Vivimos porque amamos. Vivimos por lo que amamos

Se acerca el reposo estival, un reposo merecido y necesario. Nuestras sociedades están confrontadas a velocidades de vértigo, nuestras vidas se ven envueltas en una especie de tsunami emocional agitado y casi permanente, tenemos la sensación de que la vida pasa a toda velocidad ante nosotros y que no somos capaces ni de de domesticarla ni de hacerla nuestra…Nuestro estómago siente el vacío del pánico y la saciedad de las convenciones…Por todo ello, y como siempre pero tal vez más que nunca, necesitamos un tiempo de pausa.

Un tiempo de pausa que debemos aprovechar para airear nuestra mente y nuestro cuerpo, para establecer balances personales (y profesionales), para hacer un ejercicio de introspección que nos permita medirnos y sacar conclusiones. Veo en mi entorno mucha desazón, mucho cansancio, mucho hartazgo, un sentimiento de injusticia profundo ante una situación que hace que muchos justos paguen por pocos pecadores (pero poderosos y sin el más mínimo propósito de enmienda), veo ganas de cambio en muchos sentidos, veo que, tal vez, comience a aflorar lo nuevo sin que, por contra, haya todavía muerto lo viejo…

A veces, me asusto ante lo que veo. Me asusto de ver que siempre hay dinero para rescatar a algunos y nunca para mejorar la vida de otros, me asusta ver como los estereotipos más rancios campan a sus anchas, me asusta verificar la ceguera de presuntos dirigentes que no tienen ninguna relación con el mundo real, me asustan los apalancados que creen que la crisis justifica la inacción, me asustan los falsos profetas con soluciones milagro, me asusta la inanidad intelectual, me asusta la algarada, me asusta y me golpea la postración y la cólera de tanta gente, aunque esta vez alcanzo a comprender los motivos.

Frente a ello me alegra la vitalidad de tanta gente que se levanta cada día -todavía- con la ilusión de comerse el mundo, me alegran tantas pruebas de fraternidad espontánea, me alegra el frescor de algunos nuevos debates, me alegra que decidamos ser menos dependientes y que avancemos hacia mayores cotas de autodeterminación, me alegra que algunos tabues y eufemismos se rompan y den paso al reconocimiento sin problemas de nuevas realidades, me alegra que las personas y los colectivos tiendan a autoorganizarse sin esperar a los oráculos, me gusta disfrutar de una puesta de sol y de un amanecer compartidos.

Como puede comprobarse, al final el balance me sale mitigado. Muchas situaciones me asustan pero otras muchas me alegran. Porque no creo ni en un valle de dolor ni en la maravilla del paraíso en tierra. Creo en el trabajo irremplazable de la búsqueda de la felicidad, a pesar de todo. No me gustaría ser muy naif, pero hay que serlo siempre un poco, por lo menos a mi parecer.

En este reposo aconsejaría, si se me permite, volver a lo fundamental. Y entre los fundamentos está la búsqueda de la belleza, el placer estético, la confrontación con lo mejor de nosotros mismos, como individuos y como especie. Por ello, me atrevo a transcribir aquí la frase que hay en la primera página del web de la Colección, y en la que escribo: “Espero y deseo a todos los que vais a conocer la colección a través de esta web, que el camino que seguiréis os produzca momentos de introspección, de interpelación, de disfrute y de serenidad. El arte no debe tener, a mi juicio, ningún otro objetivo”.

Espero y deseo que en vuestro reposo estival tengáis momentos, y busquéis momentos, de introspección, de interpelación, de disfrute y de serenidad, y estoy seguro de que el arte y la contemplación del arte pueden proporcionaros esos momentos. Seguro que cerca de vuestro lugar de vacaciones hay un museo, un centro de arte, un centro de exposiciones, un elemento del patrimonio cultural, una sala de conciertos, un quiosco de música, etc., que pueden proporcionaros esos sentimientos. No los desperdiciemos, entremos, vayamos, y hagámoslos nuestros. La vida, nuestra vida, nos lo agradecerá.

Y si no tenemos la posibilidad de acceso al arte, contemplemos simplemente un paisaje, carguemos nuestros pulmones de aire puro, saciémonos de belleza, porque los tiempos que vienen serán duros y debemos tener las mochilas vitales lo más llenas posibles.

Y en cualquer caso la belleza más grande es amar y ser amado. Porque vivivmos por lo que amamos y vivimos porque amamos. Vivamos por el amor, para el amor, con amor; vivamos para amar, también para amar la belleza, por amor al arte.

Este blog también reposará, tras un año intenso, pero volveremos fieles a la cita, y con las mochilas cargadas, el primer viernes de septiembre. Hasta entonces, feliz, bello y saludable reposo.

Etiquetas: amor, Arte

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