San Jerónimo y el ángel

El autor de este grabado, José de Ribera, fue un pintor y grabador valenciano, del Barroco, uno de los artistas más representativos del Tenebrismo y figura capital de la pintura europea del siglo XVII. Realizó la mayor parte de su obra en Nápoles, lo que hace que su estilo artístico quede insertado perfectamente en las corrientes italianos de su tiempo.

En ese momento en Italia crecía la influencia de Caravaggio, por un lado, con la renovación clasicista romano-boloñesa, por la otra. Como podemos ver en la obra de Ribera, este fusiona el tenebrismo a la vez que asimila las aportaciones del clasicismo.

En cuanto al grabado, vemos como Ribera crea una imagen al servicio de una exaltación religiosa, propia del estilo de la Contrarreforma católica y mediterránea. Viste al santo de una severa realidad y gravedad, como es característico de su estilo.

En cuanto a su obra completa de grabados, en las primeras muestra un gusto por los modelos de la vida cotidiana, la presencia ruda, con un estilo caravaggista y nórdico al mismo tiempo.

Cabe destacar las grandes diagonales que se cruzan, los cuerpos del Santo y el ángel que toca la trompeta, anunciando el Juicio Final, y que llenan la superficie de la obra, creando espacios de sombra y volumen, y que subrayan la solemne monumentalidad del conjunto con elementos de poderosa horizontalidad, como las grandes lápidas de piedra donde esta sentado San Jerónimo.

Encontramos en el rostro y el cuerpo de San Jerónimo este naturalismo más radical. El Santo de Ribera es un hombre como todos, un hombre viejo, con los rasgos propios de la vejez y la miseria, las manos y los pies deformados y las arrugas en la piel. Vemos pues como el físico, a diferencia del arte más académico, no se ennoblece, sino al contrario, se acentúan los aspectos negativos. Y este es uno de los aspectos importantes del mensaje de la Contrarreforma, los santos son hombres, personas como todos, o dicho de otra manera, todos podemos llegar a alcanzar esta santidad, sublimar la miseria que nos rodea, yendo más allà de los problemas de la tierra.

San Jerónimo fue un escritor y religioso romano, uno de los principales teólogos de los inicios de la Patrística. Es venerado como santo en toda la cristiandad y es uno de los Grandes Doctores de la Iglesia. Aquí aparece con la postura forzada, en esta diagonal típicamente barroca. A su alrededor encontramos escritos, seguramente forman parte de la Vulgata, la versión latina de la Biblia, considerada desde el Concilio de Trento la única versión oficial, que fue traducida por el Santo, mientras que el ángel trompetero le está anunciando el Juicio Final, interrumpiendo su tarea.

De la iconografía típica de San Jerónimo aparece también el León, la calavera y la piedra. El motivo por el cual se le representa con un león se explica porque, un día que se encontraba meditando en la orilla del río Jordán, apareció un león arrastrándose con una pata atravesada por una enorme espina. San Jerónimo le socorrió y le curó la pata. Por otra parte, la calavera hace referencia al Memento mori, una frase latina que significa “Recuerda que has de morir”, en el sentido de que debes recordar tu mortandad como ser humano, representando la fugacidad de la vida. La piedra, finalmente, es símbolo del rigor de la penitencia.

Autor: José de Ribera

Título: San Jerónimo y el ángel

Época: Siglo XVII

Datación: 1621

Estilo: Barroco, Tenebrismo

Técnica: Aguafuerte, Buril

Dimensiones: 31,8 x 23,8 cm

Número de serie: s/n

Número de registro: GE-318

José de Ribera

Xàtiva, 1591-1652

José de Ribera y Cucó nació en Xàtiva, España, el 12 de enero de 1591 y murió en Nápoles, Italia, el año 1652; pintor y grabador español del siglo XVII, que desarrolló toda su carrera en Italia y principalmente en Nápoles. Fue también conocido con su nombre italianizado Giuseppe Ribera y con el apodo Lo Spagnoletto («el españolito») debido a que reivindicaba sus orígenes firmando sus obras como «Jusepe de Ribera, español» o «setabense» (de Játiva).

Cultivó un estilo naturalista que evolucionó del tenebrismo de Caravaggio hacia una estética más colorista y luminosa, influida por Van Dyck y otros maestros. Contribuyó a forjar la gran escuela napolitana (Giovanni Lanfranco, Massimo Stanzione, Luca Giordano…), que le reconoció como su maestro indiscutible; y sus obras, enviadas a España desde fecha muy temprana, influyeron en técnica y modelos iconográficos a los pintores locales, entre ellos Velázquez y Murillo. Sus grabados circularon por media Europa y consta que hasta Rembrandt los conocía. Autor prolífico y de éxito comercial, su fama reverdeció durante la eclosión del realismo en el siglo XIX; fue un referente imprescindible...

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