Galeristas enzimáticos

Siempre me ha parecido lamentable la separación estricta entre las ciencias y las letras, entre los hombres y mujeres de ciencias y los hombres y mujeres de letras, como si un científico no pudiera interesarse por las cosas del espíritu y un humanista no pudiera interesarse por el progreso científico y tecnológico. Esta división estricta del conocimiento se ha convertido en un campo abonado para el desconocimiento mútuo y para la ignoracia sobre aspectos fundamentales de la vida en común.
Tal vez por ello, en este artículo mezclaré a conciencia el trabajo de algunos galeristas con la química (un campo del saber en el que los catalizadores son bien conocidos) y con la biología (un campo del saber en el que los enzimas están al orden del día).
Efectivamente, los enzimas son moléculas de naturaleza proteíca que catalizan reacciones bioquímicas, siempre que éstas sean termodinámicamente posibles. Un enzima hace que una reacción química que es energéticamente posible, pero que se produce a una velocidad muy baja, sea cinéticamente favorable, es decir, que vaya a mayor velocidad que sin su presencia. En biología humana, se sabe que casi todos los procesos celulares necesitan enzimas para que tengan lugar en niveles significativos.
En estas reacciones, los enzimas actuan sobre unas moléculas denominadas sustratos, que se convierten en moléculas diferentes llamadas productos.
Los enzimas, pero, difieren de otros catalizadores porque son más específicos.
Por otro lado, también comentar que la actividad de los enzimas puede ser afectada por otras moléculas, los inhibidores enzimáticos, que son moléculas que disminuyen o impiden la actividad de los enzimas; mientras que los activadores son moléculas que incrementan esta actividad. También señalar que una gran cantidad de enzimas requieren la existencia de cofactores para su actividad.
Y para acabar de poner todo el decorado, debemos referirnos a los coenzimas que no son más que pequeñas moléculas orgánicas que transportan grupos químicos de un enzima a otro.
¿Y qué tiene que ver un galerista con todo esto? Pues bien, todo.
Un galerista es un enzima del mundo del arte que permite que se pueda establecer una relación, que puede acabar en reacción, entre un artista, un crítico de arte, un coleccionista y una institución, por poner un ejemplo. Esta relación/reacción podría producirse, pero el galerista hace que se produzca a mayor velocidad.
De todos modos, para que el enzima/galerista pueda favorecer la reacción, es necesario que ésta sea energéticamente posible, lo que significa que el crítico de arte, el coleccionista (público o privado) o cualquier otra persona o institución interesada deben sentir que se produce una reacción positiva ante la obra. El galerista puede favorecer la reacción pero no puede asegurarla, y debe jugar, a mi juicio, un rol de consejo pero no decisorio.
He dicho también que es preciso que exista un sustrato para poder obtener un producto. El sustrato, básicamente, son los coleccionistas y los amantes del arte en general. Si no existen, el galerista no puede empujar ningún tipo de reacción, y el producto final que es el contacto y/o adquisición de una obra no podrá producirse. Por eso, la coalición galerista-coleccionista es indispensable, si se quiere que exista un mercado del arte y que los productos generados por los artistas tengan salida.
En el texto he hablado también de los inhibidores enzimáticos. De hecho, en el mundo del arte hay unos cuantos. Son inhibidores enzimáticos las obras que por su dimensión, precio o temática no pueden interesar a los coleccionistas (en especial, a los privados sin una gran fortuna); lo son también las medidas fiscales que tienden a encarecer, y a desfavorecer, las operaciones de compra-venta; lo son igualmente los discursos críticos incomprensibles, oscuros y difusos; y lo son, en la misma línea y sin querer ser exhaustivo, los buscadores de gangas y los especuladores.
Los enzimas son más específicos que otros catalizadores: efectivamente, los galeristas deben especializarse; deben conocer bien sus productos y sus clientes así como los fundamentos de la historia del arte y de las técnicas artísticas y deben dar consejos útiles y ponderados a sus clientes, basando esta relación, preludio de reacción, en la honestidad y la confianza mútua.
Para acabar, querría comentar la existencia de cofactores. Efectivamente, una buena relación producto-galerista y artista-galerista don imprescindibles para establecer las bases de una buena reacción galerista-coleccionista, en la que todos los ángulos de la figura geométrica deben salir beneficiados, económicamente y espiritualmente.
Y es así como resulta imprescindible la figura del galerista enzimático: siempre que la reacción sea posible, que exista un sustrato adecuado, que existan productos, que se haya desarrollado un grado adecuado de especificidad, que los cifactores existan y que los inhibidores puedan ser contrarestados.
Gran, y tal vez complejo, programa, pero necesario para producir reacciones artísticas de calidad. El tipo de reacción que el mundo del arte necesita más que nunca.

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