Mafias, yihadistas y contrabando de arte

Mafias, yihadistas y contrabando de arte

Es sabido desde hace tiempo, que los yihadistas, además de destruirlas –como hicieron con parte de los antiguos templos romanos de la ciudad de Palmira-, utilizan la venta y contrabando de obras de arte como uno de los medios para financiar sus actividades terroristas. Pero es obvio que para el acceso a los mercados internacionales de contrabando de obras de arte necesitaban un socio acreditado, y, mira por dónde, lo han encontrado en las diversas derivaciones de la mafia italiana.

El círculo está bien engrasado: los yihadistas expolian obras de arte procedentes de Libia o Siria y las sacan de forma clandestina. Las hacen llegar a alguna de las distintas mafias (a la Camorra napolitana y, especialmente, a la ‘Ndrangheta calabresa), y para ello se sabe que utilizan vehículos y contenedores de las triadas chinas. Y con estos ingresos, pueden adquirir armamento a la mafia rusa (con conexión directa con los servicios rusos de espionaje, herederos del KGB), especialmente fusiles kalashnikov y lanzacohetes antitanque portátiles de origen soviético RPG, y vuelta a empezar…

Como acabamos de ver, en el centro del dispositivo de operaciones están las mafias italianas, según ha publicado y documentado Domenico Quirico en un artículo esclarecedor en el diario La Stampa tras una ardua y significativa investigación (ver: le organizzazioni criminali italiane smerciano le opere trafugate dallisis).

El periodista Quirico se hizo pasar por arqueólogo y entró en contacto con un intermediario de la mafia calabresa, que le citó en Gioi Tauro, un pequeño municipio calabrés. En un escenario tan extraño como una carnicería del citado pueblo, el mafioso levantó una simple tela blanca y le ofreció comprar una estatua de una diosa griega por 1  millón de euros, aunque le dijo que se la podía dejar por 800.000, aunque el mafioso indicó que por su categoría debería ir a un museo (…cuestión de prestigio comercial…). Pero el periodista simuló interesarse más por la cabeza de un emperador, expoliada en la ciudad libia de Leptis Magna [el resto de piezas expoliadas proceden de Cirene y Sabratosono], cuyo precio, mucho más modesto, era de 60.000 euros…Y todavía era mucho más barato un precioso cameo con la cabeza de Augusto…Hay para todos los bolsillos (¡!).

Según la crónica de Quirico en La Stampa, el mafioso le dijo que “esta cabeza viene de Libia. Armas a cambio de estatuas, ánforas, urnas,…Así funciona. El material llega ahora aquí, antes iba a Nápoles [vía Camorra], pero las cosas han cambiado. Ahora hay problemas, muchos problemas con los inmigrantes, el mar de Libia está lleno de patrullas, controles, policías,…”. El contrabando de seres humanos, otra actividad lucrativa de las mafias operativas a ambos lados del Mediterráneo…

Pero el falso arqueólogo aun consiguió más detalles sobre todo el operativo, detalles  que le facilitó el propio mafioso: “Si no se la lleva usted, esta cabeza irá a parar a un museo, a los Emiratos Árabes, a China, a Japón o a Rusia, éstos son los destinos”. Y como si fuese un gran almacén le ofreció todas las facilidades para adquirirla: “Lléveselo todo, téngalo quince días, eso sí ni uno más. Haga todas las comprobaciones que quiera, míreselo bien, y después me da el dinero y usted y yo no nos hemos visto nunca” (única diferencia con el período a prueba de un gran almacén). Y, para que nada quedase al azar, aún se permitió un último consejo: “ponga la estatua en el salón de su casa, bien a la vista, y si alguien le hace preguntas, lo mejor es decir que la compró en un mercado de segunda mano por 50 euros y que se trata de una bonita reproducción”. Fin de la cita.

Según La Stampa este tráfico internacional de obras de arte mueve cada año alrededor de 7.000 millones de euros, una cifra en constante aumento, según datos de la UNESCO y de la Interpol. El 20% de los ingresos totales de Daesh proceden de este tráfico de obras de arte, y debe recordarse que había, a mediados de 2015, más de 5.000 sitios arqueológicos en territorios ocupados por Daesh, desde Siria hasta Libia, sitios devastados o prestos a ser devastados por este grupo terrorista yihadista.

Este tráfico entre los yihadistas de Daesh y las diversas mafias ha sido confirmado por el ministro del Interior italiano, Angelino Alfano, quien ha declarado: “Esas obras de arte alimentan a los yihadistas de Daesh y al PIB del terror”. No podemos continuar mirando hacia otro lado: una coalición de males está ahí, y las obras de arte son víctimas de esta coalición.

 

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