Pasión y gozo

"Resurrección de Cristo", Melchior Meyer, buril, 1577

“Resurrección de Cristo”, Melchior Meyer, buril, 1577

Este artículo será publicado un Jueves Santo, el Jueves Santo de 2015, el jueves de la Semana Santa. Difícilmente unos días pueden estar cargados de un mayor simbolismo que los que conforman esta semana y que van del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, pasando por el drama de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret, el Cristo.

Los acontecimientos que se conmemoran esta semana tienen una alta, multisecular y variada representación iconográfica que, por ejemplo, y sólo en el campo de los grabados, va desde la Pequeña y la Gran Pasión de Durero hasta las Crucifixiones de Saura o de Chagall. 2.000 años de cristianismo han permitido elaborar y contemplar una realidad y un preciosismo artísticos de primera magnitud.

Tradicionalmente, en nuestras ciudades y pueblos hasta comienzos de los 70s del siglo pasado, era un tiempo de un cierto silencio, deseado o obligado, según las creencias y consideraciones sociales de cada cual. Hoy en día el silencio es un bien más bien escaso, y a pesar de los que dicen que lo buscan, la realidad es que existe un ruido ambiental permanente que hacen difíciles la introspección, el ensimismamiento y la reflexión pausada. Y en cambio, probablemente, todos necesitamos estos momentos o períodos de silencio, de auto-reflexión, de mirar hacia adentro y observar con qué nos encontramos…pero, la realidad es que este silencio de antaño durante la Semana Santa (muchas veces, lo acepto, impostado) no sólo no ha sido substituido por otros espacios o tiempos de silencio (bien laicos, si fuera el caso), sino por un xunta-xunta chillón, invasivo y, a menudo, molesto. No siempre el supuesto progreso nos permite avanzar como personas.

Afortunadamente, y ésta es una clave del mensaje evangélico y del éxito del cristianismo, después de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo viene la Resurrección. Sin el misterio de la Resurrección (sin posibilidad de comprensión en ausencia de fe) el cristianismo no sería más que una doctrina más, pero el cierre del círculo de la Revelación y la promesa de una vida futura y eterna han hecho que muchos, de muchos lugares y durante mucho tiempo hayan basado en ello sus principios, sus modos de vida y la manera de relacionarse con la divinidad.

Sin muerte no hay resurrección, sin pasión no puede haber gozo. Tras el drama, el estallido; tras el final, se anuncia un nuevo comienzo; tras el dolor más fuerte, tras el mayor dolor, la alegría que libera. Tal vez el barroquismo excesivo y un folklore no contenido y más bien adaptativo han enmascarado mucho y en demasía la sustancia del mensaje, tal vez la idolatría del culto a la imagen ha dañado la esencia del asunto en cuestión. Y probablemente podríamos quitar el “tal vez”…

En la tradición del Norte peninsular, en general, tras las procesiones de penitentes y de expiación de las culpas (afortunadamente casi siempre en silencio), llega el Domingo de Pascua Florida, el Domingo de Pascua de Resurrección, y se entonan aleluyas y otros cánticos que celebran el hecho litúrgico y/o el comienzo de la primavera, puesto que ambos hechos coinciden en el tiempo y antropológicamente son difíciles de deslindar.

Esperemos sentirnos contagiados por el gozo, la alegría, las aleluyas…Y que nos dure el contagio.

Etiquetas: Gozos

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