Mary Cassatt, grabadora

Mary Cassatt, grabadora

Mary Cassatt es conocida por ser una de las grandes artistas del impresionismo. Pero cabe decir que es más reconocida en Estados Unidos, por otro lado su país de origen, que en Europa. Y no deja de ser curioso este olvido en Europa en general, y en Francia en particular, si se tiene en cuenta que ella vivió la mayor parte de su vida en Francia, dónde fue amiga de genios como Degas o Renoir, y que allí está enterrada.

En el campo artístico, encontraremos a Mary Cassatt a la vanguardia de las investigaciones relacionadas con las técnicas gráficas, una experimentación que hizo que alguien tan al caso como Ambroise Vollard recopilase una muy buena colección de esta producción.

De hecho, Cassatt y Vollard tuvieron una larga relación de amistad, tras la venta de una pintura de Cézanne por parte del marchand en 1896. Diez años después de aquella venta, Vollard fue a visitar a Cassatt en su casa de campo y le compró un gran número de dibujos, pasteles, estampas y pinturas aun inacabadas. Aunque se sabe que Vollard ya había comprado antes otras estampas a otros marchands o en tiendas de venta de grabados, y que es algo que él continuará haciendo porque en la colección que hizo Vollard se encontraron estampas de todos los períodos de la artista. Esta parte de la colección de Vollard fue adquirida a su muerte, en 1939, por Henri Petiet, uno de los más importantes coleccionistas y marchands mundiales de estampas de los siglos XIX y XX. De modo que, afortunadamente, la colección permaneció unida y así ha llegado hasta nuestros días, lo que representa una gran suerte.

Aunque comenzó como pintora, a partir de 1879 y hasta el final de su carrera artística, Cassatt creó cerca de 250 estampas, es decir, una cantidad equivalente al número de pinturas que también hizo en este período. Cassatt dio una gran importancia a sus estampas, una producción que presentó en los Salones de 1889 y de 1890, además de las exposiciones monográficas que hizo en 1891 y en 1893. Porque no en vano fue considerada como una de las creadoras más hábiles e innovadoras en estas técnicas, que en su caso iban de la punta seca a la litografía, pasando por la aguatinta y el aguafuerte. De manera que el crítico de arte Arthur Hoebner escribió en 1899 que “ha producido una serie de aguafuertes y de puntas secas de una calidad envidiable, de las que un cierto número, impresas en color, pueden ser consideradas entre las mejores de nuestro tiempo. Ha llevado el método…a un grado de perfección tan alto que resultaría temerario disputarle la preeminencia”.

Desde el punto de vista técnico, resulta útil saber que Mary Cassatt no realizaba ningún dibujo preparatorio para las puntas secas, como tampoco los hacía para sus pasteles. Empezó a trabajar en el estudio de Degas, dónde realizó una magnífica obra, À l’opéra (femme au théâtre), en la que utilizó el barniz blando, el aguafuerte y la aguatinta. Aprendió con Degas todas las técnicas que después experimentó con entusiasmo, hasta el punto que acabó comprando una prensa para su propio estudio.

Cassatt consiguió, como pocos artistas, unas armonías cromáticas sutiles y unos vibrantes efectos matéricos en todas sus obras y utilizando cualquier técnica. Las puntas secas y las aguatintas sobre el tema de la madre y el niño de los años 1899-1890 que acabaron formando una serie de 10 estampas coloreadas de 1891, están entre las más buscadas hoy en día. Cassatt había quedado fascinada por una exposición de estampas japonesas de Ukiyo-e en la Escuela de Bellas Artes de París y se inspiró en ellas para realizar esta serie, que se expuso por primera vez en su primera exposición temporal en la galería Durand-Ruel, y que obtuvo un gran éxito.

Otra técnica que experimentó Mary Cassatt fueron las contrapruebas de pasteles, que eran unas reproducciones inversas de sus pasteles obtenidas presionando una hoja de papel contra un dibujo al pastel.

Sus temas predilectos, como grabadora, fueron las escenas de la vida burguesa y de la vida familiar, así como el teatro y la ópera. Sobre estos temas hizo infinidad de variaciones, pero nunca se abandonó a una especie de sentimentalismo lánguido. Sino que se dedicó a profundizar en las expresiones y en los gestos de sus modelos, a estudiar su interior, como han hecho, por otra parte, siempre los grandes artistas.

Cassatt-The Bain 1

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