¿Museo de arte contemporáneo?

En el marco de la burbuja cultural que se ha vivido en nuestro país, ejemplificada en una multitud de infraestructuras que no se sabe muy bien para qué sirven, qué planes de acción o de viabilidad tienen o cómo se financiaran, los museos de arte contemporáneo ocupan una posición muy destacada. Hay muchos; a menudo son pequeños; algunos están situados en envoltorios magníficos, rutilantes, pero vacíos por dentro; y la mayoría no tienen muy claro cómo encarar el futuro unja vez pasada la euforia constructora e inauguradora. El cava va perdiendo la espuma, se ha calentado de tanto tener la copa entre las manos y las burbujas están a punto de desaparecer: la alegría contagiosa se ha desbrevado.

Con o sin burbuja, tal vez sería interesante preguntarnos sobre si la unión de los vocablos museo y arte contemporáneo no es una contradicción per se, si no supone una contradicción en los términos.

El arte del momento, el arte contemporáneo, está basado en la confrontación con la originalidad, y debemos convenir que todo aquello que es contemporáneo no es necesariamente original. Hay mucha repetición y adaptación pero poca ruptura o innovación. Goya o Picasso fueron originales, pero no podemos decir que muchos otros artistas lo fuesen o lo sean…Algunos artistas jóvenes se consideran originales en lo que respecta a su creación pero en realidad no lo son: y no lo son porque son carentes de bases de conocimiento, porque si hubiesen estudiado o apreciado mejor el trabajo de sus predecesores sabrían sobre qué o en qué aportan un plus, o admitirlo si no es el caso. El desconocimiento, la ignorancia voluntaria o, simplemente, la no confrontación, la pereza intelectual, inducen a que alguien se considere original cuando no lo es.

En esta línea debe constatarse el valor precario del arte contemporáneo, porque sencillamente hay un tema de falta de perspectiva. Además, hay en algunos casos una “espectacularización” muy considerable, un show que es apoyado por algunos medios de comunicación y por algunos críticos de arte, que son solicitados para amplificar el espectáculo. Con el problema añadido de que, en algunos casos, la comunicación pasa, o sólo pasa, por los precios record y por los acontecimientos llamativos y rutilantes. Y aquí aún sería necesario añadir las connivencias reales entre artistas-galeristas-casas de subastas-medias-críticos de arte-museos-grandes coleccionistas que organizan una especie de totum revolutum para cebar los precios y los mercados. Otra burbuja.

En materia de arte, también, hay fenómenos de especulación, de creación artificial de precios, de connivencias público-privado, de combinaciones… ¿a alguien le suenan estos conceptos en otras áreas de actividad? ¿Ante esta situación, es válido el modelo de museos de arte contemporáneo (donde más de un coleccionista, público o privado, va a pillarse los dedos y el dinero porque sólo estamos hablando de hipotéticos valores de futuro) o se hace necesario hablar de centros de arte contemporáneo destinados a la presentación de obras de artistas vivos? ¿Qué haremos en 20 años de algunas obras, instalaciones, etc., que resultarán no ser originales y que ya no serán contemporáneas? ¿Cómo, cuanto, quién y cuándo se habrán gastado, también en este sentido, el dinero público? ¿Deben subvencionarse infraestructuras, sólo para que continúen abiertas, o debe fomentarse el mercado real de los artistas? ¿Un museo de arte contemporáneo será una especie de baile permanente? ¿El concepto de museo no implica el establecimiento de un determinado canon formado por el paso del tiempo y el afinamiento de las percepciones? ¿Y si, por lo menos, dedicáramos un tiempo a reflexionar sobre ello?

Sin comentarios

Comentar

Tu dirección de correo no sera publicada.
Los campos obligatorios estan marcados con:


Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>