Pablo Picasso, poeta (2)

En el universo creativo de Picasso no existían los compartimentos estancos, por ello se revolvía contra quienes pretendían confinarlo en el ámbito de las artes plásticas, él siempre concibió su actividad artística como una actividad mucho más amplia. Como escribe Roland Penrose, en Picasso (Flammarion, París, 1982), “después de todo, como le gustaba repetir, las artes se reducen a una sola: se puede escribir una pintura con palabras, del mismo modo que es posible pintar sensaciones con un poema”.
La sutil presencia del pintor Picasso en su obra poética se manifiesta, como es lógico, en la plasticidad de su escritura y en la distribución del texto en la página, así como en la materialidad de sus soportes y herramientas de escritura.
Al anotar a vuela pluma una frase o al esbozar un poema, Picasso utilizaba cualquier soporte que tuviera a mano (un pedazo de periódico, un sobre, una hoja de papel), pero generalmente ponía en limpio sus primeras impresiones copiándolas con tinta china en soportes más nobles, como el papel de Arches, el mismo que utilizaba para sus dibujos. Es cierto, por otra parte, que rara vez mezcló en sus poemas escritura y dibujo, si bien cabe señalar algún interesante ejemplo de coincidencia cuando, sin apartar la mano de la página, Picasso ‘tejía’ juntamente frases y dibujos.
Porque sus manuscritos, trazados con tinta china o con lápices de color, no sólo pueden leerse, sino que también fueron concebidos para ser apreciados gráficamente, desde el típico borrador lleno de tachaduras a los textos escritos con una grafía clara y casi escolar, pasando por los poemas laberínticos plagados de trazos que se bifurcan y ramifican. Como Mallarmé, Picasso era sensible a la dimensión espacial de la escritura y componía visualmente sus poemas.
En los temas abordados en los poemas de Picasso es posible también observar al pintor emboscado detrás del poeta. Desde luego, es omnipresente el vocabulario relacionado con la pintura (paleta, pinceles, grabado, luz,…). Y sobre todo, los colores. Además, todas las formas geométricas evocadas acaban desembocando en el cuadrado de un lienzo y, como sucede con la pintura, el estado líquido, las superficies viscosas o cremosas son los estados privilegiados de las cosas en la poesía de Picasso.
Por otra parte, la temática de estos textos poéticos, como a menudo sucede en sus cuadros, es inseparable de la de España, siempre evocada a través de la tauromaquia, las canciones populares, la comida y los hábitos gastronómicos, o la guerra. Y evocaba la dictadura franquista mediante platos y alimentos incomestibles, como el propio régimen.
Su escritura reitera temas como los recuerdos de infancia, las sensaciones vividas y los objetos extraídos de su imaginación o de su universo pictórico, pero también escribía sobre el amor, la vida, la vejez o la muerte. Y es ese paso del tiempo el que se erige en tema fundamental en su poesía.
Por eso todos los temas están minuciosamente fechados, y estas inscripciones, que hacen las veces de títulos, frecuentemente se repiten en el mismo cuerpo del poema a través de indicaciones que fijan hasta la hora precisa en que fueron escritos. Y así en los poemas compuestos a lo largo de varios días aparecen indicadas las fechas correspondientes, lo que facilita el seguimiento de cada una de las etapas de una obra que alcanza, de este modo, la condición de una experiencia creativa vivida en y por el tiempo. De esta manera, anclado en su más inmediata realidad, Picasso entroniza el presente y lo convierte en el tiempo soberano de su escritura. Para él, el instante actual abarca todas las dimensiones temporales, aboliendo el tiempo del calendario y aspirando a la eternidad.
Como indica Androula Michaël, en el prólogo del libro “Poemas en prosa de Pablo Picasso“, “para Picasso, la escritura, lejos de ser distracción o pasatiempo, fue siempre una actividad con la que se comprometió apasionadamente. Una actividad plenamente integrada en el conjunto de su obra, de la que no sería conveniente desgajarla. Como tampoco tendría sentido distraerse en establecer comparaciones entre las dos facetas de su genio para buscar descifrar los poemas a la luz -o la sombra- de su pintura o, por el contrario, para fingir que el autor de estos poemas fue otro que Picasso. Como él mismo se encargó de confesar a su amigo Roberto Otero en los años sesenta: ‘En el fondo, soy un poeta que se malogró. ¿No te parece?'”.

Etiquetas: Picasso, pinturas, poeta

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