Arte / sensaciones

Arte / sensaciones

Quien es incapaz de entrar en un museo o en una sala de exposiciones no puede ni imaginarse que el arte pueda conseguir hacerte ultrapasar la realidad evidente y que te pueda hacer entrar en el mundo de verdad. El arte es la evidencia que tras uno mismo, como un espectro que sabe captar la gente que mira y reflexiona, existe la sombra o la presencia de cosas vividas o por vivir. ¿Miramos una obra de arte para huir del enigma de la vida sobre la tierra o para saber encararlo racionalmente? Espero que sea para encararlo racionalmente, porque nadie puede objetarnos que queramos huir del exceso de nihilismo ambiental.

El arte asegura felicidad o, cuando menos, alegría; y, si no, consuelo. Porque el arte es una herramienta para ayudarnos a afrontar nuestros miedos, y esto el artista debe hacerlo desde su propia verdad. La razón de ser del artista no es la de reflejar la sociedad y la realidad, sino la de construir una vivencia imaginada. Y por más que algún crítico predique que deba seguirse tal o cual estilo, el artista inteligente no le escucha, sino que se ausculta para saber qué quiere hacer su alma. Si después coincide con los anhelos de la sociedad o de algunos de sus miembros, mejor, pero, si no, da igual. El arte que perdura es el que surge de la gratuidad del artista. El artista plástico pinta, esculpe, fotografía, dibuja o graba porque él quiere, no porque alguien se lo ordene. Se dedica al arte no porque alguien quiera sus obras, ni porque le guste ser aclamado por el público y por la crítica, sino porque, si no lo hiciese, se sentiría mal; trabaja porque no puede no hacerlo.

Si podemos disfrutar de una obra de arte no es porque exista una obligación del artista, sino porque él quiere. El artista se pasa horas ante la tela, el mármol, la plancha, o el objetivo, o…, pensando, moviéndose, mirando de lejos y de cerca, en momentos de luz diferente, saliendo del taller y entrando en él…con la secreta esperanza de que el trazo se consolide, pero siempre con la desazón que es propia del acto creativo y que supone no saber hacia dónde tirar y que supone también el hecho de que, cuando por fin uno se decide, no sabe si va o no por el buen camino. Y el buen camino es aquél en que el artista dice que tal vez sí, que le parece que era aquello o que la cosa iba por allí. Pero no hay certezas, no hay ninguna certeza de que cuando el artista considera que ha acabado, resulte que de verdad ha acabado. Siempre le ronda un plus de inseguridad. Tal vez lo que pasa es que la obra completa de un artista está hecha de obras inacabadas…

En definitiva, el arte es una actividad que requiere un itinerario casi imposible de racionalizar, lleno de epifanías inesperadas e inexplicables, a veces incluso irracionales, pero casi siempre contundentes. Y es un itinerario repleto de descubrimientos insólitos que cohesionan y dan sentido a elementos que van deambulando vacilantes, solitarios y algo perdidos entre los materiales a utilizar. Una vez acabada la obra, una vez que el material ya ha absorbido un buen trozo del alma del artista, éste recomienza la rueda hacia nuevos descubrimientos, hacia un itinerario inseguro e incierto. Ésta es la grandeza y la dificultad del arte: la búsqueda de lo absoluto con la certeza de no conseguirlo nunca.

Con este artículo empezamos un período de reposo. ¡Felices vacaciones y hasta el primer jueves de septiembre!

Etiquetas: Arte, Sensaciones

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