Poco pan y mucho circo

Se dice que en tiempo de los romanos, cuando Roma construía y mantenía un Imperio propio, existía una divisa de gobierno que era “pan et circenses”, pan y circo, que traducida, si es que debe traducirse, significa que para tener contenta a la gente, o por lo menos para que no se revolucione, es preciso que puedan comer a diario (por poco que sea) y que de cuando en cuando puedan disfrutar de un espectáculo (y si es gratis, mejor). Es decir, que no debe jugarse con las cosas de comer y que debe distraerse al personal para que no se focalice demasiado en aspectos negativos, o cuando menos no positivos, de la existencia cotidiana.
Con diversas variantes, más o menos sofisticadas, esta ecuación para un gobierno tranquilo ha llegado hasta nuestros días y tenemos muchos ejemplos relativos a su puesta en práctica. Por el lado ‘queremos pan’, podemos señalar desde los orígenes de la Revolución francesa hasta la victoria de Clinton sobre Bush (‘¡Es la economía, estúpido!’). Por el lado ‘queremos distraernos’, tenemos desde el incendio de Roma por Nerón y su imputación a los cristianos hasta la mal llamada tele-realidad. En cualquier caso, basándose en estas dos voluntades (comida y distracción), muchos regímenes (en general, indignos, pero no sólo) han ido capeando el temporal.
Ahora, nos hallamos en una época en que se nos advierte, y es una realidad, que habrá menos pan (por lo menos para mucha, demasiada gente) y en que los pseudo-espectáculos (vehiculados básicamente por tecnologías invasivas en nuestros hogares) reunen grandes audiencias, interesadas según parece por olvidar la cotidianeidad abrumadora mediante pseudo-milagros o mediante la referencia a vidas o maneras de vivir alejadas de la realidad probable.
Si se analizan, y entiendo que estoy a punto de proponer al lector un doble salto mortal, los Presupuestos Generales del Estado (PGE) con un poco de distancia y frialdad, podemos convenir que aún habrá pan, pero en menor cantidad, y bastante entretenimiento.
En efecto, aunque las magnitudes macro-económicas indican (o se les quiere hacer indicar) que existe algún síntoma de frenada en la caída (que no de recuperación), los ciudadanos pagaremos más impuestos para que nuestros dineros se presenten como ofrenda en el altar de la disminución del déficit (de forma soez y cuartelera), de la contención de la deuda (sin conseguirlo ni tan siquiera sobre el papel) y del rescate bancario (éste sí, a toda pastilla). Es decir, la renta de la inmensa mayoría de nosotros disminuirá (incluídos los pensionistas, saltándose todas las promesas habidas y por haber) y, por tanto, tendremos menos dinero para comprar pan.
Por el lado de las distracciones, los PGE presentan resultados inefables. Si se analiza el resumen orgánico del presupuesto de gastos (capítulos 1 a 9) de los PGE consolidados para el Estado, sus organismos autónomos, las agencias, los organismos públicos y la Seguridad Social, y vamos a la Sección 18, correspondiente al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, se observará que para el programa 336A (Fomento y apoyo de las actividades deportivas) se destinan 147 millones de euros, mientras que para el programa 463A (Investigación científica) se destinan 94 millones de euros.
Y yo pregunto: ¿Es un país moderno el que destina un 50% más al deporte que a la investigación? ¿Estamos preparando el futuro con estas cuentas?¿Cuando se invierte cada vez menos en investigación, por lo menos la gestionada por el sector público, qué señal estamos enviando a nuestros jóvenes, a la comunidad científica y a nuestros competidores internacionales? ¿Alguien puede extrañarse de que nuestros jóvenes científicos se vayan a la carrera, tal vez disfrutando como dice alguna jerifalte incompetente y cínica de una supuesta movilidad? Ya sé que existen los presupuestos del CSIC y otros centros de excelencia, ¿pero no es también cierto que estos organismos están despidiendo investigadores y continuan guiándose por criterios poco transparentes?
¿Cual es el resultado de estas políticas que premian el corto plazo sobre el medio y largo plazos; que premian el presente hedonista sobre un futuro compensado? Pues tenemos un ejemplo claro que es el tema de las patentes. En 2012 se presentaron en la Oficina Española de Patentes y Marcas 3.361 solicitudes de patente, lo que representa una bajada del 1% respecto a 2011, confirmándose la tendencia decreciente que comenzó en 2009 (origen de los recortes en el sector de la investigación). Las solicitudes de patentes a escala internacional en 2012 con origen español fueron 1.713: un 1% menos que las presentadas en 2011. Y en 2012 se solicitaron 1.548 patentes EPO (Oficina Europea de Patentes) con origen España, un 8,12% más que las solicitadas en 2011, pero resulta que esta misma EPO recibió 258.000 solicitudes de registro con un aumento de más del 9% con respecto a 2011. Conclusión rápida en este ámbito: las solicitudes de patentes, tanto a nivel estatal como internacional, decrecen, y representan menos del 1% del total mundial, mientras que el PIB español supone el 2% mundial.
Volvamos al principio: España es un país que avanza hacia un malestar creciente de la población (que tendrá menos pan), el cual se intenta suplir vía distracción (hablando de y retransmitiendo mucho deporte). Los sectores de futuro se abandonan (investigación básica y aplicada y sus resultados vía patentes) y disminuye su peso en los sectores económico-industriales de progreso. Tal vez ha llegado el tiempo de pedir más pan y unas distracciones con más sentido.

Sin comentarios

Comentar

Tu dirección de correo no sera publicada.
Los campos obligatorios estan marcados con:


Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>