Mi padre y la pasión por el hierro

El 24 de abril se han cumplido 19 años desde que mi padre nos dejó, tras una larga enfermedad que soportó, como todo en su vida, con gran entereza y coraje.

Ya sé que 19 años no es una cifra redonda, y que podría haber esperado un año para conseguirla, pero es que a mi padre no le recuerdo sólo el día del aniversario de su muerte. A mi padre le recuerdo cada día. Y recuerdo cómo era, de lo que hablamos y, ¡ay!, también de lo que no nos dijimos nunca y que ahora tanto lamento no haber hecho.

¿Cómo era mi padre? Era un hombre muy trabajador, que no escatimaba nunca tiempo para el trabajo, cosa que no acababa de agradar a mi madre…Un hombre conservador, pero no retrógrado…Alguien que había vivido una guerra civil cuando era niño y que sabía que todos habíamos perdido…Un hombre de profundas convicciones pero que fue evolucionando hacia una mayor apertura…Un hombre, que por encima de todo, amaba a su familia (en sentido nuclear y amplio), el trabajo bien hecho y el compromiso.

Mi padre era un vértice seguro, alguien con el que se podía contar siempre, alguien siempre dispuesto a dar apoyo y, ¡mira que lo tuvo que hacer un montón de veces y en distintas circunstancias!

Los listillos que pululan ahora dirán que tenía un sentido patriarcal de la empresa, que era tradicional por lo que se refiere a las costumbres y que se acomodó a la lánguida vida de la Lleida provinciana de la postguerra. Tal vez sí, pero recuerdo que fue él quien me enseñó a respetar a todo el mundo, quien me transmitió la fe, quien siempre se preocupó por mí y quien siempre ayudó a sus hijos, a pesar de que en ocasiones no estuviese demasiado de acuerdo con lo que hacíamos.

Era un hombre interesado por la cultura, a quien le gustaba enseñarnos el patrimonio cultural de nuestro país y que quería transmitirnos su estima por la cultura catalana. Y por ello contribuyó a sostener todas las iniciativas a favor de la lengua catalana que fueron surgiendo en los estertores del franquismo y en los inicios de la transición (Cavall Fort, Enciclopèdia Catalana, Televisió Catalana, etc.). Y era un hombre al que no sé si le gustaba el trabajo que hacía (que había heredado del abuelo, junto con sus hermanos), pero que lo hacía con toda la dignidad de que era capaz.

Mi padre sentía pasión por el hierro, no en vano fue gerente de la Fundición Gelonch. Quería que las piezas estuviesen bien hechas y bien acabadas, que las tapas del alcantarillado no chirriasen, que las piezas para maquinaria agrícola fuesen las mejores, que lo que podía embellecer el espacio público fuese de calidad.

No lo tuvo fácil. Sufrió la guerra (entre los 10 y los 13 años), una durísima postguerra, la derrota de unos ideales familiares vividos desde la contradicción aparente de un empresario incautado por los antifascistas pero sin ninguna simpatía por el franquismo, una mili en una mina de La Granja d’Escarp, un plan de estabilización y las crisis de 1973 y de 1992. Tal vez demasiado padecimiento en un período tan corto. Reconversiones, quiebras de terceros, búsqueda de nuevos clientes. Un mundo de dificultades que tuvo que ir trampeando, con mucho esfuerzo, dedicación y ganas de seguir.

Cada día recuerdo a mi padre, y le estoy agradecido por su maestría por la vía del ejemplo, por su protección constante y por su voluntad de que sus hijos decidiésemos nuestro futuro. Él, que casi no pudo ir a la escuela, pero que no hacía ni una falta de ortografía y que tenía una caligrafía preciosa, nos envió a sus tres hijos a estudiar a la Universidad, dónde nos licenciamos los tres. Eran todavía tiempos de ascensor social…

Mi padre amaba mucho a mi madre, se querían, se notaba y lo transmitían. Tuvimos la suerte de crecer en un entorno tranquilo, sin sobresaltos y sin gritos ni rencores. Se lo agradezco mucho. Puedo afirmar que tuvimos una infancia feliz y unas adolescencias, en general, tranquilas.

Por todo eso le recuerdo cada día. Y para que le conozcáis un poco más, y para que no se pierda su rastro, con su nieto pequeño, con Quim, hemos hecho este video que esperamos que os guste. Lo hemos titulado “Pasión por el hierro”…no podía ser de otra forma:

Etiquetas: hierro, padre, pasión, recuerdo

2 comentarios

  • Antoni Gelonch1 May, 2017 a las 7:08 pm
    Muchas gracias Carmelo por tu amable comentario y por tu permanente amistad, que continua firme a través del tiempo.
  • Carmelo Gómez Torres28 Abr, 2017 a las 12:24 pm
    Comparto tu análisis y ,si me lo permites -dentro de una prudente distancia-, también tu emoción. Podeís estar bien orgullosos tanto de vuestro padre, como de vuestra también admirable madre. Un abrazo Carmelo

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