¿El arte puede mostrarlo todo?

Parece que ya está suficientemente establecido que el arte no debe enseñarlo todo, ¿pero es que puede mostrar todo? En nuestra época, como en todos los períodos de la historia, existen controversias, debates, tomas de palabra y de posiciones divergentes sobre este tema, y es por ello que ahora me gustaría expresar mi opinión al respecto.

Hay de todos modos una pregunta que es preciso formular de entrada: ¿qué se entiende por arte hoy en día? Una de las cuestiones centrales de la creación contemporánea es justamente ésta: quién decide qué es arte. La creación contemporánea no para de poner en cuestión la frontera de los límites, la frontera entre aquéllo que es o no es arte.

Y esta pregunta en realidad está enmascarando otras: ¿mostrar dónde? ¿y a quién? A mi entender, en arte puede mostrarse todo, excepto la ausencia de arte, pero no a todo el mundo. Contrariamente a la publicidad que se impone a nuestra visión en el espacio público, entrar en un museo o en un teatro es un acto voluntario, y por eso debería censurarse menos lo que allí se expone que no la publicidad que invade nuestras calles o la TV. Debería censurarse menos una novela o una película que las actualidades televisadas que nos detallan cada día a la hora de comer crímenes horribles y violencias inauditas. Entrar en un establecimiento cultural crea una distancia, se sabe a dónde se va: debería ser un espacio abierto, que debería de poder jugar el rol de receptáculo de un choque emocional.

Otra cuestión central en este debate es la de la función del arte, y es que esta función respecto de la relación con la sociedad cambia según se le atribuya una voluntad de distracción o más intelectual. De todos modos, el arte no puede escabullirse de su contexto: no vamos vírgenes a confrontarnos con una obra de arte, nos aproximamos a ella con nuestro bagaje (moral, intelectual, educativo, etc.) y esto puede explicar las diferentes reacciones de las personas a una misma proposición.

El artista debe tener la capacidad de transgredir, de hacer avanzar, pero debe hacerlo mediante su creatividad, porque el arte no es tampoco sólo una pura provocación. Y debe reconocerse asimismo que existe una creatividad que nace en y de la confrontación entre autor y espectador, que puede haber una reactividad creadora frente a una propuesta. En esta confrontación, se hace avanzar para liberar, para buscar la excelencia, en el sentido de hacer surgir ideas, pensamientos y emociones, y no sólo para transgredir.

El arte, de todos modos, debe suscitar una primera emoción, un choque estético; después, puede surgir un pensamiento interior intelectualizado. El arte debe ser, a mi entender, un ‘plus’ que oxigene la sociedad, que abra los espíritus, que reproduzca o traduzca un mundo que es en sí mismo provocador.

En resumen, el arte no debe mostrarlo todo; puede mostrarlo todo, a condición de que cree un choque estético y una propuesta para hacer avanzar, pero importa el dónde y a quién. El escándalo gratuito, o incluso buscado, pertenece más al campo de la publicidad escandalosa que al del arte. El choque debe ser cultural, no debe consistir sólo en generar una confrontación mediatizada, no debe ir a la búsqueda del escándalo. Y es preciso que el artista preste también atención ante posibles recuperaciones en períodos de efervescencia, debe evitar las manipulaciones externas que podrían conllevar, como una especie de efecto boomerang, una autocensura. Es necesario que el artista evite la ausencia de cualquier tipo de espíritu crítico y debe evitarse asimismo que acepte cualquier tipo de transgresión por puro esnobismo.

Etiquetas: Arte, artistas

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