Sorolla y la estampa japonesa

En 1893, poco después de haber presentado su primera obra en el Salón de París, Sorolla escribía a su amigo Pedro Gil: “tú ya comprendes mi deseo cuál es, abrirme camino fuera de España”. Por su parte, la prensa parisina mencionaba apenas su nombre como ganador de una tímida Tercera Medalla. Trece años después, en 1906, Sorolla celebraba su primera exposición individual en la galería Georges Petit de París, la misma que, por esos mismos años, había presentado a Monet o a Rodin…

La historia de este triunfo fulgurante aparecía relatada en vida de Sorolla por sus principales biógrafos, que destacaban los grandes hitos de la carrera internacional del artista: su pensión en Roma, su descubrimiento de París con veintidós años, sus premios en los Salones, el Grand Prix en la Exposición Universal de París…Los cronistas más tardíos relataban también que, tras el éxito de la exposición en la citada galería parisina, Sorolla había organizado importantes monográficas en Berlín, Dusseldorf y Colonia (1907), en Londres (1908) y había hecho giras americanas (1909 y 1911) en ciudades como Nueva York, Búfalo, Boston, Chicago o Saint-Louis. El propio Sorolla, cuando tuvo que redactar su currículum para la prensa americana reseñó fundamentalmente su carrera internacional: sus participaciones premiadas en el Salón de París, las de la Secesión de Múnich, Berlín y Viena, así como la Bienal de Venecia…

Es evidente que Sorolla emprende la vía de la ‘normal’ internacionalización artística que se produce en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, cuando los primeros atisbos de globalización cultural  se traducen en grandes certámenes internacionales, la comodidad de los nuevos transportes que facilitan los viajes y en el momento en el que los nuevos medios de comunicación de masas popularizan el papel del arte en la sociedad.

Sorolla era consciente de ser un pintor internacional y su carrera corría en paralelo a la de los grandes nombres internacionales de su época. Al igual que todos ellos, Sorolla había quedado subyugado por la influencia de Jules Bastien-Lepage, cuyos ecos triunfaban en el Salón parisino, y había sabido combinar su influencia con las tintas intensas y coloristas aportadas por el impresionismo. Este nuevo estilo naturalista en el que se forjaba Sorolla tenía a Velázquez como uno de sus principales faros y centraba parte de su modernidad en una nueva manera de mirar, instantánea y fotográfica, que sumaba las novedades de la estampa japonesa.

Unamos ahora Velázquez y la estampa japonesa con Sorolla. En una de sus obras más emblemáticas, Cosiendo la vela (presentada en el Salón de artistas franceses, en 1897),  Sorolla volvía a recurrir al espacio velazqueño en un ambiente completamente diferente a los tradicionales retratos de interior: el espacio del patio se ampliaba a través de un rectángulo vertical situado al fondo, que dejaba pasar igualmente la luz, y en el que se perfilaba algo…También resalta esta obra por la manera en la que el artista combina este recurso tradicional barroco con las novedades de la perspectiva de la estampa japonesa, que Sorolla conocía bien y de la que disponía de diversos ejemplares en su archivo, según indica María López Fernández en el artículo “La creación de un artista internacional. Sorolla y los pintores en París” en “Sorolla en París” (Ediciones El Viso, Madrid, 2016).

 

Una de las estampas más famosas, utilizada por Degas y Manet para aplicar sus estrategias en lienzos a los que debían dotar de profundidad es El monte Fuji y el castillo de Edo vistos desde Nihonbashi, de Katsushika Hokusai, perteneciente a la famosa serie Treinta y seis vistas del Monte Fuji, en la que el canal, visto desde arriba, se abre de manera irregular hacia un punto de fuga desplazado del centro de la composición. En Cosiendo la vela, los pilares del patio donde se ata la vela, así como los personajes que la van sosteniendo hacia el fondo “hacen las veces” de las casas que rodean el canal de Nihonbashi.

En otras ocasiones, Sorolla utiliza esta composición “rellenando” el espacio del canal con personajes, como es el caso de “Comiendo en la barca”, en el que los personajes se disponen en sombra, en el interior de la barca, dentro de una marcadísima diagonal que conduce al sol resplandeciente de la playa exterior. Para este último cuadro, así como para La bendición de la barca (1895) y para Cosiendo la vela, Sorolla se apoya también en la composición Ushibori en la provincia de Hitachi, perteneciente a la misma serie de Hokusai. Esta misma perspectiva había sido utilizada por Manet en su óleo En barca (1874), que Sorolla pudo admirar cuando fue presentada en la Exposición Universal de París de 1889.

Sorolla, Degas, Manet, Hokusai,…même combat!

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