Arte, mercado y crisis

En un artículo publicado en este blog el pasado 25 de noviembre y titulado “El papel del coleccionista”, citaba una frase de Michel Poitevin, quien decía que “no hay mercado sin consumidores y no hay creación sin acto de compra”.

He dado muchas vueltas a esta frase para intentar captar todos los matices y os presento ahora las conclusiones a las que he llegado.

En el conjunto de Europa, pero de forma más visible y dramática en los países del sur del continente, hemos vivido, vivimos y viviremos una crisis, que empezó siendo financiera, pero que ha acabado siendo económica, laboral, social y de modelo.

Esta crisis -que presenta como epifenómenos la explosión de las deudas, los déficits, la subida de los impuestos, la restricción del crédito, la congelación de las inversiones y el debilitamiento de aquello que habíamos convenido en denominar como ‘el estado del bienestar’-, se ha llevado por delante a mucha gente, muchos modelos, muchas pautas y muchas ilusiones.

Como consecuencia de la crisis, de las crisis, mucha gente se ha quedado sin trabajo, muchos otros han visto reducidos sus ingresos, muchos jóvenes han perdido sus esperanzas y hemos visto reaparecer las estrecheces y la miseria. Miseria material y miseria humana.

En este marasmo quienes más han recibido y continúan recibiendo son las clases medias, las estructuras unipersonales o pequeñas, los profesionales ilustrados y los pequeños ahorradores. Unas administraciones públicas y unos mercados que piden cada vez más y más y que pueden ofrecer cada vez menos y menos, están a punto de triturar a aquéllos que no son, aún, suficientemente pobres para vivir subsidiados ni suficientemente ricos para tener acceso a los mecanismos de opacidad fiscal.

Estos colectivos, ahora seriamente dañados, eran parte sustancial del mercado del arte. Conformaban el cojín que permitía a la cadena artista-galerista-enmarcadores…de seguir existiendo. Hay muy pocos galeristas que puedan vivir de los coleccionistas que tienen grandes fortunas, y en cambio hay muchos que existían y existen porque hay un mercado de gente ilustrada, amante del arte, que podía o que puede adquirir obras a precios razonables.

Todo ello se ha trastocado. La crisis ha adelgazado el mercado del arte, en términos de número de transacciones y de cifra de negocio, y esta depauperación puede ser letal para el binomio artista-galerista y para la continuidad de muchas colecciones.

Hete aquí como la crisis afecta al mundo del arte. De manera que si alguien quiere, de verdad, ayudar a los artistas, es preciso que trabaje para que haya un mercado, y para que haya un mercado es necesario que haya compradores. El resto no es más que mecenazgo público, instalaciones para los museos, palabras que se lleva el viento, dosis de buena conciencia y vanidad de la cadena que establece los cánones y las modas y que tiene como objetivo beneficiar los intereses de los grandes coleccionistas.

Etiquetas: Arte, crisis, mercado

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