Clones

Estrella de Diego publicaba hace poco en el diario “El País” (13/1/2017) un interesante artículo  titulado “Colecciones clonadas”, cuya tesis principal podríamos resumir en que la tendencia a la uniformidad de las colecciones de arte actual arroja un saldo de museos de piezas apabullantes pero escasos de alma.

En un artículo anterior (“Inflación”) ya indicaba cómo las ventas en subastas de obras de artistas contemporáneos (piezas a partir del final de la Segunda Guerra Mundial) se habían multiplicado por 4,25 veces entre el 2005 y el 2015. Es decir, que ha habido y hay una carrera desbocada por adquirir piezas de artistas contemporáneos, un mercado ávido de novedades, gente o instituciones con mucho dinero que hacen y deshacen carreras y un círculo vicioso formado por galeristas planetarios-críticos de arte bien remunerados-instituciones museísticas siempre dispuestas y diseñadas por arquitectos-estrella o estrellados y coleccionistas decisores, que marcan las pautas del mercado, unas pautas que convienen a sus intereses de clan, grupo o tendencia.

Y lo que produce este círculo vicioso y estas reglas de juego son museos con salas enormes, que aun así se ven asfixiadas por obras formidables que sirven de fondo de los selfies del personal. Como indica Estrella de Diego “en medio de tanto exceso cuesta distinguir lo bueno y desentrañar lo mejor y cada cosa adquiere un aspecto casi chabacano por la exuberancia”. Se puede decir más alto o se puede escribir con un cuerpo de letra mayor, pero no se puede decir más claro…

Es tanto lo que se adquiere que, a veces, da la impresión de que los cuadros se agolpan, se pisotean y se hacen reiterativos. Esa es, cuando menos, la percepción de la articulista respecto de la sala de Cy Twombly en el recientemente inaugurado The Broad Museum en Los Ángeles.

 

Y cómo no hay criterio expositivo (más que ‘que haya de todo y que no falte de nada’), resulta que acaba habiendo muchas obras, algunas prescindibles, y todo se hace con el objetivo de sustentar colecciones que sean ‘políticamente correctas’ en las que no falte ninguno de los grandes nombres consagrados. La consigna es que no hay que moverse del discurso estético dominante y ello conduce a colecciones clónicas, todas más o menos equivalentes, con los nombres que los canonistas han establecido, al precio que sea, y para poder estar en el circuito de los iniciados connoisseurs del mundo del arte contemporáneo.

Al final resulta, paradojas del tiempo y del espacio, que las colecciones de maestros antiguos (las que podríamos denominar ‘clásicas’) son menos predecibles que las contemporáneas. De hecho, el Prado tiene poco que ver con la National Gallery de Londres o con el museo del Louvre de París, porque cada una tiene puntos de inicio diferentes, distintas relaciones con el poder y distintas influencias, y cada una es reflejo de los gustos imperantes en esas sociedades a lo largo de los siglos de construcción de su propio canon artístico.

Por el contrario, las colecciones de arte contemporáneo aspiran a exponer a los mismos artistas reconocidos internacionalmente, presentan homogeneizaciones poco o nada arriesgadas y van a lo seguro para ser reconocidas por sus pares. Y ello hace que pasen a un segundo plano los artistas locales, cuando lo interesante y lo que diferencia es poderlos conocer in situ en lugar de conformarse con piezas de segundo nivel de los artistas que siempre están en todas partes. Porque tal como detallábamos antes cuando definíamos el círculo vicioso, los compradores y decisores de los museos están bien presentes en el juego y tienen un papel de primer orden en la legitimación del modelo, un modelo uniformista y, en ocasiones, con intereses espúreos.

Pero también es cierto en el campo del arte contemporáneo el viejo adagio de “¿dónde va Vicente? Dónde va la gente”. Hay más colas en los museos clónicos que en los pequeños museos singulares, porque el círculo vicioso es muy potente y porque el marketing lo invade todo. ¡Menos mal que aun no llaman a casa a cualquier hora ofreciendo entradas a mejor precio! De momento…

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