Arte / dinero

A la cuestión de saber qué tienen en común los artistas, los galeristas y los coleccionistas, unos responderán que al arte, otros que el dinero y todos tendrán razón. Entre el último libro de Anne Martin-Fugier, ‘Collectionneurs’ (Actes Sud, 2012) y el de Judith Benhamou-Nuet, ‘Les artistes ont toujours aimé l’argent’ (Grasset), lo que hay en común es la dificultad de saber vislumbrar un orden, una lógica, una moral, un sistema e incluso una historia de las relaciones entre el dinero y el arte. Es por ello que la lectura de estos libros resulta palpitante: ¿encontraremos al final una respuesta convincente? ¿quién corrompe, domina al otro? ¿Quién es más fuerte que el otro? ¿Quién ha ganado?
¿Existe un artista que no piense en el dinero? Entre los grandes maestros a los que Benhamou-Nuet pasa revista, de Durero a Damien Hirst, pasando por Van Gogh y Chardin, no ha encontrado ni uno. Y sin embargo pintan, es decir, hay un momento en que se olvidan del dinero que les puede suponer, o no, esa obra. En esos momentos, están en la euforia creadora, en un determinado punto de locura.
Del mismo modo, el coleccionista, en el momento de caer prendado por una obra, olvida su precio, su valor especulativo: simplemente le gusta, la quiere, y, en general, antes de saber incluso de quién es, quién es su autor, de qué epoca, o cuanto piden por ella. En estado salvaje, este coleccionista estaría dispuesto a matar por adquirirla. Lo que se lo impide es precisamente este invento que nos permite salir del estado salvaje: el dinero. Contrariamente a lo que los bienpensantes les gusta, el deseo de dinero, e incluso el amor por el dinero, es lo que salva a los artistas de la locura.
Judith Benhamou-Nuet nos recuerda que la imagen de un Van Gogh miserable e ignorado de todo el mundo no es más que un mito. En realidad, no tenía problemas de dinero. Y fue su muerte prematura así como la de su hermano Theo lo que les impidió de realizar lo que habían puesto los dos a punto: uno de los más fabulosos golpes especulativos de la historia del arte. Asímismo, el autor de ‘Warhol TV’ y de las ‘Obras más caras del mundo’, cita con precaución la anécdota de un Picasso que cuenta y recuenta los centenares de billetes de banco que guarda en su maleta (¡tras la de Newton, hace falta ver lo que los grandes de este mundo pueden esconder en sus maletas!).
E incluso osa establecer o intuir paralelismos que no dejan de ser una especie de saltos cuánticos entre los maestros antiguos y los grandes valores contemporáneos: Murakami y el Greco, Zeng Fanzhi y Canaletto, auténticos genios de la plancha de hacer billetes, aunque también es necesario precisar que el valor del dinero no representa lo mismo en el siglo XVI que hoy en día y que, además, el artista no ocupa el mismo puesto de una época y de una civilización a otra.
Que los artistas hayan tenido necesidad de dinero para vivir (y para crear) ya nadie lo pone en duda. Que, en expresión de Benhamou-Nuet más o menos feliz, hayan “siempre amado el dinero”, sólo es una indiscreción que nos permite constatar, si existe, una modificación de las obras y para juzgar el valor de esta influencia. El libro, desgraciadamente, es demasiado corto como para permitirnos ahondar sobre esta cuestión, para ahondar con precisión, salvo en el último capítulo consagrado a Magritte, cuya historia la autora contrapone a la del artista contemporáneo Wim Delvoye, belga asímismo.
Más incluso que Picasso (el superproductor) o Dalí (con su mote ‘Avida dollars), tras Duchamp pero antes que Warhol, René Magritte, “productor de ideas pictóricas”, abre el camino más peligroso: él afirma que no vende pintura, sino que vende una idea, de manera que nos hace abandonar el criterio antiguo según el cual el valor de una obra se basa en el reconocimiento del trabajo del artista, para introducirnos en el criterio incierto en el que la originalidad del pensamiento es lo que cuenta, así como la visión desencadenante de cómo quedará en la pared en la que van a colgarlo, para incentivar la compra por parte del coleccionista.
Lo que cuenta la historia del arte es también la relación entre los hombres y su genial criatura, cada vez más presente y poderosa: el dinero. Anne Martin-Fugier ya había publicado en 2010, ‘Galeristes’: se trata de una serie de entrevistas de los que se desprenden unos retratos, de los que se puede deducir, afortunadamente, un paisaje cultural de los más optimistas en que la pasión entra en disputa con la perseverancia, y la generosidad con el discernimiento. Porque, afortunadamente también, uno puede observar la diversidad de gustos, de recorridos, de caracteres y de fortunas que presentan. Símbolo de la heterogeneidad en la aproximación y en la recepción actual del arte.
Sin cinismo, tal vez podríamos decir que hablando de galeristas, de coleccionistas o de artistas, nuestras dos autoras lo que han hecho, cada una a su manera, es reflexionar en cómo amar a los ricos.

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