A favor del arte y de los artistas

Hace ya tiempo que pintan bastos para el mundo de la cultura en general, y para las artes visuales en particular. Es cierto que llegamos a esta situación porque vivimos en un contexto bien determinado: estamos en medio de una grave crisis que comenzó siendo financiera, y que después se ha convertido en económica, social y sistémica en lo que se refiere a nuestro sistema de valores; no se ha querido enfatizar, por parte de los principales actores del mundo del arte, su potencial como factor de desarrollo económico; existe una insuficiencia de reconocimiento de los beneficios sociales que se pueden derivar de la actividad artística; es preciso señalar una muy significativa falta de análisis, de datos y de planes estratégicos por parte del sector; hemos estado inmersos en una política de construcción de grandes infraestructuras pero, al mismo tiempo, ha existido una falta de recursos para el fomento de la creatividad; y todos los feudalismos, corporativismos y capillitas del mundo del arte se han preocupado más de tirarse del moño que de trabajar juntos, aunque también es cierto que la solidaridad es más difícil de establecer en tiempos de sequía (ambiental y presupuestaria). Es decir, todos tenemos parte de culpa y todos somos parte de la solución. Y cuando digo todos me refiero a los diferentes actores del sector (artistas, coleccionistas, críticos, galeristas, curadores, medios de comunicación, gestores…).
En este contexto se han puesto en evidencia, más que nunca, las carencias del sector: tenemos deficiencias educativas graves en relación al arte y al mundo del arte (y en todos los escalones de la escala académica o para-académica); estamos afectados por una crónica falta de planificación (tendemos a hacerlo todo para el futuro onmediato); estamos confrontados a un mercado inestable (con tendencia a la baja y con la práctica exclusión de las clases medias que aseguraban la viabilidad de algunos sectores); algunos actores del mercado (y, significativamente, algunos grandes coleccionistas y galeristas) han alimentado una especie de “burbuja artística”; hay una más que alarmante ausencia de política fiscal coherente (el mecenazgo se lo toma la admnistración central como una broma o un diletantismo); y hay, y habrá, una caída significativa de la financiación pública.
Y tal vez sea precisamente ante este contexto y ante estas carencias, que es necesario proclamar alto y claro, y más que nunca, que el arte fortalece la identidad cultural de un pueblo y que el arte prestigia a ayuda a la proyección internacional de un país. Y de ejemplos de ambas cosas tenemos en abundancia.
Existe, no obstante, una sensación, y tal vez más que una sensación, que determinadas políticas, que determinadas decisiones (básicamente públicas), tienen incidencias negativas sobre el arte y sus actores, sin que esto parezca preocupar en demasía a los que las adoptan, tal vez porque aun no se conoce a nadie que haya perdido unas elecciones por una determinada política cultural. Pero debe irse con cuidado conn este tipo de cálculos porque no hay nada que corra más rápido ni que agrupe a más gente que el sentimiento de malestar.
Pero también creo que no es suficiente en ser la contra de la contra, me parece que no es muy útil ir contra los que van contra el arte o los artistas. Por ello me parece más interesante proponer un primer listado de temas que el mundo del arte necesitaría asumir para poder revitalizarlo de forma estable. A mi entender, necesitamos:
-garantizar la continuidad del tejido institucional, empresarial y profesional existente,
-elaborar un programa, consensuado y a medio plazo, de presencia internacional,
-medir el impacto de los recortes presupuestarios (cuidado en no matar a la criatura por inanición),
-fomentar la creatividad, en detrimento del ‘construccionismo’,
-poner en marcha estructuras de fomento de la actividad creativa (casas de artistas, política de stages, estudios colectivos de trabajo,…),
-acelerar la puntualidad en los pagos (no hay negocio que resista el vivir a crédito y que los intereses se coman el margen de beneficios),
-construir una verdadera y estable política de incentivación fiscal,
-en el marco de la política fiscal, establecer beneficios para las donaciones, daciones y adquisiciones de obras de arte y de bienes de interés cultural por parte de particulares o de empresas,
-establecer un IVA razonable, que no puede ser en ningún caso el más alto posible o equiparado con los productos de lujo,
-elaborar y poner en marcha un plan de educación artística (especialmente dirido a los niveles educativos obligatorios),
-avanzar aun más hacia la consolidación de estructuras profesionalizadas de gestión,
-crear espacios de encuentro y de ‘cross-fertilization’ de los diferentes actores y agentes que intervienen en el mundo y en el mercado del arte,
-reconocer el papel de cada actor en la creación de la cadena de valor artística,
-redimensionar las ferias de arte y trabajar más vía redes sociales,
-reformular la actual política de falsa y abusiva protección de los derechos de autor que sólo actúa como freno para la difusión del arte,
-buscar activamente las colaboraciones público-privado en toda la escala de la creación y de la difusión artísticas, con una especial consideración para las galerías de arte.
Héte aquí algunas ideas para el debate. ¡Pero es necesario que el debate se haga!

Etiquetas: Arte, artistas

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