Pervierten las palabras

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los poetas nos salvaron las palabras y el nombre de cada cosa. A pesar de que ahora algunos silben o miren para otra parte, hubo un tiempo, no tan lejano, en el que se intentó un genocidio cultural y lingüístico contra las lenguas distintas de la considerada imperial y contra los pueblos, y en ese tiempo, los poetas, en nombre de su pueblo amordazado, salvaron las palabras y continuaron dando un nombre a cada cosa.
Hoy en día asisto desconcertado a una nueva perversión de las palabras. Hay gente, y gente poderosa, que quiere que las palabras signifiquen una cosa distinta de su significado. Tanto en la vida común, como en el mundo del arte. Veamos algunos ejemplos:
-los hay que utilizan la palabra justiciay le añaden acto seguido apelaciones a la necesidad de que haya vencedores y vencidos. Estas palabras bélicas no tienen nada que ver ni con la reconciliación ni con el perdón que deberían ser inherentes a la aplicación de la justicia,
-los hay que cuando hablan de reconciliación significa que quieren la exaltación de los suyos y la negación de los otros,
-los hay que cuando hablan de diálogo quieren decir que debes aplaudir su monólogo y que debes de tragar con unas supuestas nuevas tablas de la ley,
-los hay que cuando hablan de democracia se refieren a un sistema electoral imperfecto, inamovible y carcelero,
-los hay que cuando hablan de progreso se refieren a desconfiar de la iniciativa privada y a exalzar ese reducto privado que denominan sector público, porque no son progresistas sino conservadores de una foto fija,
-los hay que cuando nos espían, con toda impunidad y en flagrante ilegalidad, hablan de seguridad nacional,
-los hay que cuando hablan de conservar quieren decir congelar, porque no son conservadores sino retrógrados,
-los hay que cuando hablan de libertad quieren decir posibilidad de menospreciar o de patear a los que no piensan como ellos,
-los hay que cuando hablan de perdón sólo lo entienden como un sistema unidireccional, sólo quieren que se les pida perdón,
-los hay que cuando hablan de patria sólo admiten la suya y niegan las de los demás, porque no son patriotas sino caciques,
Y así podríamos seguir con muchos sustantivos…

¿Y si nos adentramos en el mundo del arte?
-los hay que hablan de buenos artistas cuando se refieren sólo al ranking de ventas,
-los hay que cuando hablan de arte se refieren a su negocio,
-los hay que cuando hacen instalaciones piensan en contentar a un mecenas, habitualmente, público dispuesto a pagar fortunas por una obra que, normalmente, sólo se verá una vez,
-los hay que a la especulación pura y simple la llaman feria de arte contemporáneo o de antigüedades,
-los hay que se denominan conservadores o gestores de museos, pero que en realidad son congeladores de situaciones, personas que aspiran a dormir una plácida y larga siesta,
-los hay que se dicen artistas pero en realidad dirigen fábricas de producción en serie a tanto el metro o el objeto,
-los hay que se denominan galeristas y en realidad son buscadores de subvenciones y/o reyes del quejío a beneficio de inventario,
-los hay que se dicen críticos de arte y en realidad son abanderados de lo agrio,
-los hay que dicen que quieren recuperar el patrimonio…después de haber hecho todo lo posible por perderlo,
-los hay que se autocitan como artistas comprometidos y progresistas pero que están encantados de ser artistas oficiales, y a poder ser únicos, al servicio de las cortes,
Y así podríamos seguir con muchos y muchos sustantivos…

Tal vez ya es tiempo de que los poetas vuelvan a ayudarnos a salvar las palabras y el nombre de cada cosa. Los poetas sí, pero nosotros también. Que no quieran continuar haciéndonos comulgar con ruedas de molino-

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