Castelao, grabador

Si hay dos dimensiones que pueden definir a Alfonso Rodríguez Castelao son popularidad y galleguismo. Castelao es especialmente popular en Galicia y en países de emigración gallega (especialmente en Argentina) y se le conoce también en España como paradigma de la Galicia democrática, renovadora y artística.

La fase más productiva de Castelao corresponde a los años 20 y 30 del siglo XX. En esa época, el recién nombrado miembro de la Real Academia Gallega, publica el primer volumen de Cousas (1926), los álbumes Nos (1931), Galicia Mártir y Atila en Galicia (1937) y, ya en Nueva York, Milicianos (1938). Durante toda esta época pronuncia también numerosas conferencias de temática cultural e intención divulgativa. También es la época en que concilia este galleguismo con la apertura allende las fronteras, por ejemplo, con la obra As cruces de pedra na Bretaña (1930).

La popularidad y la dimensión artística de Castelao en esos tiempos convulsos (dictadura de Primo de Rivera, IIª República, alzamiento de los rebeldes franquistas, guerra civil y emigración o exilio) se ponen al servicio del galleguismo para atraer la atención y la solidaridad hacia esta causa.

Castelao, consciente de su compromiso político y moral, abandonó la pintura y los temas folklóricos, con campesinas valientes y trabajadoras, para pasarse al arte comprometido, como base para provocar un cambio político. Lo que antes era gesto humanista pasa, sin dejar de serlo, a activismo político. Este cambio estilístico-temático (apreciable ya en Nos) presenta paralelos en la Europa del momento: en Alemania, artistas como Käthe Kollwitz, Max Beckmann o Adolph Menzel ponen su arte al servicio de la resistencia anti-nazi. Ya antes, George Grosz y los otros creadores de la revista Der Simplicissimus, a quienes Castelao admiraba, habían hecho el paso del arte estético al arte con función apelativa.

Pero, a diferencia de Grosz, en la obra de Castelao existe una crítica de lo religioso pero no de la religión; hay crítica social, pero es constructiva; porque el objetivo de Castelao es la República, un objetivo objetivamente modesto de establecimiento de un orden democrático.

El gusto de la gente normal”, término indefinido por antonomasia, constituía un criterio para Castelao. Se esforzaba por producir un “arte comprensíbel e moi agradábel”, un criterio que supuestamente impregnaba las obras de Lionel Feininger, que vió durante su estancia en Múnich. Como resulta también sintomática su estimación por la pintura “bien hecha”, propia tanto del autodidacta como del gran público. En consecuencia, las observaciones de Castelao sobre las obras que contempla se reducen a aspectos formales: describe los grabados de Käthe Kollwitz como “con liñas moi fortes”…

En resumen, la forma, desde el punto de vista estilístico, se rige en Castelao por 3 principios: el aprecio por las Bellas Artes; el deseo de ser popular y el compromiso nacionalista y la necesidad de la proximidad física de Galicia.

En este sentido, debe señalarse que Castelao se sirve de formas y fórmulas tradicionales pero dotándolas de un nuevo sentido, limitándose a esquemas de amplia y probada popularidad. Si observamos el grabado Matáronlle a un fillo, vemos que se inspira en las clásicas pietà italianas. Otro ejemplo se encuentra en Imáns (de Milicianos), donde una figura inclinada lleva a cuestas a un soldado, una imagen que recuerda a San Cristóbal llevando al Niño Jesús. Este grabado de Castelao sintetiza el tema de la caridad cristiana, ampliamente representado en la iconografía clásica.

Castelao, "Mujer recogiendo a un fusilado", litografía, c. 1937

Castelao, “Mujer recogiendo a un fusilado”, litografía, c. 1937

En cuanto a la técnica, el método de Castelao resulta aun más evidente: el dibujo a lápiz, o con tiza y, sobre todo, el grabado son medios con grandes posibilidades de difusión popular. Con esta elección, Castelao continúa la tradición iniciada por Goya, quien fue pionero de esta técnica como medio más adecuado para la expresión de la crítica social y política. Además, la línea de Castelao es clara y contundente: los contornos nunca desaparecen, todo está al servicio de la comprensibilidad.

Respecto del arte de Castelao al servicio del galleguismo, las manifestaciones más directas son las caricaturas en El Noroeste, en Galicia, en Nova Galicia, etc., puesto que se refieren a los problemas de la actualidad cotidiana (caciquismo, minifundio, pobreza, uso del gallego) y se mofan de las autoridades locales.

Por otra parte, Castelao es, históricamente, un simbolista tardío. Pero, los labradores de Castelao con los aperos de majar el cereal, ¿son víctimas de un injusto sistema agrario o hay en esos útiles levantados un elemento de amenaza, que presagia un inminente alzamiento campesino? En esta ambigüedad hay un cierto hermetismo, y este simbolismo hermético sería interesante estudiarlo más a fondo.

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