Arte / amnesia

Arte / amnesia

Reputados pensadores, como Rafael Argullol (ver su entrevista en “La Vanguardia” del 17 de marzo del año en curso, a cargo de Albert Lladó) consideran que existe una relación entre la memoria y el olvido y que mirar atrás no siempre es una condena. Efectivamente, hoy en día hay un vértigo en la información pero, sin embargo, vivimos en una cultura que lo que produce fundamentalmente es amnesia. Y nos encontramos en una situación en que una información atropella a la anterior, en gran parte porque no hay una jerarquía que transforme la información en comprensión.

Y, sin embargo, parece claro que sin memoria no hay criterio, porque una sociedad condenada a la amnesia es una sociedad fácilmente manipulable. Sin memoria, perdemos la capacidad de resistencia. Lo estamos viendo en nuestros días. Aunque no nos demos cuenta -porque lo que ocurre en el presente es difícil de analizar con perspectiva-, estamos siendo constantemente manipulados por un exceso de inmediatez y de información sesgada y/o indigerible.

Por otro lado, la mayoría de nosotros podríamos ser considerados como exánimes, “hombres sin aliento”, según se lee en “La sociedad del cansancio” de Byung-Chul Han. Se trata de una de las características de nuestra época: la gente está cansada. La frase que más se escucha a lo largo del día es “estoy cansado”. La gente a veces está cansada de trabajar, pero a veces también está cansada del ocio, de ir al gimnasio,… Los transportes, la ciudad, la burocracia, todo lleva al cansancio.

Y hay un cansancio en las miradas, y hay un cansancio cuando la cultura vemos que es pasto de cifras o de sociólogos, de lugares comunes y de banalidades sin límite. Cansados de la inexistencia de criterio y de canon, substituidos por listas de venta o rankings aparentes. El cansancio que conlleva observar que, a menudo, no definirse con precisión ante los grandes temas es considerado un mérito, cuando se da prioridad a la forma sobre el fondo.

Cansados de que, por un lado, las grandes controversias ideológicas ya no tengan nombre y cansados de que tantos, entre los nuestros, aún crean en la figura de un hipotético “salvador”, porque se sienten amenazados, sea ello cierto o no. Y ante esta sensación de amenaza todo deviene provisional, todo es movedizo, y se opta por la amnesia, por no recurrir a las enseñanzas y a las vivencias del pasado.

El ciudadano lambda está, pues, amnésico y cansado y es que, en cierto modo, ha corrido una maratón vertiginosa que le ha conducido de la condición de súbdito a la de ciudadano y de ésta a la de cliente. Esta aceleración nos ha dejado sin aliento -cansados- y sin capacidad de escrutar lo que ha sucedido en tan corto espacio de tiempo -amnésicos-.

Y en medio de este cansancio y de esta amnesia, hay algo en lo que hemos llamado cultura, la cultura de los últimos cincuenta años, que no ha acabado de ser atractivo y seductor para la vida. Éste es un tema muy importante que las llamadas gentes de la cultura, que cada vez dan más pereza, no afrontan. Cuando se dice que hay crisis en la cultura, pocas veces se hace autocrítica…porque la autocrítica supone esfuerzo, capacidad de reflexión y voluntad de mirar al pasado.

Por su parte, en arte hemos llegado a una situación en que el precio aparenta ser el único juicio, y lo que en realidad pasa es que algo no va si no hay una conexión real entre la creatividad y el público. Y la conexión ni está ni se le espera, porque el periodismo cultural también ha desaparecido. Ha desaparecido la capacidad crítica que no se limita a los epifenómenos, a la sociología.

Ha desaparecido la búsqueda de la belleza, una palabra que se utiliza poco en el lenguaje cotidiano y, sin embargo, considero, como Rafael Argullol, que una libertad que no busca la belleza es una fuerza ciega. Y vemos mucha fuerza ciega a nuestro alrededor y poca belleza. De la misma manera que parece urgente recuperar lo mediato frente a la inmediatez del presente continuo.

La belleza, lo mediato, la creatividad, la capacidad de reflexión, la memoria, la alegría de vivir nos conformarán como personas libres. Ser libre quiere decir ser capaz de tomar decisiones, desde la propia soledad, independientemente de lo políticamente correcto, del gregarismo y del grito colectivo. Ser libre es como leer o como mirar una obra de arte, es decir, una combinación entre experiencia y experimento. Sin cansancio y sin amnesia.

Etiquetas: Amnesia, Arte

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