Escultores… y Grabadores

RENOIR, Pierre-Auguste "Nu allongée".

RENOIR, Pierre-Auguste “Nu allongée”.

En el siglo XX, muchos de los escultores más importantes fueron también grabadores, y algunos de ellos muy prolíficos y comprometidos. Mientras que las superficies relativamente planas de los grabados no parecía que pudiesen ofrecer incentivos significativos a unos artistas cuya visión se afirmaba de forma natural en lo tridimensional, la realidad es que existe una amplia gama de grabados realizados por escultores que revelan que existe una relación distinta entre los dos tipos de prácticas. A diferencia de los dibujos o de los estudios para esculturas, los grabados son realizados por los escultores como algo genuino y completamente nuevo. Algunos escultores se adentraron en el grabado por el placer o el desafío que suponía tener la oportunidad de confrontar su capacidad creativa a nuevos materiales y técnicas y para llegar a otros públicos. Para los escultores, que deben tener en cuenta para sus obras las relaciones abstractas entre conceptos como masa, peso y los efectos formales y psicológicos de formas positivas y negativas, el grabado ofrece la posibilidad estimulante de trabajar ideas antes de, o en tándem con, o subsiguiente a, procesos más arduos, largos y caros como es el caso de la producción de una escultura.

Esta no fue siempre la vía. La historia del grabado desde el siglo XV hasta el siglo XIX está casi enteramente dedicada a la reproducción de obras de pintores y, de hecho, no existen grabados significativos de ningún escultor importante. Las razones para ello inciden en la naturaleza inherente a la pintura o a las imágenes bidimensionales y al hecho de que los grabados intentan imitar los efectos de las pinturas o de los dibujos. Muy pronto eruditos y amantes de los grabados , como Giorgio Vasari en el siglo XVI y como Adam von Bartsch en el siglo XIX, estimularon el trabajo de los pintores. Como su objetivo era que los grabados fueran hechos por los propios pintores e impresos por grabadores profesionales, ello supuso que el modelo predominante fuera el del pintor-grabador, lo que excluía, casi por definición, la noción de escultor-grabador.

La nueva actitud de los escultores respecto del grabado está relacionada con el énfasis puesto por el modernismo en los materiales y en los procesos, y en su desinterés por el contenido pictórico o narrativo. Los aspectos físicos y táctiles de las técnicas de grabado, como la xilografía o el aguafuerte, fueron investigados por ellos mismos y ello permitió establecer una conexión entre los escultores, que conciben su obra de forma espacial y no pictórica, y los grabadores, que se han restringido tradicionalmente al campo de la obra bidimensional, una conexión que hallamos en la intersección existente entre materiales y técnicas comunes a ambas prácticas. El trabajo artesano -entendido como la capacidad de tallar, hacer incisiones o ensamblar, de forma completa y paciente, un objeto nuevo a partir de materiales determinados y con determinadas herramientas- es algo inherente tanto al grabado como a la escultura. Históricamente, esta correspondencia se ha venido manifestando por lo menos desde el siglo VII, cuando los Chinos empezaron a tallar piedras o a entintar bloques de madera para después imprimirlos. Cuando el grabado se desarrolló en Europa, alrededor de los inicios del siglo XV, lo hizo en el contexto de dos formas artesanales bajo-medievales: la incisión en madera, que dio lugar a la xilografía y el trabajo con materiales metálicos, que dio lugar al grabado. La colaboración técnica entre distintos profesionales también fue común tanto para los escultores como para los grabadores, de manera que los escultores trabajaban en su propio horno o en el de fabricantes profesionales con el fin de materializar su visión, mientras que los grabadores aprendían la ‘expertise’ técnica de la mano de estampadores profesionales en un taller. El concepto de realizar múltiples copias a partir de una matriz (habitualmente un bloque de madera, una plancha metálica, o una piedra pulida para impresiones; o bien un modelo o prototipo en el caso de la escultura) es algo también común a ambos medios.

De manera que en la Colección Gelonch Viladegut pueden verse, entre otros y en orden alfabético, grabados de Andreu Alfaro, Hans Arp, Miquel Barceló, Alexander Calder, Eduardo Chillida, Jean Dubuffet, Max Ernst, Roy Lichtenstein, Antoni Llena, Aristide Maillol, Giacomo Manzù, Marino Marini, Joan Miró, Henry Moore, Pablo Picasso, Jaume Plensa, Pierre-Auguste Renoir, Auguste Rodin, y Antoni Tàpies. Una lista de grandes escultores…que fueron o son, a la vez, ¡grandes grabadores!

Etiquetas: Escultura, grabados

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