Arte / clases medias

Arte / clases medias

El economista Richard Florida acuñó, hace ya un tiempo, la expresión clase creativa para definir una clase en expansión, un motor de nuestra sociedad que hemos convenido en denominar como sociedad postindustrial. Ahora, en un magnífico ensayo (Culture crash: the killing of creative class), publicado el mes de enero de este año por Yale University Press, Scott Timberg describe la agonía de esta clase creativa, sobretodo la del sector cultural, incluido el sector de las artes visuales.

Podríamos decir que este ensayo tiene un punto de deprimente, tal vez por demasiado realista, al hacer una descripción acerada de cómo la crisis, los cambios sociales y la tecnología están matando de hambre a los creadores culturales. Timbers es un periodista norteamericano especializado en arte, que ahora colabora en The New York Times y que ha sufrido en primera persona la pérdida de puestos de trabajo en la prensa (era el redactor de cultura de Los Angeles Times). Y que ha ido viendo cómo sus amigos -artistas, músicos, pintores, libreros- pasaban y pasan apuros económicos. No son sólo los puestos de trabajo directos los que se han ido degradando o desapareciendo, sino también los cercanos a estos sectores, los que facilitaban opciones para ganarse la vida a gente creativa: personal de sala de los museos, historiadores de arte o dependientes de tiendas de discos, por ejemplo.

Creo que el autor no tiene la pretensión de escribir una esquela, sino más bien de alertar acerca del peligro de desaparición de los trabajadores de la cultura. Sin clase media no puede garantizarse una verdadera democracia, y sin clase creativa no puede garantizarse el alimento intelectual. Internet ha democratizado el acceso a la cultura, pero la tarta digital se la reparten muy pocos: los del smartphone, los del ADSL, Google y compañía.

El autor hace un llamamiento para un mundo que tenga la apetencia, se preocupe y pague por la cultura, en el que no sólo los poetas lean poesía, en el que no sólo los pintores visiten las salas de exposiciones con ojo crítico, o en el que no sólo los músicos vayan a conciertos.

Pero el aspecto que más me ha interesado del libro es el epílogo, con un título muy elocuente: “Restoring the middle” (Restauren el centro). Su tesis es clara y doble: se precisa, por un lado, que los artistas recuperen estabilidad, confianza, prestigio y para eso se necesita que vuelvan a inserirse en el tejido social en tanto que clases medias productivas seguras de poder desarrollar su trabajo en condiciones dignas y así puedan salir de las condiciones de humillación y penuria a que esta maldita crisis endémica les ha conducido.

Por otro lado, es preciso que las clases medias -asalariados, profesionales liberales y trabajadores autónomos-, tan dura e injustamente castigadas por los gobiernos en la crisis actual, recuperen el papel central en nuestra sociedad y en nuestra economía y que continúen siendo el factor de dinamización cultural que durante los últimos siglos han jugado, y que ahora no pueden asegurar suficientemente, a pesar de su voluntad, porque han sido depauperadas y marginalizadas.

Debemos regresar al punto medio, al margen de locuras para millonarios excéntricos que dinamitan los precios de un mundo del arte sin sentido, al margen del ahogo impositivo a que se somete a las clases medias, al margen de la depauperación presupuestaria a que se ha sometido y se continúa sometiendo al mundo del arte. Necesitamos el equilibrio y la serenidad que son capaces de aportar a nuestras sociedades desorientadas las clases creativas y las clases medias. Juntos.

Etiquetas: Arte, Clases medias

Sin comentarios

Comentar

Tu dirección de correo no sera publicada.
Los campos obligatorios estan marcados con:


Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>