Arte / liberación

Arte / liberación

“La cultura es en su determinación absoluta la liberación y el trabajo de liberación superior“. Esta frase de Hegel podemos leerla en su obra “Filosofía del derecho”, justo cuando intenta desentrañar las difíciles relaciones entre la sociedad civil y esta estructura que hemos convenido en denominar ‘el estado’.

Para Hegel la sociedad civil es impulsada por los intereses individuales y particulares, mientras que el estado debe entenderse como la expresión jurídica y política de una libertad universal entendida como condición de la ciudadanía. ¿Pero, cómo se puede pasar de la libertad individual a la libertad colectiva o universal? ¿Cómo pasar del individualismo a reforzar lo que, por principio, debe ser colectivo? ¿Cómo podemos pasar de la condición de individuo a la de ciudadano? En definitiva, ¿qué puede convertir a los individuos particulares, que defienden sus propios intereses, en unos ciudadanos libres que sean capaces de tener un punto de vista más holístico?

La respuesta a estas preguntas Hegel la centra en la cultura. Y, si retomamos la frase con la que empieza este artículo y la religamos con las preguntas formuladas en el segundo párrafo, deberíamos llegar a la conclusión de que la cultura es liberación porque representa la transformación de la subjetividad, lo que permite pasar de la inmediatez del punto de vista particular a la percepción de algo que lo desborda y que lo conduce más allá. Y eso, escribe Hegel, implica el duro trabajo de la cultura, el duro trabajo para conocerla, para comprenderla y para usarla.

Sin este duro trabajo de la cultura, continuaremos siendo esclavos del subjetivismo, lo que comporta la inmediatez del deseo, la vanidad del sentimiento y la arbitrariedad del gusto. Y puestos a reflexionar, ¿no es esto precisamente lo que hoy fomentan el mundo de la cultura, en general, y el del arte, en particular? Esta inmediatez del deseo, esta vanidad del sentimiento y esta arbitrariedad del gusto, ¿no es lo que fomentan tantos artistas pegados de sí mismos, tantos críticos y tantos públicos tocados por la inmediatez del deseo, tantos académicos vanidosos y tantos periodistas, galeristas y coleccionistas arbitrarios en su gusto?

¿No son, en el fondo, este subjetivismo, esta inmediatez del deseo, esta vanidad y esta arbitrariedad los signos manifiestos de la mediocridad que nos rodea y nos ahoga? ¿Que rodean y ahogan un mundo del arte ensimismado, vanidoso y hortera, a fuerza de ser cada vez más subjetivo? ¿No es todo eso el resultado mal digerido de un proceso que nos ha conducido de la condición de súbditos a la de clientes sin haber hecho nunca una larga estancia en la estación de la ciudadanía?

La cultura, en general, y el arte, en particular, deben suponer un trabajo duro contra el subjetivismo, contra el narcisismo y contra la agresividad enfermiza y cada vez más extendida. Este duro trabajo requerirá, por contra, constancia y seriedad , y requerirá también humildad de cara a formar los propios sentimientos y el cultivo del gusto mediante la observación, la lectura y el debate razonado.

En palabras de Hegel podemos convenir que la cultura, y el arte, no son sólo la producción de grandes obras o la actividad de determinadas disciplinas, sino el cultivo de la subjetividad para liberarnos del subjetivismo y para desengancharnos de la inmediatez. Es cierto que la cultura, y la recepción del arte, nos pedirán un esfuerzo pero sólo así nos podremos liberar de la dictadura de la mediocridad y de sus nefastas consecuencias, conscientes, sin embargo, como también escribe Hegel, que “que este trabajo sea duro, constituye parte del poco favor que recibe“. Pero, a pesar del esfuerzo que nos represente, éste es un trabajo que debemos hacer, cada cual por su cuenta y a la vez juntos.

Etiquetas: Arte, libertad

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