Arte / subversión

Enseñar a tener ideas requiere algo más que la simple transmisión de información. En el campo de la enseñanza artística, es necesario que el profesorado se reubique y tienda a abandonar el monopolio del conocimiento, para pasar a actuar, tal como dice Luis Camnitzer en un reciente artículo, como fuente de estímulo y catalizador, y es necesario que escuche y que se adapte a aquello que escucha. Además, la generación de ideas y revelaciones no se puede preveer y por tanto corre el peligro constante de ser una actividad subversiva, porque lo que no se puede predecir no siempre se acomoda al status quo vigente. Hoy en día la palabra subversión no está bien vista (si es que alguna vez lo ha sido), pero la subversión (entendida como contradicción y superación de los caminos trillados –les sentiers battus– dominantes) es la base de la expansión del conocimiento, de manera que al ampliarlo, lo subvierte.

Podríamos decir que la función del arte es justamente la de ser subversivo. El buen arte (hoy como ayer y como mañana) se aventura en el campo de lo desconocido; sacude los paradigmas existentes y, a menudo, fosilizados, y juega con nuevas especulaciones y conexiones no trilladas en el campo de los conocimientos disciplinarios. Porque si el arte fuese o llegase a ser realmente una actitud y una manera de aproximarse al conocimiento, no sería especialmente relevante saber a través de que tipo de medios llegan y se producen las ideas y las revelaciones.

Lo que acaba resultando importante es el nivel y la complejidad de los cuestionamientos. El cuestionamiento, la percepción de complejidad, conseguir la elegancia y el buen sentido de las respuestas y su efectividad a la hora de ser transmitidas, son cosas que se pueden enseñar. Ahora bien, esta efectividad necesita que se pueda presentar la obra de manera que pueda llegar y que pueda ser objeto de debate por parte del receptor, por parte del público. Y para que esto sea así es preciso que entendamos el arte como un espacio en el que se pueden pensar e imaginar cosas que no se pueden imaginar en otros lugares; y es preciso también que partamos del concepto de que un buen problema artístico no es per se agotable, que toda buena solución tiene reberveraciones y que una buena comunicación acaba produciendo más evocaciones que  la simple información que transmite.

Tal vez la cuestión en la confrontación con una obra de arte ya no sea tanto el ‘¿qué es?’, sino más bien ‘¿y que pasaría si?’, porque me parece que es en el procesamiento de las evocaciones donde en última instancia el arte adquiere su verdadera forma y que, por tanto, el trabajo del artista debería consistir en crear una estrategia para poder administrar estas evocaciones.

Ante una obra de arte nos enfrentamos a una respuesta de la que debemos deducir cual fue la pregunta. Lo que resulta interesante de esta manera de ver las cosas es que a veces aparecen preguntas que corresponden mejor a esta respuesta que la propia pregunta original. Y en este sentido puede afirmarse que el proceso de comunicación no se limita a la mera transmisión estricta y fiel de un mensaje sino que es un estímulo para la especulación y una forma de retroalimentación de la obra hacia el autor porque existe o puede haber una participación creativa del público.

Acción y reacción, pregunta/s y respuesta/s, retroalimentación…nuevos paradigmas de interacción con la obra de los artistas actuales, con el arte que nos interpela hoy.

 

Etiquetas: Arte, artistas, obra de arte

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