Los esmaltes de mamá

Los esmaltes de mamá

El 26 de junio hará cinco años que la sonrisa y el abrazo cálido de mamá nos faltan. Nos faltan mucho y nos faltan a todas horas.

Pilar Viladegut (1929-2010) tenía la palabra justa, guardaba siempre la distancia correcta respecto de las personas y de los hechos, buscaba la bondad y la belleza de la vida, y quería comprender más que juzgar, entender más que reñir, acoger más que rechazar.

Desde el punto de vista de la salud tuvo una vida no exenta de dificultades. Sufrió diversas operaciones quirúrgicas y padeció al final de su vida una enfermedad neuro-degenerativa que fue reduciendo su autonomía, pero se quejó poco, fue valiente, encaró las cosas tal y como venían, casi nunca perdió su sonrisa y, sobre todo, mantuvo siempre altas y fuertes las ganas de vivir.

Mi madre era una mujer con la curiosidad despierta, interesada por lo que sucedía a su alrededor y en el mundo. Lectora casi diaria de prensa, amante de los libros, miembro de un club de lectura, hizo que el pequeño mundo de su piso en Lleida y su círculo familiar y de amistades le ofreciesen la posibilidad de estar alerta y abierta a nuevas tendencias y a nuevos hechos, que nunca rechazó por principio.

Educada en la fe católica, practicaba un cristianismo abierto, más basada en el Dios misericordioso y acogedor que en un dios de castigos y prohibiciones. Tenía la fe de las Bienaventuranzas y desconfiaba de los supuestos perfectos y de los auto-considerados pluscuamperfectos que tanto abundan en contra de cualquier enseñanza evangélica.

Interesada siempre por el arte, al final de su vida, cuando papá se nos fue, retomó el gusto por aprender y experimentó con los pinceles y con el horno. Y de este maridaje salieron unos magníficos esmaltes, que reproducimos en el video que hemos colgado esta semana en la Web y que podéis visionar clicando aquí.

Me acuerdo de mi madre cada día, y su recuerdo más que una herida abierta es un bálsamo que me tranquiliza, me da fuerzas y, quiero creer, me hace mejor, a pesar de mí mismo. El recuerdo de mi madre es un agua transparente y vivificadora que me impregna y que me pide que sea, como ella lo fue, un espíritu libre, acogedor, abierto y pacífico. Seguramente que no llego a eso, pensaréis con acierto los que me conocéis, pero os aseguro que lo que pueda tener de bueno se lo debo a ellos, a mi padre y a mi madre.

Mis padres eran unas personas bien diferentes, con caracteres diferentes, creo que incluso con visiones diferentes de la vida y del mundo, pero se amaron siempre y es este amor sin fisuras, sin trampas y sin condiciones, lo que nos transmitieron con su ejemplo. Me gustaría pensar que, cuando sea más mayor, me pareceré a ellos. De momento, volveré a impregnarme de la delicadeza de los esmaltes de mamá en este video hecho por Pau, uno de sus nietos, esperando empaparme de su paz interior y de su belleza exterior.

Etiquetas: Esmaltes, Mamá

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