¡Si es que en el MoMA no son modernos!

Durante la pasada temporada primavera-verano han podido verse en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York dos interesantes exposiciones de arte gráfico.

Por un lado, “German Expressionism: the Graphics Impulse” (que podríamos traducir por “El expresionismo alemán: el impulso gráfico”); y por otro lado, “Impressions from South Africa, 1965 to now” (es decir, “Impresiones desde Sudáfrica, desde 1965 hasta ahora”).

La primera presentaba 250 obras de 30 artistas distintos, que iban de Kirchner a Max Beckmann y de Kandinsky a Emil Nolde, y ofrecía una panorámica global del expresionismo alemán de principios del siglo XX desde la perspectiva del uso de las técnicas del arte gráfico. Un impulso gráfico que comenzó con los artistas del grupo Die Brücke y que duró hasta después del fin de la primera guerra mundial. Es interesante recordar, a título informativo, que el MoMA alberga en su Colección alrededor de 3.000 obras expresionistas sobre papel.

La propuesta sudafricana adoptaba como eje central la lucha de los artistas contra el sistema denominado del apartheid y en relación al uso de las técnicas artísticas sobre papel como instrumento eficaz para crear conciencia social y política. La obra de los 9 artistas seleccionados explica porqué los menores costes, la capacidad de multiplicación y las facilidades de distribución de la obra gráfica permitieron aumentar la eficacia de su acción al poder disponer de una herramienta de transformación artística y de combate al servicio del cambio de ideas.

Contrasta esta realidad del MoMA con la de nuestros lares, dónde resulta más bien difícil ver exposiciones basadas en o alrededor de la obra gráfica. En el mundo del arte local (en este caso, por español) tal vez haya una pizca de esnobismo, de complejo de nuevos ricos (“¡Sólo queremos obra singular!”) o simplemente resulta que no se valora suficientemente cómo están evolucionando los museos y las galerías del resto del mundo. Y cómo están evolucionando también y al mismo tiempo los gustos, las posibilidades y las expectativas de las personas y de las sociedades de nuestro entorno más próximo.

Tal vez algún día podremos escuchar o leer de alguno de nuestros mandarines culturales un displicente “¡si es que en el MOMA no son modernos!”…porque ya se sabe que para modernos nosotros! Creo que nos convendría mucho empezar por agradecer a los agentes culturales que exponen o que hacen obra gráfica el mero hecho de hacerlo, incluso un poco a contra corriente. Y a todos, y en especial a los que creen estar de vuelta de todo, convendría un poco de modestia, de realismo y de capacidad de adaptación…para continuar siendo, justamente, modernos.

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