Arte / beneficio

Arte / beneficio

El gran Víctor Hugo escribía ya en un lejano 1848 esta frase frente a una propuesta ministerial de recortar fondos para la cultura (sí, ¡ya, entonces!): “Afirmo, señores, que las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”.

Parece que no hemos aprendido la lección, y basándose en el hecho de que en nuestra sociedad parece que se considera útil sólo aquello que produce beneficios, algunos llegan a la conclusión de que la música, la literatura, el arte, las bibliotecas, los archivos, la arqueología, etc., son inútiles porque no producen beneficios. Por eso no parece demasiado extraño que, cuando los gobiernos hacen recortes, comiencen por estas cosas “inútiles” sin darse cuenta de que, si se elimina lo “inútil”, se corta el futuro de la humanidad.

Y, sin embargo, ya Kant lo explicaba muy bien: si vamos a un concierto, ¿en qué nos beneficia? El amor por la música es un amor desinteresado y sólo ese amor nos hace mejores. En una sociedad corrompida por la dictadura del beneficio, el conocimiento se ha convertido en la única forma de resistencia. Porque con el dinero se puede comprar cualquier cosa; pero sólo hay una cosa que no se compra con dinero: el conocimiento. Si uno es un gran magnate y quiere comprar el saber, ni un cheque en blanco le valdría. El precio del saber es el esfuerzo personal, porque el conocimiento no se compra, se conquista.

Porque ya desde la lejanía de los tiempos observamos, tristemente, cómo la furia destructiva se ha abatido y se abate sobre las cosas consideradas “inútiles”: el saqueo de la biblioteca real de Louyang efectuado por los Xiongnu en China, la quema de manuscritos paganos en Alejandría decretada por el obispo Teófilo, los libros heréticos consumidos por las llamas de la Inquisición, las obras subversivas destruidas en los autos de fe escenificados por los nazis en Berlín, los espléndidos budas de Bamiyán arrasados por los talibanes en Afganistán o también los manuscritos de Sahel y las estatuas de Alfaruk en Tombuctú por los yihadistas, etc., etc.. Cosas inútiles e inermes, silenciosas e inofensivas, pero percibidas como un peligro por el simple hecho de existir.

El hecho cierto es que con la excusa de la crisis, de la barbarie y de la geopolítica se está expropiando la dignidad humana. Y la única solución es que los jóvenes no sean educados en el culto del beneficio y del dinero. Necesitamos gente que se haya educado en una visión ética del mundo y que profesen el culto a la solidaridad humana.

Y es que todo viene de lejos. Volvamos si no la mirada hacia Demócrito. Hay un fragmento bellísimo suyo en el que, hablando con Hipócrates, le explica al padre de la medicina por qué se ríe, ya que Hipócrates pensaba que Demócrito estaba loco y por eso se reía. En cambio Demócrito se reía por otra cosa. “Mira debajo de los hombres ¿Qué hacen todo el día? Persiguen el dinero. ¿Y qué hacen con el dinero? Buscar más dinero. El dinero ya no es un medio, se ha convertido en el fin en sí mismo”. Y añade que, para conseguir el dinero, el hombre “le corta las venas a la tierra”.

Si releemos a Tocqueville, toparemos con su “hoy en América la gente busca las bellezas fáciles“. ¿Qué quiere decir? Que la gente dice no tener tiempo para dedicarse a la lectura o para ir a una exposición. El tiempo es dinero, y la gente prefiere el libro que no pide esfuerzos y aquellas manifestaciones culturales superficiales, mundanas, donde no se aprende nada porque no hay tiempo para las cosas que requieren un compromiso personal. El riesgo de hoy está justamente en cultivar las bellezas fáciles: el bestseller, las películas que sólo son efectos especiales, todo lo que se usa para distraerse cuando no se quiere pensar, en lugar de ser estimulados a la reflexión.

Todo esto no atañe ni se analiza sólo por la gente de la cultura. Adriano Olivetti, el singular empresario de las máquinas de escribir, decía: “serán la belleza y la libertad las que nos indiquen el camino para ser felices“. Y una de las cosas que llama la atención leyendo a Montaigne es que Montaigne nos dice que no es poseer lo que nos hace felices, sino el gozar y el aprender a gozar. Si no apreciamos la belleza, si no sabemos apreciar el arte muy difícilmente aprenderemos a gozar. Porque el arte es el único medio capaz de decir lo indecible y de enseñar lo invisible. Éste es su auténtico beneficio, el auténtico beneficio.

Etiquetas: Arte, Beneficio

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