Censura china y estupidez nórdica

Censura china y estupidez nórdica

En los países del sur de Europa tenemos una tendencia, casi instintiva, a considerar a los países del Norte, y a sus gentes, como formando parte de unos sistemas muy democráticos, civilizados y abiertos. A mi juicio, por el hecho de haber tratado con numerosos nórdicos por cuestiones laborales, la realidad es algo diferente. Más bien considero que son, en general, muy cerrados respecto de sus convicciones, muy poco flexibles y más bien tirando a autosatisfechos, y con algunos toques de racismo, que no se expresan nunca públicamente pero que subyacen en el ambiente.

Mi opinión, que puede ser algo severa, se ve confortada por una experiencia reciente que ha padecido el gran artista chino Ai Weiwei con una empresa danesa, Lego. Pues sí, los pequeños ‘lego’ no son tan intrascendentes como podría pensarse, sino que pueden convertirse en un síntoma de la soberbia, retrógrada y políticamente virulenta sociedad danesa.

Efectivamente, el pasado mes de septiembre, el artista hizo un pedido de piezas Lego a esta empresa danesa. Ai Weiwei deseaba realizar una obra con destino a la National Gallery of Victoria, en Melbourne (Australia). Pero la firma rehusó enviarle el pedido alegando que “no aprueba la utilización de los Lego con fines políticos” (sic), según explicó el artista disidente chino en su cuenta de Instagram el pasado 24 de octubre. Una publicación que ha comportado un alud de reacciones en las redes sociales.

Como reacción a esta posición de la empresa, Ai Weiwei comunicó el 26 de octubre que iba a realizar su propia recolecta entre particulares, con la finalidad de recaudar las piezas que necesita para realizar su obra. Muchas personas ya han propuesto a Ai Weiwei de hacerle llegar esas ‘preciosas’ piezas, y otras a su vez están organizando puntos de recolecta en diferentes ciudades.

El artista chino ya había utilizado este tipo de piezas el 2014, creando unos retratos gigantes de disidentes políticos del mundo entero, para una exposición que se organizó en la antigua prisión de Alcatraz, cerca de San Francisco. Y contaba hacer lo mismo este año en Melbourne.

El artista también ha puesto el dedo en la llaga al hacer público que la firma británica Merlin Entertainments, propietaria y gerente de los parques de atracción Legoland –que utilizan el universo de la marca danesa-, anunció a principios de noviembre en el marco de la visita del presidente chino Xi Jinping al Reino Unido, su intención de construir un parque nuevo en Shanghai. Curiosamente, la casa madre de Lego, Kirkbi, posee una participación del 30% en Merlin…

En un comunicado enviado al periódico The Guardian, la sociedad Lego quiso desmentir esta noticia afirmando que el parque había sido vendido hace diez años y que sólo quieren “consagrarse a facilitar una experiencia de juego creativo a los niños” y que desean “abstenerse –a nivel mundial-, de cualquier implicación o de avalar la utilización de piezas Lego para proyectos o acciones que tengan finalidades políticas”, añadiendo además que “este principio no es ninguna novedad”.

En las redes sociales, muchas personas han mostrado su apoyo al artista mediante la fórmula #legosforweiwei. Por su lado, el artista, bien conocido por su capacidad  provocativa, ha ido publicando fotos donde aparecen logos flotando en una taza de wáter (guiño Duchamp). Tal vez sea ahí donde las piezas de lego se encuentran más a gusto…

Lo cierto es que las autoridades chinas continúan ejerciendo la censura, sin desmayo, en su territorio e incluso en el exterior, utilizando su potencia económica y demográfica, y esta vez con el apoyo de la estupidez nórdica, unas sociedades muy severas con los disidentes y los pobres pero extraordinariamente complacientes con los poderes y el dinero… ¡Pero estupidez, al fin y al cabo!

Etiquetas: cen

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