sino el porqué, sí las causas que explican la pervivencia del grabado y la obra gráfica después de medio milenio de existencia y su plena integración en los discursos del arte contemporáneo, que también a su vez participa de muchos de los elementos que definen al grabado y la obra gráfica, como la capacidad de seriación, acumulación o fragmentación.

Es esta capacidad de transformación, este poder de adaptación a las nuevas circunstancias desde los viejos procesos, sin duda, la causa fundamental de la pervivencia del grabado, de la gráfica en general, a pesar de que como tal no tenga mucha razón de existir en los elementos tradicionales de su definición, que en otro tiempo le fueron inherentes: matriz/soporte y estampa, seriación o multiplicidad, que ya no le son exclusivamente propias. Pero a pesar de ello, se sigue grabando. Sigue habiendo exposiciones y concursos, bienales y seminarios, encuentros y ferias. Porque el grabado no ha muerto, como no murió la pintura. El grabado y la gráfica pueden convivir con la fotografía y sus epígonos – video, cine, televisión -, también con los ordenadores y pueden hacerlo por si solos o en alianzas más o menos de conveniencia.

Y así será mientras haya artistas que tengan cosas que decir y entiendan que el mundo de la gráfica, en cualquiera de sus procesos, puede ayudarles a elaborar sus discursos, sus estrategias creativas.

Etiquetas: grabados, Técnica

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