Pablo Picasso, poeta

En 2008, Ana Nuño publicó un magnífico libro titulado “Pablo Picasso, Poemas en prosa” (Plataforma Editorial, Barcelona) , un libro que ha servido como base a la antología de Poemas que estoy preparando de Picasso y que os presentaré próximamente.
La primera pregunta surge instantáneamente: pero, ¿Picasso escribía? La respuesta nos la da la propia madre del artista: “Me dicen que escribes. Te creo capaz de cualquier cosa. Si un día me dijeran que has oficiado una misa, también me lo creería”. ¡Olé! Bien, no sabemos si lo hizo…
Picasso comenzó a escribir en 1935, cuando ya tenía 54 años, no puede decirse que fuera precoz en la escritura…Y empezó a escribir porque atravesaba un período de crisis personal y de redefinición de su trabajo como artista. En ese período, Picasso dibujaba poco, apenas pintaba cuadros ambiciosos, y estaba dispuesto, como le confesó a su amigo Jaume Sabartés (amigo, secretario y mecanógrafo), “a dejarlo todo, la pintura, la escultura, el grabado y la poesía, para dedicarse exclusivamente al canto” (¡menos mal que no hizo ni una cosa ni otra!).
Picasso escribió poemas, con intensidad y casi a diario, en los años 1935 y 1936 y siguió haciéndolo, aunque con interrupciones, hasta 1959, fecha de su último poema conocido. Fruto de esa actividad hoy se conocen más de trescientos cincuenta poemas y tres obras de teatro, depositados en su mayoría en el Musée Picasso de París.
La mayoría de esos textos no fueron conocidos hasta 1989, cuando la editorial Gallimard publicó Écrits, una edición que corrió a cargo de Marie-Laure Bernadac y de Christine Piot. Una edición que incluye una descripción de los diversos estadios de los textos y en la que puede apreciarse la sorprendente diversidad de sus poemas, una diversidad que también caracteriza la obra plástica de Picasso.
Picasso escribía en español y en francés, combinando incluso las dos lenguas en un mismo poema e interactuando con ellas de muy diversa forma en cada caso. En español está escrita la mayoría de sus poemas largos, mientras que el francés fue para él la lengua de la experimentación por excelencia.
El Picasso poeta, como el Picasso pintor, no se reduce a una única modalidad de escritura. Muchos de sus poemas fueron escritos de un tirón, sin retoques ni revisiones posteriores. Tal es el caso de los que Androula Michaël denomina como los “poemas río” , en los que las palabras desfilan a toda velocidad, precipitadamente, como las “cosas” en sus cuadros. Un chorro de palabras que nada detiene y que resulta imposible puntuar, unos poemas que fueron escritos sin atender a una lógica consecutiva y que requieren una lectura ajustada al ritmo de su respiración.
Hay también poemas desglosados en varias versiones, algunas basadas en reajustes de versos o estrofas, otras en variaciones en prosa. En estos casos, la atención a aspectos compositivos, a la sonoridad de las palabras y a la estructura de las ramas indican que se trata de un trabajo más ceñido al quehacer poético clásico.
Por otra parte, la afición de Picasso por los juegos de palabras que ofrecen las lenguas ha quedado plasmada en toda una serie de poemas, que Michaël define como “poemas variaciones”. Mediante la combinación de palabras y frases que se retoman y repiten en diferentes lugares del poema, Picasso se entrega a una experimentación basada en la distribución variable de sus elementos constitutivos.
Y puesto que para Picasso cualquier permutación es posible, algunos poemas reciben un tratamiento parecido al de materiales pictóricos ensamblados, de manera que combina elementos de naturaleza dispar (palabras, números, notas musicales), que proceden de vocabularios distintos, pero llamados a coexistir en una especie de collage. Gracias a ello, el texto adquiere una dimensión virtual poética.
Otro de los rasgos de la escritura de Picasso es la acumulación. Por lo general, escribía de golpe una primera versión, que posteriormente modificaba agregando material nuevo. Luego, al ponerla en limpio, volvía someterla a reescritura, lo que conllevaba todavía más añadidos. Cada vez que acometía una nueva versión (y por ejemplo, su poema en castellano del 24-28 de noviembre y 5,6, 24 de diciembre de 1935 lo llegó a reescribir hasta 18 veces), no sólo modificaba por completo el orden de la versión anterior, sino que insertaba nuevos elementos que desdibujaban o emborronaban el anterior sentido. El resultado que se observa es una escritura poética rizomática, plagada de senderos que se bifurcan.
Otros poemas adoptan la forma de un jeroglífico o de una plasmación visual.
El resultado de todo ello es una obra tan idiosincrática que no es necesario que aparezca rubricada con el nombre de su autor para que podamos reconocerla como propia de Picasso.

Etiquetas: grabados, Picasso, pinturas, poeta

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