Arte / cerebro

El arte visual es una función del cerebro, es decir, se presenta libremente gracias a él. El cerebro humano ha evolucionado desarrollando una gran cantidad de energía y de áreas para ser vistas, porque esta capacidad de ver permite una evaluación, una reflexión y un conocimiento más minucioso de los estímulos que nos envuelven a la hora de decidir que se debe hacer. Todo ello dispara las posibilidades de supervivencia.
Desde hace unos 25 años, la neurociencia ha comenzado a pensar en programas para conocer cómo trabaja el cerebro cuando crea arte visual. Semir Zeki, el neurocientífico que más ha trabajado en este campo, está llevando a cabo estudios sobre neuroestética para intentar comprender, además de la función visual, la manera cómo el cerebro aprecia la belleza artística. !Apasionante!
Y los primeros resultados indican que diferentes regiones cerebrales interconectadas analizan los diversos atributos presentes. Las áreas denominadas V1 y V2 recogen primero la información de los nervios ópticos y la distribuyen a otras áreas especializadas, entre las cuales hay incluso células especializadas en un color, en un tipo de orientación de las líneas, en un tipo de movimiento…es decir, que sólo se activan frente a los estímulos visuales que se corresponden con su especialización.
Se han acumulado ya muchos datos que permiten establecer una relación entre la percepción visual y el análisis de diferentes estilos presentes a lo largo de la historia del arte. Mediante las técnicas de neuroimagen ya disponibles, se puede regustrar en directo la actividad del cerebro mientras se está contemplando una obra de arte, y ello nos permite detectar, por ejemplo, si las áreas del cerebro que se activan ante un cuadro de Jackson Pollock son las mismas que lo hacen ante un grabado de Rembrandt, y si esta activación diferente puede explicar las respectivas y diferentes sensaciones del observador. En esta línea, se ha demostrado, por ejemplo; que la visión de una obra realista en color activa muchas más áreas del cerebro visual que una obra que se ha pintado con colores que no corresponden a la realidad conocida, o bien que pasa lo mismo ante una obra coloreada pero abstracta, lo que para nuestro cerebro significa sin formas reales.
Esto es debido al hecho que cuanto más abstracta es una obra, mayor capacidad tiene de significar un registro fiable de uno de los procesos visuales esenciales.
Las obras de arte más complejas necesitan, para analizarlas, el trabajo de un mayor número de áreas del cerebro visual funcionando al mismo tiempo. Por tanto, las obras de arte visual en cualquier variante nos están hablando respecto de cómo funciona el cerebro humano. Tanto es así aue, desde el punto de vista de la neurociencia, nos dicen mucho más sobre este órgano que respecto del mundo que pretenden representar. Las obras se convierten así en un registro de decenas de miles de años de antigüedad sobre los procesos de análisis virtual del cerebro.
Abundando en esta línea, podríamos señalar que recientemente se han desarrollado experimentos en los que, también con técnicas de neuroimagen, se monotorizaba la actividad cerebral mientras se tallaban herramientas de piedra como las que utilizaban nuestros antepasados. Se ha observado que cuando se reproducen herramientas líticas de la tecnología olduvaiana (unas tallas toscas características del paleolítico inferior que surgieron en Africa hace unos 2,5 millones de años), se activa específicamente un área del cerebro denominada corteza promotora ventral izquierda, implicada asimismo en el procesamiento de los sonidos. Por contra, cuando se reproducen herramientas líticas de la tecnología acheuliana (que surgió en Africa hace 1,6 millones de años), que se caracteriza por la presencia de piedras talladas denominadas bifaces, mucho más elaboradas, se activan también otras zonas del cerebro, como por ejemplo el giro frontal, asociado a la abstracción y a la organización jerárquica, que son unos recursos mentales clave para el desarrollo de un lenguaje elaborado.
¿Porqué preferimos un Picasso a un Renoir, o un fresco románico a un bisón de Altamira, o una escultura de Chillida a una de Miguel Angel, o unas formas geométricas de Antoni Tàpies a unas de grabadas hace más de 100.000 años? No existen respuestas generalizables para estas preguntas, pero parece que el mercado del arte es muy influente en la valoración de una u otra obra. Sea como sea, no existe ninguna duda de que el arte es una manifestación exclusiva de la especie humana, y que todas las culturas en todas las épocas, bo sólo han creado objetos artísticos, sino que han decorado artísticamente los más humildes utensilios cotidianos. Como muchas otras, esta actividad está también hoy sometida a las reglas del mercado, reglas que no siempre coinciden con las del cerebro humano. Porque la pregunta final es, ¿cuál es la importancia de las artes plásticas? ¿qué valor tienen para nuestro cerebro? ¿y qué importancia tienen las experiencias en artes plásticas que hacemos y acumulamos a lo largo de nuestra vida? La auténtica revolución artística empezó hace unos 30.000 años (encarnada en representaciones como las de Altamira y en muchas otras cuevas y yacimientos europeos y del arco mediterráneo), y no ha parado desde entonces. En toda esta larga marcha el cerebro humano ha hecho y ha acumulado, y de cara al futuro, nuestro cerebro continuará trabajando y acumulando. !Hagámoslo trabajar! !Acumulemos creaciones artísticas en nuestro cerebro!

Etiquetas: Arte, cerebro

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