Expolios de arte

Mediante un comunicado común de los representantes de la República Federal Alemana, del Estado libre de Baviera y del Sr. Gurlitt, hemos sabido recientemente que “el Sr. Gurlitt da su conformidad para que se continúe el trabajo de investigación desarrollado por la ‘task force’ y relativo al origen de las obras que se han reencontrado en su casa [más de 1700 pinturas en su casa de Múnich] y de las que no se puede excluir que se trate de obras provenientes de los expolios que se realizaron bajo el régimen nacional-socialista o de obras de arte que (en aquella época) fueron calificadas como degeneradas”.

Es mediante el uso de elementos de lenguaje casi diplomáticos que este comunicado pone un punto final (provisional) a uno de los episodios más significativos de los expolios de arte surgidos al final de la Segunda Guerra mundial. La razón aducida para justificar esta abundancia de precauciones relativas al comportamiento de la persona y del ‘patrimonio’ del Sr. Gurlitt se basaría en el hecho de que éste podría hacer prevalecer la prescripción de treinta años prevista por la legislación alemana, lo que significa que, de hecho, llegar a este acuerdo implica un gesto de buena voluntad por su parte.

Desde el punto de vista del derecho internacional, la situación es más compleja. Así, por ejemplo, una víctima francesa de un expolio podría solicitar a un juez francés la restitución de sus obras expoliadas tomando en cuenta como base la infracción de recelo o de blanqueo, a pesar del acuerdo del Sr. Gurlitt con las autoridades alemanas.

Por su lado, en Estados Unidos y el Reino Unido, el principio aplicable es que el título de propiedad sólo puede transmitirse si ésta ha sido adquirida de forma válida desde el origen y sin tener en cuenta el tiempo transcurrido. Lo cual, obviamente, deja mucho margen para la posibilidad de establecer procesos de reivindicación y, cuando menos, para bloquear cualquier transacción sobre la que exista la sospecha de que sea fruto de un expolio. La Dra. Constance Lowenthal ya lo establecía de este modo en 1998, cuando dirigía la Comisión de restituciones del Congreso Mundial Judío: “existen grandes diferencias entre la ley Europea y la de los Estados Unidos, el Canadá y el Reino Unido“, subrayando que “un ladrón no puede transmitir un derecho de propiedad, aunque el derecho de las víctimas pueda estar encuadrado en límites temporales”.

¿Qué ‘marchand’ o que coleccionista aceptaría, pues, comprar una obra sobre la que pese una sospecha de expolio cuando sabe que su reventa sería imposible en Nueva York o en Londres?

Pero dejemos de banda el debate técnico, que no es el esencial aquí, y centrémonos en el que sí lo es: todo gira alrededor del carácter de imprescriptibilidad, o no, del expolio, en este caso concreto, de bienes judíos por parte del régimen nazi. Pero, ¿por qué deberíamos definir este crimen como imprescriptible contrariamente al hecho de que la medida esencial de los hombres es el tiempo? Y, ¿porqué estas obras de arte en concreto?

El expolio de los bienes judíos se liga por capilaridad al genocidio, es decir, a un crimen que filosóficamente es distinto a los demás. Y esto es lo que será necesario tener muy presente en el desenlace jurídico de este caso. Deberán hacerse prevalecer los principios de imprescriptibilidad y de inalienabilidad, porque ésta es la base jurídica de aplicación a los crímenes cometidos por el régimen nazi contra los judíos, porque se trata de crímenes contra la humanidad y, en consecuencia, los crímenes contra los bienes de los judíos expoliados (incluidas las obras de arte) no deberían prescribir. Y ello aun a pesar de la manga ancha de la jurisdicción aplicable, en este caso concreto, al Sr. Gurlitt.

Etiquetas: Alemania, Arte, obra de arte

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