Semana Santa

Desde que comencé a escribir este blog nunca ´me había referido a este período que hemos convenido en denominar como la “Semana Santa” o como la “Semana de Pasión”. Me parece que desde el punto de vista de la teología cristiana no deja de ser curioso el centrar-se en la espiritualidad del dolor en lugar de centrarse en la alegría de la Resurrección y del triunfo de la vida sobre la muerte. Pero tal vez el poner el acento sobre el dolor no deja de ser revelador sobre los principios de las estructuras eclesiásticas que se derivan de ello.

Del mismo modo que, personalmente, me siento más atraído por un Dios misericordioso y justo que por un Dios vengador y siempre dispuesto al castigo, me gusta más el estallido primaveral de la Pascua que la penitencia impuesta (y, en ocasiones, impostada) de la Cuaresma y de las tétricas procesiones que exaltan al mismo tiempo el lujo y el dolor, en una combinación que me produce angustia.

De todos modos, la iconografía artística occidental no puede entenderse, aunque se quiera o pretenda, sin esta representación del dolor de la Pasión o de la fuerza vital del Resucitado. El dolor y la alegría, como constantes de la vida humana y del relato bíblico, han sido plasmadas por pintores, escultores, grabadores, orfebres, músicos,…, por artistas de toda condición y disciplina. Nuestros museos y nuestras iglesias son testimonios de ello.

Y esta aproximación artística al dolor y a la victoria de la vida hace dos mil años que se manifiesta y está presente. Todavía hoy artistas como Antonio Saura o Dukoupil han hecho unas magníficas ‘Crucifixiones’, bien representadas en los fondos de la Colección. Pero de hecho todos los grandes artistas (Durero, Rembrandt, Rubens, Caravaggio, Giotto,…) han producido obras sobre el tema de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

El arte occidental no puede entenderse si no se dispone de unas bases mínimas de conocimiento y aproximación al relato bíblico. Y como el relato bíblico se transmite familiarmente con menor intensidad, se manifiesta menos de forma pública (aunque no voy a entrar a valorar la forma en la que, a menudo, esta presencia pública se ha impuesto o se ha asemejado de interiorizar), y está menos presente  en los curriculums escolares, nos hallamos confrontados a una sociedad que desconociendo el relato es incapaz de comprender en profundidad las manifestaciones artísticas que se han derivado y se derivan de él.

El relato bíblico ha llegado de forma mayoritaria al pueblo, cuando menos hasta principios del siglo XIX, mediante los grabados. Y todos (quiero decir todos) los grandes artistas han expresado su aproximación a este relato mediante grabados. Por ello resulta tan apasionante el aproximarse a la narración bíblica mediante grabados, porque las técnicas y lenguajes empleados son extraordinariamente ricos y diversos.

Tal vez estaría bien que pensásemos, y trabajásemos, para presentar la Biblia mediante grabados, para así hacerla presente en la forma tradicional y artística en que se ha presentado al conjunto del pueblo. Para sentirnos partícipes de un camino milenario, para sentirnos partícipes de los mensajes vivificadores.

Si algo añoro de las Semanas santas de mi infancia es el silencio. Aunque también es cierto que añoro el silencio durante la Semana Santa y durante todo el año…Considero que en nuestras ciudades y en nuestras vidas hay demasiado ruido. Para acercarnos al misterio, al misterio de la vida, necesitamos humildad y silencio. No un silencio impuesto y a fecha fija, pero sí un silencio querido y buscado. Busquemos los lugares y los tiempos de silencio para meditar sobre nuestra vida y sobre la misión de transcendencia que cada cual crea tener.

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