Buitres

No he sido nunca un gran fan de la naturaleza ni del naturalismo, lo siento, sino que más bien hay muchas especies animales (incluidos algunos supuestos seres humanos) que me dan miedo o que me producen desasosiego. Entre estas especies animales se encuentran los buitres, esas aves negras que comen la carroña y que emiten sonidos inquietantes. Los buitres intuyen la muerte y van conformando círculos en el aire esperando poder avalanzarse sobre una presa.

Existen algunos seres humanos, o colectivos, que a mi parecer se comportan como los buitres. Olfatean la debilidad de los otros, esperan que sus defensas se debiliten y acto seguido atacan sin piedad. Me vienen a la cabeza al instante diversos ejemplos de carroñeros, como, por ejemplo, una parte significativa de las entidades bancarias en su relación con las familias que desahucian, sean cuales sean sus circunstancias, o como la actuación de aquellos que tienen como símbolo una gaviota o de los que ahogaron sus días en fiestas de puños y rosas en relación con la cultura.

Hace ya tiempo que me creo muy poco los discursos o las declaraciones de intenciones de los miembros del gremio político. La línea política cierta, allí donde se marcan de forma feaciente las prioridades, son los presupuestos. No existe, según mi criterio, ninguna política real que no lleve aparejada una línea presupuestaria y, por tanto, la presentación, debate y aprobación de los presupuestos es el acto político que más me interesa.

Analizando los presupuestos se puede observar a quién se quiere favorecer, a quién se perjudica, qué línea argumental se tiene, dónde se pone el acento de la actividad económica que los presupuestos pueden orientar, y sobre quién se hace recaer la crisis…Son la mejor manera de valorar qué intereses defiende quién y para qué. Y este ejercicio de estudio de los presupuestos lo hago con perspectiva en el tiempo, a medio plazo, porque si sólo analizamos un año a veces puede llegarse a conclusiones erróneas.

Pues bien, si analizamos los presupuestos generales del Estado entre 2009 y 2013 y el proyecto para 2014, observaremos que las partidas destinadas a cultura han disminuido nada más y nada menos que un 44%, ¡que se dice pronto! Y si nos fijamos en los dos últiños años, veremos que en 2013 disminuyó un 19,6% respecto de 2012, y las previsiones para el 2014 son de rebajar las partidas sólo un 0,7% respecto de 2013. Por eso hacía énfasis en el factor ‘serie de tiempo’, porque sino, por ejemplo, podríamos llegar a falsas conclusiones si sólo nos detuviéramos en el proyecto para 2014. ¿Porqué en 2014 la disminución és sólo del 0,7% respecto del año anterior?, ¿porque ya no se puede bajar más, porque existe el riesgo de muerte o de heridas irreversibles de la criatura o tal vez sea porque ahora se les ha despertado un desconocido interés por la cultura? Sólo decir que estos recortes continuos nos acercan más a una situación a la griega que a una situación a la italiana, por poner dos ejemplos de países que viven también bajo el peso de los recortes.

¿Y en qué sectores bajan las partidas? Prácticamente en todos: el cine, un 12,39%; archivos, un 14,2%; bibliotecas, un 8,5%; museos, un 3,7%; promoción de libros y publicaciones, un 3,5%; fomento de las industrias culturales, un 2,3%; protección del patrimonio histórico, un 10,1%; promoción y cooperación cultural, un 11,8%; conservación y restauración de bienes culturales, un 9,9%; y ayudas para incrementar la oferta legal de contenidos digitales culturales en internet, un 24%.

¿Pero existen sectores que ven aumentadas sus partidas? Pocos, pero sí: teatro, un 53%; música y danza, un 25%; y el flamante Instituto Cervantes (que no beneficia directamente a los contribuyentes), un 27%. Es decir, se privilegian los espectáculos en directo (los que llegan a un mayor número de ciudadanos) y se olvidan las infrastructuras culturales, las que permiten salvaguardar la memoria y proyectarla hacia el futuro. ¿Se quiere tal vez atajar o disminuir las broncas y se castiga a los que tienen poca capacidad de presión? Podría ser, pero en definitiva nos hallamos ante una política ‘a la manera de buitre’. Resulta también muy llamativo el reparto territorial de estas ayudas con un sesgo claramente recentralizador.

Ya sé que ésta no representa la totalidad de la inversión cultural que hacen las Administraciones públicas en el conjunto de España, pero no deja de ser significativo y de marcar tendencia. El Gobierno del estado español, si nos atenemos a los presupuestos, minusvalora la cultura con recortes constantes (perpetrados por unos y otros), favorece la cultura de contacto o de interfase, quiere ahorrarse problemas con los protagonistas de los espectáculos en vivo, no tiene ninguna política a medio plazo porque continúa debilitando las industrias y las infrastructuras culturales y establece criterios territoriales espectacularmente rancios. Nos querían hacer creer que eran gaviotas o rosas, pero en realidad son unos buitres. Será necesario que los sectores culturales renazcan cual Ave Fénix, y además será preciso que ello acontezca pronto porque de hecho los buitres ya van haciendo sus circunvalaciones…

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