¿Los galeristas muerden?

¿Los galeristas muerden?

Me ha venido a la cabeza esta pregunta tras leer el titular de una entrevista a Gabriel Pinós, Presidente del Gremio de Galerías de Arte de Cataluña, que le realizó la redacción de una magnífica publicación cultural on-line en catalán que responde al nombre de Núvol. El titular de la entrevista en cuestión es: “Gabriel Pinós: Los galeristas no mordemos”. Y claro mi acto reflejo fue cuestionarme si alguien cree que los galeristas muerden…hasta el punto de que el Presidente del Gremio debe hacer unas declaraciones afirmando que no…

Pinós, una de las mentes más lúcidas del sector, dirige también la galería Gothsland y es cofundador del Museo del Modernismo de Barcelona, a parte que también estudia y recupera la obra de artistas catalanes, como es el caso de la obra parisina de Joan Cardona Lladós. Con este bagaje, Pinós está bien situado para saber que vivimos tiempos cambiantes y que los galeristas deben adaptarse a los nuevos escenarios. Constata que a la gente le cuesta entrar en las galerías y que lo que funciona a nivel comercial es participar en ferias de arte.

Según él, el sector no aprovecha suficientemente el tirón innegable de la marca Barcelona (a nivel turístico, cultural, empresarial, etc.) y que sería bueno que existiera una feria de arte en esta Ciudad, porque aunque existen festivales o ferias de ámbito más restringido (Loop, Arts Libris, Fama o Swab) ninguno de estos eventos tiene la resonancia que tendría una feria de arte de dimensiones aceptables. No estoy tan seguro de ello, pero evidentemente respeto la opinión del gremio de galeristas, los primeros interesados en que haya vida y mercado artísticos.

Ideas para la difusión de la actividad galerística en Barcelona no faltan. Desde crear la marca EixampleArt, a poner en marcha una app que permite comunicar las exposiciones y actividades al público, pasando por mapas y planos que sitúan la ubicación de estas galerías en un entorno cercano y concentrado como el que representa el distrito del Ensanche.

Pero a pesar de todo, Pinós constata que “lo que está en crisis es la palabra coleccionismo”. Y añade, “¿verdad que compramos ropa regularmente y no por ello nos consideramos coleccionistas de ropa? Pues con el arte debería pasar lo mismo. Hemos de poder adquirir una obra de arte sin necesidad de ser coleccionistas. Las galerías son espacios gratuitos y abiertos, pero son espacios vacíos”. Algún pero: creo que comparar precios de piezas de ropa y de piezas de arte tal vez no sea aconsejable para los galeristas como reclamo, y creo que más que el vocablo coleccionismo esté en crisis es que no se ayuda en nada a los coleccionistas, ni a nivel de reconocimiento social ni de trato fiscal ni como fenómeno cultural y ciudadano. Querer mucho a un sector, el propio, no debería llevar a ningunear a otros ni a establecer comparaciones imposibles. Vamos, me parece a mí.

De todos modos, la pregunta clave es ¿porqué no entra la gente en las galerías? Y Pinós responde: “Hay una generación perdida en el mundo cultural: la franja de los que tienen entre 25 y 50 años. Es un público que no se ha enganchado porque hemos dejado de hacer pedagogía. Debemos procurar que el público infantil visite las galerías. Si no les das este input, difícilmente entrarán por su propio pie cuando sean mayores”. Y añade que están pensando en poner en marcha una campaña de fomento del arte para el público infantil. ¡Ojalá tengan éxito y sea una incubadora de futuros amantes del arte y, porque no, de coleccionistas! Cita también como campaña de atracción la celebración anual de #elpaperdelart (el papel del arte), una iniciativa en la que participan 20 galerías que presentan y ofrecen dibujos o pequeños grabados que pueden adquirirse  a precios muy asequibles, con la doble finalidad de atraer nuevos públicos y de demostrar que una pieza de arte no debe ser necesariamente cara (o carísima). Y pueden citarse también otras iniciativas como el Black Friday, con descuentos a partir del 21% (¡anda, el mismo que el obsceno IVA cultural que aplica un Gobierno tal vez muy español pero completamente insensible al hecho de la creación artística!), o el #Ilike_art, para celebrar el inicio de la temporada, etc., etc.,…

Resumiendo, creo que puede certificarse que los galeristas no sólo no muerden, sino que son gentes que querrían un mayor contacto humano y que disfrutan con este contacto. ¿Y si disfrutáramos todos de un mayor contacto galeristas-mundo mundial? Sólo sé imaginarme beneficios.

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