Arte / civilización

La palabra civilización forma parte de esas palabras que son difíciles de definir con precisión, por no decir imposible. Y, por otra parte, la palabra arte puede amparar tantas concepciones diferentes como interlocutores haya. Si no viviésemos bajo una cierta tiranía del diccionario, tal vez sería más fácil realizar que hay unas cuantas palabras que no se llegan a definir del todo aunque se haya escrito mucho sobre ellas. Son, no obstante, palabras que utilizamos a menudo, palabras que necesitamos y de las que todo el mundo comprende bien el sentido.
A mi entender, y me gustaría que fuera compartido, la palabra civilización nos conduce instintivamente a pensar en nuestra manera de vivir, de pensar, de sentir, de estar en el mundo. No es algo en que una parte pueda avanzar y la otra retroceder.
Cuando la economía crece pero el bienestar disminuye, hay algo en nuestra civilización que no va bien. Cuando el salario aumenta pero la gente es cada vez más infeliz, hay algo que no va ni con ruedas. Cuando el nivel de vida mejora pero el planeta se muere, hay algo que no funciona. Es cierto que todavía es peor cuando la economía decrece, cuando el salario disminuye, cuando el nivel de vida se degrada…
Si el individuo tiene cada vez más derechos pero las relaciones humanas no paran de deteriorarse, si hay cada vez más violencia en las relaciones sociales, hay algo que no va. Si todo aquello que no tiene precio, todo aquello que no es una mercancía, no tiene ningún valor, es que hay algo que no funciona.
Una política de civilización no debería tener otra ambición que ayudar a arreglar las cosas que no van. Es una política que quiere que todo vaya a la hora, que quiere que todo se inspire en un mismo espíritu, y que busca este movimiento en lo más profundo de la sociedad. Es la política que quiere empujar al cuerpo colectivo a ir a buscar en lo más profundo de su cultura, de su carácter, de su inteligencia y de su historia, las palancas de este despegue que le proyectará conjuntamente hacia su futuro.
La civilización son los innombrables hilos que ligan secretamente lo espiritual y lo temporal, lo material y lo inmaterial, los unos con los otros, el individuo a lo que le rodea…La política de civilización es una política que trenza todos los hilos que hay entre las cosas y la gente para utilizar de la mejor manera posible todos los recursos.
Una política que hace que cada cual al desarrollarse contribuya al desarrollo de los demás, que busca cómo la inteligencia de unos puede servir para fecundar la inteligencia de los otros, que busca cómo la creatividad y la búsqueda de la belleza de los unos puede interpelar el sentido estético de los otros…
Una política de civilización implica en el orden cultural un patrimonio común; un patrimonio común que debería quererse diversificar, abierto y sólido en sus raíces, interesado en la investigacián y en la experimentación pero que aprovecha todas las bases ya existentes.
Dicho de otra manera, una política de civilización afecte y reune la escuela, la universidad y la investigación, las casas de cultura, los centros de arte, las escuelas de arte, los grupos interesados en el descubrimiento de la belleza y en la interpelación estética.
He aquí, a mi parecer, cómo el arte forma parte de una política de civilización, cómo el arte es fundamento de la civilización en su carácter particular y, al mismo tiempo, constituye una fuerza para que permanezca abierta a otros desafíos, a la investigación constante que éstos reclaman, a la reflexión y al progreso, y todo ello, sin renunciar nunca a un pasado que nos ha construido y que permanecerá como la base común de nuestras evoluciones futuras.

Etiquetas: Arte, civilización

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