Rendición de cuentas y medidas de impacto

En un artículo precedente habíamos hablado de la necesidad de avanzar por parte de las instituciones culturales en general, y las artísticas en particular, hacia una cultura de rendición de cuentas y de medida del impacto que sus actividades representan para el conjunto de la población. Lo que en el ámbito de las empresas se ha desarrollado bajo el nombre de responsabilidad social corporativa. Sea dicho de paso que siempre me ha resultado chocante que se exija de las empresas que presenten una política, unas actividades y unas memorias relativas a su acción en el campo de la RSC y que eso mismo no se exija al conjunto de las organizaciones. Creo que si la cultura de rendición de cuentas, que implica entre sus apartados la medición de los diferentes tipos de impacto que ello pueda conllevar, se extendiera entre todo tipo de organizaciones no nos haría más que bien.

Analizando el tema me he topado con una publicación que lleva por título “Principales resultados del impacto económico de la Fundació Gala-Salvador Dalí” (Girona, mayo 2012). Se trata de un estudio realizado conjuntamente por la propia Fundación y la Universitat de Girona, y del que son autores Modest Fluvià, Ricard Rigall, Albert Saló y Ferran Casas. En 16 páginas,se analizan la evolución reciente, el perfil de los visitantes, la metodología de los estudios de impacto, las bases informativas, el impacto económico y la distribución y localización de los impactos.

Por lo que se refiere a la evolución reciente, encontramos datos tan significativos como que el número de visitantes de las diferentes sedes de la Fundación ha crecido un 18,5% comparando las entradas del año 2011 con las de 2005, mientras que los del Museo del Prado lo han hecho en un 45,8%, los del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía un 70%, los del Museu Picasso de Barcelona han decrecido 2,6%, los del Museu Nacional d’Art de Catalunya han aumentado un 21,9%, los del Museo Thyssen-Bornemisza un 66,3%, los de la Fundació Joan Miró un 122,3% y la subida más espectacular corresponde al IVAM que ha visto un aumento del 159,8%. Claro que debe tenerse en cuenta que la frecuentación en muchos de estos casos está directamente ligada al impacto que representan algunas exposiciones temporales. En cualquier caso, constatar que en este periodo la Fundació Gala-Salvador Dalí se mantiene en el tercer lugar del ranking de frecuentación del sistema de museos en España.

Otra buena noticia es que el número de visitantes de los 14 museos de la muestra (Museo Nacional del Prado, MNCARS, Fundació Gala-Salvador Dalí, Museu Picasso, Museo Guggenheim-Bilbao, Museu Nacional d’Art de Catalunya, Museo Thyssen-Bornemisza, Fundació Joan Miró, IVAM, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Artium, Fundació Antoni Tàpies, Museu d’Art de Girona y Museo de Bellas Artes de Valencia) ha pasado de 9.650.166 en 2005 a 12.863.632 en 2011, es decir, un incremento del 33,3%. Y eso en tiempo de crisis, es una muy, muy buena noticia.

Por lo que se refiere al perfil de los visitantes de los centros de la Fundació Gala-Salvador Dalí, el documento establece que el primer contingente está integrado por los ciudadanos franceses, seguidos de los rusos y de los catalanes. No deja de parecerme sorprendente que haya más visitantes rusos que catalanes en un museo ubicado en Figueres, pero es así.

Capítulo aparte, por su interés, es conocer el impacto económico de la Fundación. Según el estudio, la estimación del gasto de los visitantes a los centros de la Fundación en 2011 fue de 123 millones de euros, y si tenemos en cuenta las interacciones sectoriales (utilizando el coeficiente CSTC) la actividad económica generada superó los 181 millones de euros, lo que supone un impacto de 90 millones sobre el PIB y la renta y 1865 puestos de trabajo como impacto respecto de la ocupación. Entre la distribución sectorial de los efectos destacan los realizados en el sector restauración (25,6%), comercio (11,3%), transporte (8,2%) y servicios de alojamiento (7,8%).

La lectura de este documento me ha resultado apasionante por lo que tiene de novedoso, de profundo y de estimulante. Sería interesante que los distintos centros culturales hicieran lo mismo para conocer cuál es el impacto económico de la actividad cultural, tanto en relación a la renta, como a los puestos de trabajo como sobre el entorno. Y sería también, a mi parecer, muy interesante que estos estudios de impacto económico fueran acompañados de estudios de satisfacción de los clientes, de estudios relativos al impacto educativo, de impactos en medios de comunicación, de impacto sobre la calidad de vida, etc. Tal vez si consiguiéramos tener estas piezas y ensamblar el puzzle tendríamos más luz y más bases reales para un debate sereno sobre la importancia de la cultura, y sobre lo que la cultura representa para el país en sus distintas facetas.

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