Arte / locura

"Extracción de la piedra de la locura", el Bosco

«Extracción de la piedra de la locura», el Bosco

Siempre me ha parecido que para que alguien sea, o cuando menos se considere, artista, debe de estar un poco loco, si entendemos por loco aquél que actúa de una manera diferente y no acaba de saber porqué. Y esta locura se manifiesta en que no le debe saber mal pasarse horas y horas pintando, esculpiendo, dibujando o grabando y tampoco no le debe saber mal convertir este pasar horas trabajando en la tela, el molde, el papel o la plancha, en una manera de vivir porque no le asusta el trabajo ni le asusta aprender constantemente.

El artista debe saber revisar muchas veces una obra o un solo detalle a la búsqueda de la manera óptima de expresar lo que siente y lo que quiere transmitir a quien se acerque a contemplar el resultado de su trabajo, la obra de arte que ha concebido y producido con su pensamiento y su acción.

Esta locura por el estilo debe conducir al artista a una actitud que, a mi entender, es esencial: debe buscar el genio, la genuinidad de los materiales, su calidad proteiforme, la manera como se le adhieren y trabajan las novedades, los nuevos estilos, las nuevas tendencias, todo aquello que la evolución de la vida y del arte nos regalan.

Y esto debe hacerse mediante el ensayo permanente, avanzando con el método de acierto y error, y también mediante la contemplación de la obra de los otros (de los precedentes y de los coetáneos), estando sedientos de cultura, y siendo capaz de entrar en otras vivencias, adquiriendo poco a poco la capacidad de ser comprensivo vía la voluntad de comprender. Tal vez, porque hacer arte no deja de querer decir la manera que tiene cada artista de mirar las mismas cosas con otros ojos.

Para ser artista se precisa la voluntad de serlo, se precisa tener la locura de morirse de ganas de serlo y tener la paciencia de aprender cada día, con capacidad de admiración por lo que se contempla hecho por otros y con capacidad de autocrítica respecto de lo que uno hace, y tener fuerza para continuar trabajando después de haber contemplado as Rafael, Miguel Ángel, Picasso o Rembrandt, por citar sólo algunos.

Si se mira fríamente, las horas que el artista gasta cada día para cumplir su deseo o con la necesidad inexplicable de hacer una obra son para hacer una cosa que, aparentemente, no sirve para nada. Pero resulta que el arte convierte la belleza y la interpelación en una herramienta de transformación y de alteración de nuestro interior intelectual y sentimental. El arte es capaz de sacudir nuestra esencia más profunda. Por eso quien tiene miedo a lo que es desconocido teme al arte y lo niega, no fuese que le gustase…

El artista debe hacer un viaje hacia su propio interior, conformando un itinerario al que invita a quien contempla su obra. Porque hacer una actividad artística no puede dejar indiferente. El artista queda afectado por cada trazo que hace y por cada decisión estilística que toma, del mismo modo que queda afectado de manera global cuando se confronta con la obra de otro artista. Para el artista y para el espectador la producción y contemplación de la obra de arte no garantizan ninguna impunidad; al contrario, dejan al descubierto las facetas más vulnerables de cada uno, es decir, las seguridades y las inseguridades de nuestros sentimientos y las grandes líneas que creemos que no pueden borrarse y que trazan nuestro camino. Y eso solo ya es una auténtica locura, una lúcida locura.

Etiquetas: Arte, Locura

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