Arte / propiedad intelectual

Vaya por delante que soy un partidario del respeto de los derechos de propiedad intelectual, del respeto de los derechos de autor. A mi entender, no hay progreso humano ni acicate para este progreso si no se respeta la propiedad intelectual de los artistas, de los científicos, de los descubridores. Los que queremos un mundo civilizado debemos estar contra los vivales, contra los tramposos, contra los ladrones,…, contra los que se enriquecen a costa del trabajo, la ilusión y los conocimientos de otros.
Sin respeto de la propiedad intelectual, la vida de los centros de investigación y de las empresas se vería seriamente comprometida, la ley de la jungla se instalaría (todavía más) y ello representaría el triunfo de la mediocridad a corto plazo y la parálisis del avance de la humanidad a medio y largo plazo.
Ahora bien, también creo que de los derechos derivan deberes, que no es posible una sociedad sólo basada en el reconocimiento de derechos pero en la que se es incapaz de recordar y escrutar respecto de los deberes.
Sostengo la teoría que en muchas sociedades (y entre ellas la española) hemos pasado de la condición de súbditos a la de clientes sin haber recalado en la condición de ciudadanos. Hemos pasado de tener sólo deberes a reclamar sólo derechos, sin ese término medio de la ciudadanía que determina tener derechos y deberes. El sólo deberes nos infantiliza, el sólo derechos nos instala en la condición de perennes adolescentes. Y a mí me gustaría vivir en una sociedad constituída por ciudadanos adultos.
En el campo del arte, con mayor o menor intensidad, también se da este fenómeno. Algunos artistas sólo hablan de sus derechos: derecho a vivir de su arte, derecho a las subvenciones, derecho a que les monten exposiciones en espacios públicos, derecho a una propiedad intelectual prácticamente ilimitada…¿Y alguien se acuerda de los deberes?
Porque tal vez exista un deber de búsqueda de la excelencia, de espabilarse para marcar tendencias, de buscar espacios para exponer, de defender al resto de actores del mercado del arte (coleccionistas, galeristas, curadores, etc.), partiendo del principio básico de la existencia de vasos comunicantes en el mundo del arte. Y deber de adaptarse también a los tiempos, en un tema, como ejemplo, el de la propiedad intelectual de sus obras.
Tenemos una legislación de protección de la propiedad intelectual de las obras de arte, a mi entender, completamente anticuada y que no sirve para regular la creación cultural en la era digital. Tal como señala en una reciente entrevista el profesor Lawrence Lessig (Profesor de Derecho y Liderazgo de la Harvard Law School y director del Edmond J. Safra Center for Ethics de la misma Universidad), la realidad que comportan las nuevas tecnologías hace que las personas puedan compartir obras, mezclar fragmentos de música y publicar de formas muy variadas, pero con el sistema vigente de copyright se invoca el derecho de autor cada vez que se realiza una copia. Esta situación no tiene sentido.
Tal vez deba haber menos regulación pero mejor formulada. El profesor Lessig apunta que tal vez una propuesta viable sea compensar a los artistas, a los autores por los eventuales daños causados; compensar pero no pagar por el uso. Ello supondría un cambio de concepto y de mentalidad.
Personalmente también creo que el hecho de que los derechos de autor duren hasta 70 años después de la muerte del artista es una aberración para el resto de ciudadanos y un drama para los propios artistas. Los derechos de autor, a mi entender, deberían ser un sistema para incentivar la carrera de los artistas, pero no tiene ningún sentido que se alarguen tras su muerte. ¿Qué aportan los sucesores a la obra de un artista? ¿Porqué estos derechos deben de alargarse hasta dos o tres generaciones posteriores? ¿Ello hace que sea más conocida la obra de un artista? ¿O a la inversa hace que algunos coleccionistas y promotores culturales opten por no darle difusión?
Por experiencia propia puedo afirmar que la defensa a ultranza de esos derechos retrotae a muchos coleccionistas de dar mayor difusión a artistas modernos y contemporáneos. ¡Vaya éxito!
En momentos de dificultad como los actuales, deberían incentivarse todas las posibilidades de difusión de los artistas y de sus obras. Por ello, estoy completamente de acuerdo en el respeto integral de los derechos de autor de los artistas durante toda su vida, pero no después. Los artistas también deben preocuparse de prepararse para las contingencias profesionales y económicas de su vida y de la de sus allegados.
Y desde luego continuo sin entender porque existen diferencias tan abismales entre la práctica de los derechos de autor entre los artistas y los científicos. Para los que defienden la extensión de esos derechos post-mortem del autor, ¿la vida de la familia de un científico es menos valiosa que la de un artista? ¿El valor ciencia es menos importante que el valor arte, o viceversa? ¿Es ése el mensaje que se quiere trasladar a las jóvenes generaciones?
Demasiadas contradicciones para que podamos seguir considerando que este sistema se preocupa realmente de los artistas, de la difusión de su obra y de los derechos y deberes del resto de actores de la cadena de valor del arte.

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