Contra la barbarie

Käthe Kollwitz, "Tod mit Frau im-Schoss" 1921.

Käthe Kollwitz, “Tod mit Frau im-Schoss” 1921.

Escribo bajo el impacto del atentado contra la redacción de la revista satírica francesa “Charlie Hebdo”, perpetrado, según parece, por terroristas islámicos la mañana del miércoles 7 de enero en París, una ciudad en la que he residido, donde tengo amigos y a la que amo.

Escribí hace ya unas semanas un artículo que llevaba por título “¿Encerrados en la torre de marfil?”, http://www.gelonchviladegut.com/blog/encerrados-en-la-torre-de-marfil/. Lo suscribo completa y plenamente, de cabo a rabo, y hoy más que nunca.

No siempre he estado de acuerdo con el contenido de Charlie Hebdo, pero quiero discrepar abiertamente. Quiero tener la oportunidad de expresar mi desacuerdo civilizadamente, pero no quiero que nadie se auto-otorgue la categoría de policía del pensamiento, que nadie me arrebate la libertad de discrepar en el marco de la convivencia.

Pero debo confesar que tengo miedo, que tengo mucho miedo de que el miedo gane la partida, de que los que nos quieren imponer el silencio lo consigan poco a poco.

Tengo rabia, mucha rabia, de asistir impotente a estas masacres, y a las masacres en Siria e Iraq y a las de los cristianos de Oriente. Y rabia de ver como menosprecian a las mujeres, de ver como secuestran a unas adolescentes en Nigeria y las ‘convierten’ contra su libertad e integridad.

Estoy harto, muy harto, de debates sobre si hablamos del Islam en Francia o del Islam de Francia, del Islam de Europa o del Islam en Europa, mientras estos locos fanatizados matan sin piedad. Y temo que los musulmanes sean cómplices o víctimas colaterales de esta locura.

Estoy harto, muy harto, de los que nada dicen ante el horror; de las medias tintas; de los que consideran que siempre debemos estar en una especie de baño-maría de lo políticamente correcto, porque resulta más fácil no encararse con las situaciones; de los que miran siempre hacia otro lado; de los justos y legalistas a beneficio de parte; de los que dividen a las personas y a las causas en buenas y malas siempre que ellos decidan quienes son unas y otras.

Estos terroristas, estos fanáticos, estos asesinos que perpetran estos atentados y estas masacres odian también el arte. Prohíben la música porque es impía y puede propagar el pecado, prohíben algunas muestras de arte porque no están de acuerdo con sus interpretaciones seudo-alucinadas de los textos coránicos, odian la cultura en general, porque la cultura hace libres a las personas y esto no les interesa. Quieren corderos dispuestos a ir al matadero sin preguntar. No quieren, no les interesa, gente que pueda pensar por su cuenta, por eso no les gusta la actividad artística, si ésta se desarrolla en condiciones de libertad creativa.

El mundo occidental, nuestra cultura, nuestra manera de vivir y de convivir, tienen muchos problemas, y probablemente muchos defectos, pero lo prefiero a la barbarie, al odio, a las teologías absolutistas, al fanatismo y a la intolerancia de otros modelos de sociedad. Sé que mi sociedad y nuestra manera de vivir no son perfectos, pero son los míos. Construirlo nos ha llevado siglos de guerras, de dolor, también de barbarie, pero hemos sido capaces de construir equilibrios para que la convivencia sea no sólo posible, sino enraizada y anhelada. Y quiero mejorarla, no que otros la destruyan.

Y una última cosa, no quiero olvidar, no olvidaré a los muertos inocentes por defender su libertad, su integridad, sus creencias, porque, aun no estando siempre de acuerdo, también son las mías.

Etiquetas: Arte, política

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