Mecenazgo: con quién, para quién

Se avecinan tiempos de lucha por el mecenazgo y presiento que la competencia será encarnizada. En los países de nuestro entorno geográfico-cultural las acciones sociales, la educación, la sanidad y el deporte son los ámbitos prioritarios del mecenazgo. Incluso en algunos casos, como en el informe de la ‘Admical’ de 2011 se llegaba a recomendar que se favoreciera el patrocinio cultural con mayores desgravaciones con el fin de equilibrar el reparto. Es cierto que con la crisis los servicios sociales complementarios se hacen imperativos y las empresas prefieren invertir en ellos, con lo que la desventaja para las aportaciones culturales se acentúa.

Además cabe también señalar que, en el campo de la cultura, los programas candidatos al mecenazgo con un componente educativo o solidario tienen mayores posibilidades de éxito. Así lo confirma el informe de la ‘Admical’: dominan las acciones enfocadas al público, pues un 47% se destina a la difusión, un 34% a la sensibilización y sólo un 31% se invierte en apoyar a la creación como tal. El mismo documento nos da también una idea del reparto del mecenazgo cultural entre las diferentes formas de arte: un 39% para la música, un 19% para las artes escénicas y otro 19% para museos y exposiciones.

En España, tradicionalmente el Gobierno ha priorizado el mecenazgo privado relacionado con los acontecimientos deportivos, las denominadas conmemoraciones culturales y la restauración patrimonial. Y es muy posible que la educació pase a ser, también en este campo del mecenazgo, la prioridad de las prioridades.

Visto el panorama, la pregunta que cabe hacerse es ¿están preparadas las instituciones artísticas españolas para esta competencia? Pues me temo que no. Para que el modelo funcione de forma positiva es necesario que se pongan en marcha programas urgentes de formación de captadores de recursos (‘fundraisers’) porque no es por casualidad que los grandes museos extranjeros disponen de amplios equipos para la captación de este tipo de recursos ya que eso requiere previamente, y en todo momento, una notable inversión en personal. También será necesario hacer esfuerzos para adaptarse a nuevos conceptos y realidades de la gestión cultural, como, por ejemplo, la financiación pública subordinada a contratos por objetivos (aunque existen ya experiencias interesantes y dilatadas an el tiempo) o la creación de clubes de empresas que se asocian para apoyar económicamente un museo o un programa.

De hecho, y afortunadamente, hay ejemplos variados de dónde elegir. Así, por ejemplo, existen formas interesantes de micromecenazgo en los museos: el Louvre lanzó la campaña “Todos mecenas” que permitió adquirir ‘Las tres gracias’ de Lucas Cranach (1,26 millones de euros de 7.200 donantes individuales).

Ahora bien, la experiencia de otros países también demuestra que las empresas no entregan fondos para el funcionamiento corriente de los museos o centros de arte sino para actividades determinadas. Así que no vale adoptar la postura del avestruz, sino que será preciso diseñar las actividades de financiación mixta de acuerdo con los mecenas, atendiendo cada parte el respeto de sus derechos, responsabilidades y expectativas. Facilitar este aprendizaje es una aportación útil.

¿Puede tener consecuencias negativas este modelo de financiación mixta? Como en todo, poderlas haber, puede. Por ello, es interesante observar las tendencias que se han ido dibujando en nuestro entorno y que deberíamos tener en cuenta si de verdad queremos avanzar:
-las grandes empresas quieren colaborar con las grandes instituciones, de manera que el mecanismo del ‘cobranding’ exige que la marca del museo o centro de arte sea prestigiosa y tenga la mayor visibilidad mediática, ergo, a los pequeños museos o centros de arte les resultará más difícil obtener recursos de las empresas (pero esta situación ya se da de forma suficientemente clara en la actualidad),
-centralidad política, concentración de poder económico y atractividad turística pueden ser factores determinantes (para este tipo de actividades y para muchas otras),
-el fomento del mecenazgo privado no debe ir en decremento de las responsabilidades públicas,
-la financiación privada es inestable: las dificultades económicas o el cambio de prioridades pueden hacer variar el rumbo (acabamos de ver lo mismo de parte de la financiación pública en algunos casos),
-puede dificultarse el acceso a la cultura si debido a la presión por la autofinanciación se aumentan de forma muy significativa los precios de las entradas (¿no sucederá de todas maneras?),
-las empresas se asocian a instituciones o programas que transmiten valores que les son afines, puede darse un incremento de la aversión por el riesgo o la diversidad (pero ello también puede darse perfectamente con decisores o gestores públicos),
-debe estarse atento a no incrementar las barreras entre categorías de usuarios.

Estamos en tiempos de cambios, pero necesitamos acertar en el cambio y para ello conocer otras experiencias, tener una mentalidad abierta y no obcecarse en las dificultades de los modelos, pueden sernos de gran utilidad. No será fácil, pero es necesario.

Etiquetas: financiación, mecenazgo

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